ALEJANDRO LELO DE LARREA

 

Calculada o no, el presidente Andrés Manuel López Obrador vino aquí a la tierra del Chapo Guzmán, sólo 3 días después de que un jurado de Nueva York solicitara cadena perpetua en su contra.

 

La visita de AMLO es histórica. Personas de la tercera edad me aseguran que nunca un presidente había estado en el corazón de este municipio, cuyos pobladores sufren el estigma de narcotraficantes.

 

La razón: se considera que aquí es la cuna del narcotráfico. La historia que todos cuentan aquí: durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército de los Aliados pidió a México que ayudara a cultivar el opio para soldados. Eligieron Sinaloa, por lo fértil de sus tierras. En Santiago de los Caballeros, una comunidad de Badiraguato, se hicieron los cultivos.

 

Al concluir la guerra, ya había una industria, y en Estados Unidos un mercado. Comenzaron a traficar la droga. El primer capo originario de aquí: Pedro Avilés, hacia finales de los años 1940. El papá de todos.

 

Toda la gente con la que uno charla aquí asegura que el Chapo sigue siendo una persona muy querida por el pueblo. Miles de ellos encontraron ayuda de él en momentos difíciles.

 

Experto en el pulso de la opinión pública, acaso por ello AMLO fue cauteloso en su discurso. Refirió que el miércoles le preguntaron sobre su gira a esta ciudad: “¿No sabe que es la tierra de una persona que está siendo juzgada en Estados Unidos?”

 

“Además, ¿qué dice la biblia? Que no hay que emitir juicios temerarios. ¿Y que otra cosa dice? La sabiduría de que no se puede hacer leña del árbol caído”, expresó AMLO.

 

Tiene razón cuando pidió que no se estigmatice a los pueblos. Pero no es fácil revertir 80 años de historia.