norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Por más que se esfuerza en alcanzar una salida, el gobierno de Enrique Peña Nieto no logra retomar el control de la agenda nacional. Y al paso del tiempo, los fracasos amenazan con dejar de ser un tropiezo doloroso, para convertirse en una amenaza sobre el futuro.

La administración federal buscó, con el manejo de la crisis que no de las soluciones, el control sobre los tiempos y las formas para dar por terminado el caso de Iguala. Una “verdad histórica” fue puesta en el escenario y con todo el “dolor del caso”, se anunció el veredicto final.

Pero el efecto que se quería no fue el alcanzado. Y el intento oficial pasó a ser sólo un nuevo error cuando se entendió que al dar por concluido el caso, el gobierno sólo quería tener en las manos una “decisión oficial” que llevar a Suiza al examen que se hará en el tema de las desapariciones forzadas, a nuestro país.

Queda entonces a la vista que, más que hacia el interior, el gobierno de Peña Nieto buscó suavizar la situación que se enfrentará hoy y mañana en Ginebra. Y claro está, tener preparado algo para cuando la semana próxima en Washington, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, vía el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, analice lo sucedido en Iguala en septiembre del año pasado.

Pero la estrategia podría tener serios problemas para convertirse en algo exitoso.

México se negó a reconocer la competencia de la ONU en el terreno de las desapariciones forzadas. Hace 4 años más o menos, la sección sobre Desapariciones Forzadas de la ONU recomendó a México la elaboración de una ley sobre este tema, lo cual no sucedió.

Así, con el rechazo primero a reconocer la competencia del organismo en el tema y después, con la no elaboración de la ley recomendada, México es llevado si no al banquillo de los acusados, sí a un foro en el que se analizará la situación sobre las desapariciones en el territorio nacional.

De acuerdo con los expertos, en México hay no menos de 23 mil personas desaparecidas. Y el tema no ha sido desarrollado por la administración peñista. No al menos como en el terreno internacional se hubiera deseado.

En lo externo, México ha recibido una larga serie de críticas por su actuación en este campo. Ahora, en Ginebra tendrá que enfrentar los planteamientos de los observadores internacional. Además, tendrá que hacer frente a los representantes de los padres de los normalistas desaparecidos en Iguala. Y por si fuerza poco, la CNDH estará presente. Y seguramente tendrá parte en el programa. Y las conclusiones podrían no ser del agrado del gobierno.

De cualquier manera, el gobierno resulta perdedor. El simple hecho de tener que dar explicaciones ante organismos a los que no se les consideró en el pasado representatividad, es un fracaso. Y tener que confrontar a familiares de los desaparecidos no es sinónimo de victoria.

Pero eso no es todo.

En la capital de los Estados Unidos, los días 11 y 12 del presente, la CIDH analizará lo sucedido en Iguala. Los expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes se reunirá para determinar el protocolo bajo el cual se realizará su investigación y los tiempos de su inevitable visita a la zona del conflicto.

Para el gobierno de México los problemas arrancan justo en el momento mismo de la integración del grupo. Todos los expertos tienen un historial profesional que deja ver que su actuación podría tocar justo los puntos que la PGR dejó fuera al momento de presentar la “verdad histórica” del caso.

Y ello podría simplemente revolucionar un caso que para el gobierno ha sido una verdadera catástrofe.

Así, el gobierno de Peña Nieto pasará un par de semanas muy difícil. Justo cuando los problemas por los conflictos de interés en los niveles más elevados de la administración no desaparecen y precisamente en el momento en el que la economía deja ver que no habrá mejoría ni este ni el año próximo.

Y si los fallos llegara a ser negativos, es más que sencillo adivinar el efecto que ello tendrá en el campo político, terreno en el que el gobierno ha perdido, cuando menos, el rumbo.