Miguel A. Rocha Valencia
Nos gustaría referirnos al hinche gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa como él se expresa de los periodistas sobre todo de los modestos, de los “aldeanos”, “muertos de hambre” de la entidad donde es mandamás y donde los niveles violencia contra los reporteros es la más alta del país ya que durante su mandato once han sido asesinados.
Pero no es culpa suya, el gobernador “veees”, que a su edad aún se comporta como joven estudiante de la Ibero, quien no sabe lo que ocurre en la entidad pues sólo está ocupado en acumular dinero para financiar “su” carrera política, pues no cuenta con mayor trayectoria más la que ser hijo político de otro rufián, el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, probado delincuente de quien es cómplice.
No tiene la culpa el inoperante gobernador, porque más allá de sus doctorados, carece de raigambre pues se trata de otro más de los modernos “políticos de microondas”, surgido en las entrañas de uno de los grupos más tenebrosos, y no por el mote del jefe del cártel a quien se ligó precisamente con los Zetas que se apoderaron de todo Veracruz.
Es ahí, en la élite del poder veracruzano, donde se incuba la protección al crimen organizado pues es su territorio una de las principales rutas del narco y el tráfico de personas. Eso se le olvida a Duarte quien tiene la encomienda de quedarse ciego ante esos delitos del orden federal. No le cuesta trabajo, pues la ceguera se le da por herencia política.
Ya se olvidaron las decenas de asesinatos, los desafíos del crimen que regó cadáveres por toda la entidad, hasta en los umbrales del palacio de gobierno.
Pero la culpa de todo incluso de la masacre de periodistas, es de estos mismos, como si tuvieran la fuerza y los recursos para abstraerse de los criminales que hicieron suyos los espacios públicos y privados, donde el poder de las armas y el dinero se imponen todavía.
Ahora sale el tal gobernador con que “no hay que confundir libertad de expresión con representar la expresión de los delincuentes a través de los medios”. Para el tal Duarte de Ochoa, los reporteros están convertidos en voceros de los criminales, cuando estos son bien conocidos por quien tiene la responsabilidad de ofrecer garantías para desempeñar el oficio o profesión de periodista.
Si así es como piensa el regordete gobernador, pues que actúe y a través de las instituciones correspondientes finque responsabilidades a los periodistas, que no amenace con aquello de que “vienen tiempos difíciles (¿maaaaaás?), porque su gobierno piensa “sacudir el árbol y van a caer muchas manzanas podridas”.
Seguramente se refiere a su gobierno, a los integrantes del gabinete que no puede solucionar problemas como la inseguridad ni garantizar el desempeño de los periodistas a quienes no soporta sobre todo si lo exhiben en su ineficacia, corrupción e incapacidad. De hecho, el mismo mandatario es la mayor manzana podrida y no cae, porque está atado a la rama por el poder político y de la misma delincuencia.
Pero si se trata de amenazar a los periodistas, simplemente habrá que anotarlo y es una forma de aceptar su responsabilidad por lo que suceda a los reporteros, de los cuales, insistimos ya han sido ejecutados 11 en el período de Duarte de Ochoa.
Sobre todo porque en Veracruz se sabe que él, el gobernador, inició su carrera política en malos pasos, en ellos sigue y por lo visto no saldrá de ahí.


