El presidente Enrique Peña Nieto asegura que “ha habido explicaciones” sobre los acontecimientos que han dado pie a las críticas al gobierno. Y en esa explicación podría encontrarse la raíz de los cuestionamientos de lo que se queda el mandatario.
Lo que el Ejecutivo Federal considera que han sido “explicaciones” no pasaron de ser, en el mejor de los casos, intentos por controlar problemas de liderazgo, de legitimidad o de credibilidad. Y al no haberse logrado el objetivo, todo lo demás fue consecuencia del error inicial.
Dicho de otra manera, el gobierno piensa que “explicó” las cosas, pero no logró ni siquiera captar la atención ciudadana: permitió que se le arrebatara la iniciativa y al colocarse en el terreno de la reacción, lo que logró fue enterrar su credibilidad.
De esta manera, el problema del gobierno, que e ha negado con toda regularidad a negar, es el de la conducción política. La operación para hacer frente a los problemas ha resultado prácticamente en todos los puntos, en un sonoro fracaso.
Tlatlaya, Iguala, la casa blanca, la de Malinalco serían los ejemplos más acabados. Pero ni con mucho son todos.
Para tener un panorama más claro de lo que ha sido el largo rosario de fracasos en lo político para el gobierno de Enrique Peña Nieto, habría que recordar, por ejemplo, lo sucedido en Guerrero, más allá de la tragedia de los normalistas.
Las señales de descomposición política en esa entidad fueron simplemente, desatendidos. Se lanzaron planes de gran envergadura, que ni siquiera fueron puestos en marcha. Y cuando Iguala apareció, nadie se hizo responsable de nada.
Del mismo modo, se tendría que tener presente el caso Michoacán. Se apostó por el “derrocamiento” disfrazado de un gobierno legítimamente establecido. Y de autoridades locales para colocar en esas posiciones a elementos ajenos a la realidad estatal. Se intentó con una negociación de la ley, resolver
un problema de seguridad. Se mostró fuerza contra los que se opusieron al proyecto, y se dio vida y sustento a grupos armados con la idea de que los malos podrían con mayor facilidad, controlar a los malos. Y hoy la violencia amenaza de nueva con desbordarse en Michoacán.
Los resultados de pésimos diagnósticos y pésimas decisiones. La política llevada a su mínima expresión.
Estos dos fenómenos, unidos, integran un frente de lucha política muy claro. El intento por anular elecciones no es más que la respuesta a visiones políticas que desde el poder nunca tomaron en cuenta la verdadera problemática de cada entidad. Y las consecuencias están a la vista.
Y la postura oficial también aparece con toda claridad. El afirmar que los problemas “son asunto entre particulares” puede parecer inteligente. Pero en la práctica resulta en una verdadera provocación a los ciudadanos. Una burla que puede no dar los resultados apetecidos.
Tiene razón el presidente cuando afirma que ésta ha sido un año de claroscuros. Pero se equivoca al suponer que lo que ha hecho el gobierno es explicar lo sucedido.
El problema de credibilidad, legitimidad y capacidad, no se resuelve con “explicaciones”, sino con decisiones.
Y a querer o no, las decisiones pasan por entender que lo que se quiere ver como “claroscuros” es en realidad, una crisis de clase política. De la clase política en los puestos de poder. Y los muchos errores políticos cometidos en estos meses, son prueba suficiente de que en tanto eso no se soluciones, las cosas difícilmente habrán de mejorar realmente.
Por vacaciones del autor, PERSPECTIVAS dejará de aparecer un par de semanas, para reiniciar actividades el lunes 5 de enero. En tanto, FELICIDADES para todos.


