Moody’s Investors Service mantendrá sin cambio la calificación de México de A3 con perspectiva estable en el corto plazo, tras el virtual triunfo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México, en espera de conocer las políticas macroeconómicas y fiscales del próximo gobierno.

El analista soberano para México de Moody’s, Jaime Reusche, dijo que si bien habrá incertidumbre en los mercados sobre la evolución de las políticas públicas que adopte el gobierno de López Obrador, esto no tiene impacto en la calificación soberana del país.

En audioconferencia desde Nueva York, precisó que en Moody’s “no tomaremos ninguna decisión de manera precipitada” sobre la nota de México en el corto plazo, y mantendrá una comunicación fluida con el equipo de transición y las nuevas autoridades.

Destacó que el punto de partida del gobierno que encabezará López Obrador es “saludable”, pues la economía está en recuperación, el déficit fiscal se ha reducido y el reciente aumento del petróleo le dará empuje a las finanzas públicas de México.

Precisó que desde el punto de vista de la calificación soberana no tendrá un impacto directo ni va a afectarla inmediatamente, “solo si estos indicadores se mueven muy bruscamente y empiezan a contaminar los fundamentos de la economía o de las cuentas fiscales”.

Mientras el próximo gobierno mexicano asuma el cargo el 1 de diciembre y empieza a comunicar su agenta política, la evaluadora internacional observará cuáles son los pronunciamientos que pueda tener y hacia dónde llevará el manejo macroeconómico y fiscal.

Reusche dijo que un punto importante es el mensaje que pueda tener el próximo gobierno con el sector privado, el cual que será “crítico para entender hacia dónde se va a mover inversión privada y la economía, pues todavía hay que lidiar con incertidumbre electoral y del movimiento de las políticas públicas”.

“Por el momento nuestra perspectiva es que la calificación se mantiene estable, seguiremos observado y en comunicación con las nuevas autoridades y una vez que asuman veremos hacia dónde evolucionan las políticas públicas”.

Insistió que Moody’s no prevé cambiar en el corto plazo la calificación de México ni la perspectiva de la mismo, sino que esperará conocer cuál es la agenda del próximo gobierno, sus propuestas principales, así como la integración del gabinete y del equipo económico.

El analista soberano para México de Moody’s apuntó que también estarán atentos a quién tomará las riendas de las empresas productivas de Estado, en particular de Petróleos Mexicanos (Pemex) o ver qué se hace con las medidas que se prometieron en campaña.

Al respecto, la agencia esperará a conocer cuál será la política de los precios de la gasolina, de las concesiones de exploración, contratos de producción petroleros y todo lo que se dio en el marco de la reforma energética.

De eso, es muy improbable que se den las respuestas en el corto plazo, incluso el 1 de diciembre, cuando asuma el cargo el próximo presidente de México, por lo cual la calificadora seguirá observado y estudiado estas propuesta hasta por lo menos el próximo año.

En un análisis por separado, Moody’s apuntó que la virtual victoria de López Obrador aumenta el riesgo en la industria de petróleo y gas de México.

Los planes del virtual presidente incluyen la posible reducción o el congelar los precios de los combustibles, la creación de nuevas refinerías y la revisión de los contratos existentes de exploración y producción entre la compañía petrolera nacional Pemex y compañías privadas.

La aplicación de controles de precios a los combustibles, por ejemplo, generaría pérdidas para las operaciones de refinería y marketing de Pemex, especialmente si aumentan los precios internacionales del crudo o si el peso se debilita frente al dólar estadounidense.

Mientras tanto, el impacto crediticio de la victoria de López Obrador para el sector infraestructura de México dependerá del papel que pueda desempeñar el sector privado, señaló la agencia evaluadora.

Comentó que López Obrador ha relajado su postura frente al sector en las últimas semanas y estima que serán necesarios 11 mil millones de dólares (220 mil millones de pesos) adicionales de inversiones relacionadas con sectores ajenos a la energía para fomentar el crecimiento económico y el empleo.

Por lo tanto, es probable que las compañías privadas participen en el desarrollo de nuevos proyectos, incluida la construcción de nuevas vías y la rehabilitación de carreteras y puertos, anticipó.