Con la rendición de su III Informe de Gobierno en puerta, Miguel Angel Mancera, titular del gobierno del Distrito Federal, ha decidido mantener la misma estrategia mediática ante el problema de la delincuencia organizada en la ciudad de México: no existe.
Dicho de otra manera, el jefe del gobierno de la capital del país ha decidido que se puede tapar el sol con un dedo. Y que además, ello bastará para que los capitalinos acepten, sin más, lo que la administración capitalina les ofrece: una tranquilidad que sólo existe en los discursos.
El señor Mancera acepta que hay delincuentes en el DF. Reconoce que hay entre ellos, representantes de los cárteles más importantes existentes en el país. Pero subraya que no están “asentados” en la ciudad. Esto es, repite su afirmación de que sólo “están de paso”.
Pero ello, en el lejano supuesto de que fuera cierto, no resuelve el problema de fondo que no es otro que la creciente violencia y la cada día más evidente inseguridad que padecen los ciudadanos del Distrito Federal.
Dice Mancera que su gobierno trabaja en el tema. Pero la realidad dice que si los resultados de ese trabajo son los que pueden notar los capitalinos, las cosas simplemente no caminan.
Mancera arrastra consigo, le guste o no, su fracaso como procurador del Distrito Federal. Fue el encargado de enfrentar el caso del secuestro y asesinato del joven Martí. Y para resolver el reto, lo que hizo fue inventar responsables. Puro juego de imágenes.
Así, ahora cuando presenta sus datos, pocos son los que están dispuestos a creerle totalmente, Hay la sospecha de que no diga toda la verdad. O de que simplemente, diga mentiras.
Y ello se pone de manifiesto justo por el hecho de que las dependencias en los Estados Unidos que se encargan del trabajo de combatir a los delincuentes en el terreno del narcotráfico ya señalaron que los cárteles trabajan sin mayor problema, en la Ciudad de México. Esto es, dice que lo que dice Mancera no es verdad.
El problema en el Distrito Federal es real, sin importar lo que los discursos oficiales digan. Hay extorsiones en todos los niveles. Hay corrupción en las oficinas del gobierno. Hay inseguridad en las calles. La violencia existe, por más que no se hable de ella. Y el gobierno de Mancera puede negar la realidad, pero no acabar con ella.
Mancera lo que hace es simplemente, preparar el terreno ara su próximo Informe de Gobierno. Sabe que no puede aceptar su fracaso en el terreno de la seguridad. Fue procurador y ello sería tanto como reconocer que todo lo que se dijo desde la pasada administración carece de sustento.
Así, tiene que cambiar su discurso. Si hay delincuentes, pero no delincuencia asentada. Lo que se vive en las calles de la capital es un fenómeno “de paso”. No importa si ello provoca daño y temor en los capitalinos. El gobierno cumple. No hay cárteles en la capital. Todo es pura ilusión.
Sin embargo, la problemática no se resolverá con juegos mediátcos ni con la negación de los hechos.
El caso Narvarte, por ejemplo, ha dejado ver los serios problemas que enfrenta el aparato de justicia en el Distrito Federal. Contradicciones y filtraciones son la constante. Pero la realidad dice que las fallas son tan serias, que lo que verdaderamente se ha demostrad es la incapacidad del gobierno capitalino para resolver el reto de la inseguridad.
Ese mismo caso para no ir más lejos, y de acuerdo a las versiones oficiales, ha demostrado que el tráfico de drogas en la ciudad de México es un problema muy serio.
¿De dónde salió la droga que supuestamente existía en el departamento? ¿Quiénes la tenían y quiénes se apropiaron de ella? Las preguntas obvias son las que no se responden.
El caso Heaven, por ejemplo, fue un asesinato derivado del robo de drogas entre pandillas, de acuerdo a los datos oficiales. Drogas y delincuentes. Pero todos desorganizados, ya que de acuerdo al señor Mancera lo que existe en el Distrito Federal nada tiene que ver con la delincuencia organizada.
El señor Mancera juega a mantener la imagen. No quiere que los ciudadanos sepan que hay violencia en la ciudad. Pero es como si quisiera que no vieran la corrupción en las dependencias del gobierno capitalino. O la incapacidad y corrupción de la policía en todos sus niveles. O como si intentara que no se comentara el caos en el transporte y vialidad en la ciudad.
Se quiere tapar el sol con un dedo. Pero ese intento lo que en realidad provoca es que los capitalinos vean con toda claridad el populismo del gobierno mancerista. Incapaz de resolver los problemas, pero siempre decidido a negar la realidad y a prometer un futuro lleno de más imágenes que es lo único que ha producido en estos años de gobierno.


