Por Norberto DE AQUINO
Fiel a la costumbre de su gobierno de derrumbar con hechos lo que se dice en los discursos, el presidente Enrique Peña puso de manifiesto, de un solo golpe, que no existe el combate a la corrupción, que sus amigos son intocables y que cualquier cosa que se haya pensado en torno al fortalecimiento del PRI no pasa de ser retórica.
En los primeros momentos de su mandato, Peña Nieto habló sobre algo que siempre se ha dicho, pero nunca se ha probado: que el presidente no tiene amigos, como una forma de prometer que los colaboradores serían los “mejores” y que no existiría la impunidad ligada a la cercanía con el poder.
Ahora, por si todos los antecedentes registrados a lo largo de estos tres años no fueran suficientes, mostró que sus amigos van antes que cualquier otra cosa.
El PRI llevará a Alejandro Murat como candidato al gobierno de Oaxaca. Y con ello se acredita que se puede ser todo un profesional de la mentira, la corrupción, la ineficacia y la violencia política, sin temer nada, si cuentas con el apoyo presidencial.
Alejandro Murat es hijo de José Murat, quien acredita todo lo peor del priismo, sin problema alguno. Ya fue gobernador de Oaxaca. Y dejó a la entidad totalmente quebrada, económica y moralmente. Cimentó el cacicazgo político que hoy impone a su vástago como heredero. Y todo por haber servido de enlace para la conformación del Pacto por México. El país paga con sus bienes, los favores entre los políticos.
Alejando Murat carece de carrera personal. Es, en el mejor de los casos, el “hijo de papá”. Es por supuesto, un joven con estudios y evidente capacidad intelectual. Pero carente de experiencia. Y ello lo hace totalmente dependiente del padre. Y no es difícil entender quien tendrá el control de Oaxaca si el PRI gana la elección. El daño será enorme. Y puede tener consecuencias serias.
Al momento en que el presidente Peña decidió que el candidato fuera el joven Murat lo que selló fue el destino del combate a la corrupción. Si hay algo en este campo, será totalmente selectivo, tendrá un objetivo político y no llegará al fondo del problema.
El presidente demostró que sus amigos pueden tener lo que quieran, sin importar nada y que la corrupción sólo es atacable cuando aparece fuera del círculo político adecuado.
Del mismo modo, el presidente lanzó a los priistas a una batalla que habrán de perder, incluso si logran vencer ante las autoridades electorales, ya que Alejandro Murat no tiene ni origen ni residencia en Oaxaca, lo que tendría que inhabilitarle como aspirante al gobierno local.
Ya sabemos que la autoridad electoral, con fuerte control por parte del PRI y el PVEM no aceptará las quejas de las oposiciones. Pero ello mostrará la ilegitimidad de todo el movimiento priista. Y ello tendrá consecuencias.
Finalmente, y sólo como parte de los daños iniciales, el PRI ha pagado ya una factura muy seria. Y corre a cuenta de sus militantes.
El arribo de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional priista fue visto como un paso hacia el fortalecimiento del partido
Los priistas pensaron que tenían al frente de su partido a un cuadro capaz de hablar claro ante el presidente y de convencerlo para que permitiera la recuperación de la imagen del PRI.
Ahora, con el caso Oaxaca, saben que Beltrones puede hablar, pero no convencer. Y ello deja abierta una duda enorme: ¿quiso y o pudo, o simplemente ni lo intentó?
Y en ambos casos, el derrotado es el priismo.
En Oaxaca, el PRI tendrá que caminar con un candidato que dista de haber sido el mejor posicionado. Tendrán que apoyar a un candidato que no tiene tras de sí nada de que presumir. Tendrán que respaldar a un candidato que sólo es “hijito de papá” y tendrán que soportar, aplaudir y acompañar, a uno de os caciques más nefastos de la nueva era del PRI como es José Murat, quien si gana el PRI, será el verdadero gobernador de Oaxaca.
Con todo lo que ello representa.

