• Pasta de Conchos
  • El Silencio de los “inocentes”

 

Luis Serieys Zárate

19/02/2019

Ciudad de México

 

Unos días antes de que ocurriera el desplome de la mina 8 en Pasta de Conchos que costó la vida a 65 mineros, de los que 63 cuerpos nunca fueron rescatados porque el Secretario del Trabajo de Felipe Calderón, Javier Lozano Alarcón,  canceló la búsqueda, representantes del sindicato minero, de la empresa Minera México y del gobierno reunidos en la Comisión de Seguridad e Higiene la declararon segura.

 

Esta decisión que tomaron en la Comisión de Seguridad e Higiene, fue ratificada el 11 de febrero fue confirmada precisamente por Minera México de Germán Larrea, el Sindicato que aún dirige Napoleón Gómez Urrutia y la Secretaría del Trabajo de Javier Lozano Alarcón, tan sólo para que 8 días después ocurriera el desplome y la desgracia en Nueva Rosita, Coahuila, que empezaba a gobernar Humberto Moreira.

 

Este desastre de Pasta de Conchos ocurrió aproximadamente a las 2:30 el 19 de febrero de 2006, donde colapsaron varios túneles en la mina de carbón operada por Grupo México, la compañía minera más grande del país y que es objeto del coraje de Napoleón Gómez Urrutia, dicen viejos mineros, porque esa empresa le negó el dinero que pedía por cada revisión de con trato colectivo.

 

De ese desastre que no tuvo un final feliz como sucedió en el caso de la mina San José en Chile en el año 2010 y que hasta películas le hicieron, solo se rescataron los cuerpos de Felipe de Jesús Torres Reyna y José Manuel Peña Saucedo, quedando 63 cuerpos sepultados sin que hasta hoy se reiniciara su búsqueda.

 

Pero ante la insistencia de familiares y sociedad de continuar la búsqueda y con el argumento final de que había gas metano peligroso como para seguir excavando, el 4 abril 2006 Minera México ordenó en acuerdo con Lozano Alarcón, secretario del Trabajo federal,  cesar búsqueda de cuerpos y el cierre definitivo de la mina con el argumento inicial de que entre el 25 y 75 por ciento de la mina estaría inundada y habría riesgos de contaminación bacteriológica.

 

Por aquellos días del accidente se da a conocer un presunto fraude de Napoleón Gómez Urrutia en contra de mil 800 trabajadores que debían indemnizar luego de la privatización de la mina de Cananea, asunto que hoy en día luego de 13 años sigue en los tribunales y organizaciones que formaron la Unión Nacional de Sindicatos de la Industria Minera (UNASIM) aseguran tener un laudo en donde se condena a “Napito” a pagar 51 millones de dólares que aún se adeudan.
Durante los 12 años en que Gómez Urrutia permaneció en Vancouver, Canadá, con el apoyo de los Steelworkers de aquel país y de Estados Unidos y en un acto sin precedente para nuestro país, se mantuvo en exilio pero mantuvo con Toma de Nota de la Secretaría del Trabajo la dirigencia Nacional del Sindicato Minero que en el 2002 heredo de su padre Napoleón Gómez Sada.

 

Es precisamente en 2006, previo al accidente en Pasta de Conchos que los problemas de Napoleón Gómez Urrutia inician, cuando se une a otras organizaciones e intenta dar un “golpe de estado” en el Congreso del Trabajo para impedir la elección de Leonardo Rodríguez Alcaine, en ese momento dirigente de la Confederación de Trabajadores de México como presidente del organismo.

 

Luego de ese suceso, el Sindicato Minero así como otras organizaciones como la CROC, fueron expulsadas del Congreso del trabajo, pero contrario a la desbandada que se dio en la década de los 90 del siglo pasado cuando el Francisco Hernández Juárez del Sindicato Minero renunció a la cúpula obrera con otros seis sindicatos para formar su propia organización que a la larga se convertiría en la hoy conocida Unión Nacional de Trabajadores.

 

Su salida coincidió con un incidente ocurrido en el edificio sindical Minero, ubicado en la avenida Vertiz, en donde un grupo de personas armadas entraron a “robar” al sindicato, pero también a destruir documentos en varias de las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional y después se presentó el accidente en Pasta de Conchos.

 

Para el conocido como “Napito” esos sucesos y la acusación de fraude por 55 millones de dólares fueron demasiado y lo llevaron a auto exiliarse por 12 años en Canadá, en donde hasta consiguió una doble nacionalidad que le permitiría siempre eludir a la justicia mexicana si en algún momento decidían realmente cobrarle el dinero del fraude del que lo acusaban.

