norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

La estrategia dio los resultados que se buscaban y que nunca fueron los de aclarar los hechos. Se quería una solución política y se logró. Confusión y especulaciones de todo antes que aclarar lo que realmente sucedido. Iguala quedará en el tiempo. Como tantos otros sucesos en el país. Las versiones se encontrarán unas contra otras. Y el gobierno “habrá resuelto” un caso que le ahogó desde el principio y que nunca se intentó solucionar de fondo.

Los expertos, ya sean los argentinos o los representantes de la CIDH fueron colocados contra la pared. Y el gobierno, sin capital que perder, ya que todo lo ha perdido desde hace mucho, endurece las posiciones y marcha decidido a defender su “verdad histórica”, por más que acepte colocarle algunas pequeñas modificaciones.

Si se observa con cuidado el caso, se verá que lo que se ha logrado es perder el tiempo. Y preparar el terreno para la “solución” final del caso, que por supuesto, nada tendrá que ver con una respuesta real y contundente sobre lo sucedido.

Ya regresaron las voces que señalan que todo se origina en la corrupción política y económica del perredismo que llevó a los señores Abarca al poder en Iguala. Retorno al punto de partida para evitar a toda costa, responder todas las interrogantes pendientes.

Y es que esas interrogantes cubren un terreno tan amplio que nadie quiere que se sacuda al tapete.

Pero la “solución” que se avecina no necesariamente se alcanzará sin costos.

Y uno de los primeros y más visibles es el terrible desgaste a que se ha sometido a la Procuraduría General de la República, la cual tiene desde el inicio del caso Iguala una lista tan larga de tropiezos y ridículos que hace impensable pretender convertir a la señora Arely Gómez en la nueva fiscal anticorrupción, salvo que desde ya, se quiera poner en claro que nada habrá de cambiar en el fondo del sistema de justicia en México.

El desgaste de la PGR que pasa por aquella foto de la procuradora admirando el hoyo por el que se fugó el “Chapo” Joaquín Guzmán, hace escala especial en el caso Iguala. Es la dependencia que jamás se enteró de las ligas de los políticos en Guerrero con los grupos criminales. Es la dependencia que nunca supo del negocio delas drogas en la zona de Iguala y que fue “sorprendida” por la realidad. Es la dependencia a la que se encargó preparar el terreno para el choque final con los expertos internacionales para terminado abril tener listo el cierre del caso de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

En realidad, nadie se ha sorprendido por la forma en que los sucesos se han registrado. Desde que el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, anunció que no se prorrogaría la estancia de los integrantes del GIEI, quedó claro el contenido del nuevo peritaje sobre el basurero de Cocula. No hay deseos de llegar a la verdad, la cual por cierto, tiene que ser de sobra conocida por las autoridades en todos los niveles.

La verdad incluye los errores y ligas de autoridades, de todos los niveles en el terreno del narcotráfico. Los nexos del gobierno federal con el gobierno de Angel Aguirre. La participación del ejército en los hechos de septiembre del 2014 y la negativa a permitir que el GIEI pudiera estar presente en los interrogatorios a los soldados del batallón destacado en Iguala.

La forma más sencilla entonces, fue la de simplemente, romper el esquema de trabajo. Campaña de ataques a los expertos, argentinos y del CIEI; campaña contra la CIDH y acuerdos no respetados, para al final de cuentas, tener el cimiento para mantener, aunque sea de manera tambaleante, la “verdad histórica” con la que se quiere ocultar el problema de fondo que no es otro que el de las ligas de las autoridades, de todos los niveles, con la producción, transporte y venta de las drogas.

En Cocula se centró el trabajo, a sabiendas de que ello simplemente controlaba el debate. En Iguala se controló la investigación para no llegar a los niveles en los que las autoridades locales y federales, tendrían que se llamadas a cuentas.

Y ahora se controla a los expertos foráneos para, más adelante, intentar con la nueva versión de la “verdad histórica”, controlar lo que realmente sucedió en septiembre del 2014.

Por más que para muchos, todo está claro gracias a las prisas, medias verdades y nerviosismo del gobierno. Y el desgaste de la PGR y su titular son parte del precio a pagar para “solucionar” de una buea vez, todo el caso.