Por Norberto DE AQUINO
Los jóvenes secuestrados en Veracruz fueron asesinados, remados, sus restos molidos y arrojados al río. Y con ello, la nueva verdad histórica hace su aparición. Se “resuelve” un crimen y, de paso se deja la idea de que lo sucedido en Iguala, tiene que haber sido muy parecido a lo de Tierra Blanca, en Veracruz.
Pero lo que el gobierno pretende que sirva para cerrar un caso más, no es más que la evidencia de que lo que hace falta es, precisamente, la verdad de lo que sucede en el país.
Si ponemos por el momento, a un lado lo que se quiere presentar como similitud, tiene que verse como la realidad nacional, que no es otra que aquella que las autoridades no quieren reconocer: la complicidad entre los grupos de delincuencia organizada y los encargados de combatirlos, ya sean políticos, policías o fuerzas armadas.
Con el caso de Veracruz, lo que está a la vista es la incapacidad de las autoridades para combatir a los grupos dedicados a la delincuencia de todo tipo. Y esa incapacidad se origina en la evidente corrupción. En todos los niveles.
El caso Iguala puso en evidencia lo que todo mundo conocía: el combate a los cárteles de la droga tenía límites y objetivos más que nada, de propaganda.
Las ligas entre partidos políticos, policías de todos los niveles, empresarios dedicados al lavado de dinero y funcionarios y políticos de todos los niveles, apareció como algo evidente. Tan evidente que no se quiso investigar.
Así, la investigación en Iguala se condujo de tal manera que los normalistas aparecieron, al menos algunos de ellos, como delincuentes atrapados en una batalla entre grupos criminales.
Se quiso no solucionar el caso, sino evitar la investigación.
Ahora, en Veracruz queda claro que la realidad es más fuerte que la estrategia oficial. Y se reconoce que la policía entregó como en Guerrero, a los jóvenes a las bandas de delincuentes. Pero es aquí en donde las cosas se descomponen para el gobierno de manera absoluta.
Si la policía capturó y entregó a los jóvenes a los criminales, el problema es la liga entre quienes delinquen y quienes os protegen. Y es imposible suponer que esos policías no tienen protección de sus superiores.
Así, sólo se tiene que escalar un poco para entender el nivel de corrupción. La policía tiene ligas con los políticos locales. Y estos con los federales y así hasta formar una red de complicidades que convierte al ciudadano en un rehén que sólo puede esperar que la fortuna le ayude a evitar sufrir en carne propia el efecto de la descomposición que vive el país.
Las cosas empeoran cuando se entiende que, con mucha pobreza, el gobierno lanza los resultados de la investigación en Veracruz, con la idea de crear la imagen de que encontrar los restos de los jóvenes de Playa Vicente es imposible. Tal y como sucede con Guerrero. No se buscan soluciones, se quieren vías de escape.
La investigación en Veracruz, se “aclara” justo en el momento en el que a nivel nacional se abre, o se quiere abrir, un debate sobre la realidad en PEMEX y CFE y sobre la incapacidad de las autoridades en el sector, que ha provocado la caótica situación que viven las empresas que, se dijo, serían ejemplo de efectividad y resultados.
El punto sobre el que el gobierno no quiere trabajar es el de la transparencia. No se quiere ir al fondo del problema por la simple y sencilla razón de que al momento en el que se investiguen las ligas de políticos y delincuencia, saldrá a la luz el impresionante número de víctimas que nadie sabe en donde están.
Entonces, llegaríamos al tema de la impunidad, terreno que los Estados Unidos ya calificó como algo preocupante, pero que en México no se quiere enfrentar, por obvias razones.
En Veracruz se ha presentado una nueva versión de la “verdad histórica”, sólo que ahora con datos que, de ser ciertos, sólo servirán para confirmar que las policías y muchos políticos, están al servicio de la delincuencia. Y que las autoridades que dicen combatir a esa delincuencia, lo que en realidad hacen es administrar el problema y buscar en momentos de crisis, la mejor forma de hacer el famoso “control de daños”.

