Shia Chic

 

De una manera lastimosa y cruel el bloqueo se apoderó de mí por mucho tiempo, no sé si yo lo provocaba o simplemente no sabía por dónde empezar a contar todo lo que pasó mientras estuve ausente o, mejor dicho, no sabía cómo clasificar qué parte debía contar y cuál callar.

Un amigo me dice muy seguido “escribe, escribe”, y siento que lo dice cuando me ve muy angustiada y lo usa como último recurso para callarme después de someterme a sus primeros auxilios psicológicos. Le hice caso y aquí estoy. Ha pasado tanto, han cambiado tantas cosas, personas se han ido, otras han llegado, he conocido y desconocido a muchas otras después de tenerlas mucho tiempo en mi vida. Suena irónico, lo sé. Pero es que a veces creemos conocer a las personas, incluso a nosotros mismos, hasta que de repente algo pasa, la mínima complicación, y ésta te hace darte cuenta que a esas personas solo las tenías idealizadas. Y no quiero que suene a juicio ni a lamento lo que estoy diciendo, simplemente trato de ser realista, esperamos de otras personas más de lo que haríamos por nosotros mismos. Eso se llama sacrificio y en ocasiones es un absurdo. Me refiero al trabajar por los ideales de otros, en el abrazar sus metas y al común hecho de poner sus necesidades antes que las nuestras.

Estuve muy molesta durante meses porque creí haber conocido de cerca el mal agradecimiento, la ingratitud y el abuso. Ahora entiendo que lo que en realidad pasó es que simplemente dejé de ponerle adornos a lo que obviamente era feo. Dejé de justificar a otros, de tratar de ayudarlos porque claramente no era valorado mi esfuerzo, sino que hasta fue tachado de intromisión. Hay gente malagradecida, sí, metiches como yo que queremos ayudar en todo, sí. Pero conmigo ya no más. No más allá de lo que me afecte a mí, de lo que me quite a mí.

Comprendí que es sano ser egoísta, que es necesario decir NO. Que negar la ayuda no siempre está mal. Y que primero soy yo, pareceré una tonta diciendo que a esta edad apenas lo comprendí, pero eso tampoco me importa. Nunca es tarde, para todo hay un tiempo y un espacio, y éste, en el aquí y ahora, soy yo. Ahora me importo más, ahora me juzgo menos y mi valor no me lo doy en medida en que ayudo o doy a otros. Fui educada así, con la idea del que el ayudar es importante, pero ahora me reeduqué y se siente bien.

No guardo rencores, simplemente clasifico, como seguramente alguien más me somete al mismo ejercicio pues todos estamos dentro del mismo juego, todos somos andariegos y tarde que temprano llegamos a este sendero.

Amigos, espero que estén muy bien y que éste, mi regreso con mi nuevo yo, no les resulte amargo, y si lo es, disfrútenlo, lo amargo es más puro, tal cual como el chocolate…