En su intervención del día de hoy, el presidente de México manifestó a los participantes lo siguiente:

Enfrentar la crisis económica ha sido menos doloroso y complejo que luchar contra la pandemia del COVID-19. A nosotros nos fue útil abandonar las recetas económicas aplicadas durante el periodo neoliberal, empezando por desechar la estrategia de endeudar al pueblo para rescatar a los de arriba. Ahora fue diferente.

Gracias a las medidas de austeridad y al combate a la corrupción, no tuvimos que recurrir a nuevos préstamos y todos los recursos liberados se destinaron de manera directa, sin intermediarios, a la base de la pirámide social, y de allí fue subiendo hacia la cúpula, es decir, se le dio preferencia a los pobres y a los integrantes de las clases medias.

Por eso se adelantaron los pagos en pensiones a adultos mayores y a personas con discapacidad; se mantuvo la entrega de becas escolares y el apoyo a agricultores y pescadores; se amplió el programa de créditos a pequeñas empresas y al sector formal e informal de la economía. En fin, se fortaleció el ingreso de las mayorías para evitar que cayera el consumo de alimentos y de otros bienes de primera necesidad.

Esta estrategia coincidió con el milagro del aumento de las remesas enviadas de Estados Unidos de América por nuestros paisanos migrantes, remesas que envían nuestros paisanos a sus familiares, que este año, a pesar de la pandemia, llegarán a la suma récord de 40 mil millones de dólares, dinero que beneficia a 10 millones de familias pobres que están recibiendo en promedio 350 dólares mensuales.

Prueba de que no ha disminuido el consumo popular es que, hasta ayer, las tiendas departamentales han estado vendiendo ocho por ciento más que en el mismo periodo del año pasado. 

Expongo también que se está cumpliendo el pronóstico que hicimos en el sentido de que la crisis tendría un comportamiento en forma de ‘V’, caeríamos hasta el fondo, como ocurrió en abril, pero saldríamos del hoyo, como de hecho ha venido sucediendo.

La economía empieza a crecer y, del millón de empleos formales perdidos, ya se han recuperado 500 mil. Pienso en que, en marzo próximo, lograremos alcanzar de nuevo los 20 millones 500 mil puestos de trabajo que tenía registrados el Instituto Mexicano del Seguro Social antes de la pandemia.

Otros datos favorables. A pesar de la crisis sanitaria, en los dos años que llevamos en el gobierno, nuestra moneda no se ha depreciado y los ingresos de la hacienda pública han disminuido muy poco, dos por ciento con relación al año pasado.

Sin embargo, la crisis económica que precipitó la pandemia afectó la actividad productiva y el crecimiento disminuyó en una proporción sin precedentes en los últimos 90 años. Por ello, aunque no contratamos deuda adicional, la consecuente pérdida de riqueza elevó la deuda pública de nuestro país, de 44.8 a 51.1 del Producto Interno Bruto nacional.

Esto mismo ha sucedido en todo el mundo, la deuda creció a partir de la pandemia en un promedio del 20 por ciento, y si abordamos este asunto desde ahora en el futuro, se va a convertir en otra amenaza para la estabilidad económica y al bienestar social.

En lo esencial, nuestra propuesta consiste en lo siguiente:

Uno. Hacer realidad el compromiso de quitar montos de deuda y del pago de servicio de la deuda a naciones pobres del mundo.

Dos. Garantizar que los países de ingresos medios puedan tener acceso a créditos con tasas de interés equivalentes a las que están vigentes en países desarrollados.

Agradezco a todas, a todos ustedes su atención y estoy seguro que la cooperación y la ayuda mutua permitirá a todas las naciones superar este doloroso periodo. Espero que seamos capaces de dejar en la historia un ejemplo de cómo hacer frente a una amenaza sanitaria mundial y a una grave crisis económica mediante la aplicación del principio de la fraternidad universal.