 

Hoy con el fuero que le otorga ser senador de la República por la vía plurinominal, sin haber buscado de manera alguna el voto ciudadano, poco le interesa si le cobran, hoy promueve una nueva central sindical denominada Confederación Internacional de Trabajadores que se ligará, aunque él lo niegue al partido en el Gobierno y al Presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

Dicho sea de paso, esa relación de AMLO con Gómez Urrutia no es nueva, ya que fuera del Congreso del Trabajo decidió apoyar la candidatura presidencial del Tabasqueño por el Partido de la Revolución Democrática, dejando la militancia priista de su organización por más de 40 años en que su padre la dirigió.

 

Hoy a 13 años del accidente de Pasta de Conchos, Napoleón Gómez Urrutia volvió a Nueva Rosita, Coahuila de donde en 2006 lo corrieron los familiares de los mineros muertos en el derrumbe de la Mina, tan sólo para demostrar que realmente sólo representa a 4 viudas y un familiar de los 65 fallecidos, mientras que una ONG representa a familiares de 58 de las víctimas de esa mina.

 

La muestra de ello se observó con una manifestación que realizó sin participar, en Coahuila con mineros de otras latitudes, mientras que en la Ciudad de México el grueso de los familiares se reunieron en manifestación en el llamado antimonumento de los 65 de Pasta de Conchos Frente a la Bolsa Mexicana de Valores en la avenida Reforma.

 

Lo grave de esta visita es que dejó atrás la austeridad republicana del Presidente López Obrador, ya que el senador Napoleón llegó a Piedras Negras en un Jet privado Bombardier CL601 Challenger con matrícula N304CT para horas después de hacer un video en el estadio de Beisbol de su sindicato prometiendo reiniciar la búsqueda de los cuerpos de los 63 mineros volver a la Ciudad de México.

 

 

El silencio de los líderes sindicales

 

 

En otro tema debo señalar que la llegada a la palestra de las organizaciones sindicales de un grupo de pseudo jefes de prensa ambiciosos de poder y dinero hace unos 15 años, llevó a los dirigentes de organizaciones como la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, el Sindicato de la Secretaría de Salud, el Congreso del Trabajo, el Sindicato Petrolero, el Sindicato Ferrocarrilero, entre otras organizaciones a alejarse de los medios de comunicación.

 

Lo grave no fue sólo eso, sino que los dirigentes creyeron en estos expulsados de los grandes medios de comunicación y dedicaron sus esfuerzos a mantener a un pequeño grupo de medios, dependía del pseudo jefe de prensa a quienes otorgaban entrevistas y avisaban de los eventos de las organizaciones, lo que llevo a que los propios medios de comunicación terminaran por ignorar a los dirigente obreros.

 

Ese ignorar las opiniones de los líderes obreros que años antes eran líderes de opinión con Fidel Velázquez al frente del llamado Movimiento Obrero Organizado, llevó a las ahora criticadas organizaciones de la sociedad civil a crecer y de una u otra forma sustituir la influencia de las organizaciones de los trabajadores que pasaron a un vergonzoso segundo, que si no tercer plano que los llevó a aparecer en los medios de comunicación únicamente cuando había algún escándalo, huelga o denuncia.

 

Hoy estas organizaciones sindicales enfrentan una crisis en donde a la mayoría de los dirigentes se les acusa de muchas faltas, ciertas o no, pero al fin acusaciones que les impide ahora dar la cara para defender las conquistas laborales que muchas luchas y vidas costó conseguir para beneficiar a los trabajadores que según la nueva filosofía de izquierda ahora pertenecen al neoliberalismo.

 

Es cierto que las instituciones como la Comisión de Salarios Mínimos. El Instituto Mexicano del Seguro Social o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado pudieron verse afectados por malos funcionarios que decidieron empobrecer a los propios trabajadores con malos salarios, a veces con contratos colectivos excesivos que los volvieron soberbios y que al final obligaron a los gobierno a reducirlos cada dos años en sus revisiones contractuales.

 

No podemos negar que “como todo en la viña del señor” hay buenos y malos dirigentes sindicales, pero también es cierto que las conquistas laborales plasmadas en el artículo 123 Constitucional y sus leyes secundarias de los apartados “A” y “B”, la Ley federal del Trabajo y la Ley de los Servidores Públicos están vigentes y apenas se ve un esbozo o intento de defender a sus representados desde el Congreso del Trabajo, única organización que aún puede impulsar una defensa real de los 15 millones de trabajadores que dicen representar.

 

Ahora sólo faltan dos cosas, la primera que los dirigentes sindicales decidan volver a aparecer dando sus argumentos ante la opinión pública y no sólo en “eventitos” donde las declaraciones quedan en eso, en declaraciones.

 

En segundo lugar alta conocer cuál es esa tan anunciada estrategia para defender las conquistas de sus predecesores cuando se encuentran muy mermador en cuanto de representación obrera ante las Cámaras de Diputados y Senadores y con el riesgo de enfrentar una reforma que abrirá las elecciones de dirigentes al voto “libre y secreto”.

 

 

serieys@hotmail.com