ALEJANDRO LELO DE LARREA

 

En los últimos días, en cualquier lugar público que se pare el presidente Andrés Manuel López Obrador, se encuentra con ciudadanos que le piden, se quejan que no les han caído los beneficios de los programas sociales que prometió durante su campaña.

 

Por eso, el discurso presidencial ha girado en torno de que le den tiempo, porque se encontró con un gobierno “entumido, atrofiado. Estaba hecho para facilitar el saqueo, el robo. No les importaba la gente, les interesaban los negocios, nada más”. Así lo ha expresado.

 

Aquí un ejemplo que es parte del problema: hace un mes, López Obrador le pidió al director del IMSS que le entregara la información, la base de datos de todos los pensionados y jubilados por esa institución que tienen más de 70 años de edad para también darles la Pensión de Adultos Mayores. Ni el presidente ha podido conseguir esa base de datos.

 

Pero hay otra razón por la que los programas sociales no han llegado a la gente y es atribuible a los militantes de Morena. Desde mediados de octubre iniciaron el levantamiento de los Censos del Bienestar y no han concluido.

 

Y eso que para tal labor se destinaron todos los recursos del Fondo de Transición: los 150 millones de pesos. La meta era terminar los censos en diciembre para que desde los primeros días de enero comenzaran a entregarlos apoyos, como él lo prometió. Ahora asegura que a finales de febrero los programas sociales habrán caído ya. Por eso, ya optó por otra ruta para eludir a su propia burocracia: sin intermediar Secretaría o dependencia alguna, el dinero pasará directamente de la Tesorería de la Federación a las 28 millones de personas que pretenden beneficiar. Base electoral que urge aceitar.