Por: Marissa Rivera

El 28 de diciembre el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que se cancelaban sus cansados y propagandísticos monólogos mañaneros. Esas mal llamadas “conferencias”, trasmitidas en vivo en todos los canales del Estado, en las que responde lo que él quiere y ataca, señala o despotrica contra lo que no le gusta o contra quien lo contradice.

“Ya no vamos a tener estos encuentros, estas “mañaneras”, porque hay más avance en la información, la mayoría de los medios de información en el país están cumpliendo con su responsabilidad de manera profesional, hay noticias ciertas, veraces, hay objetividad en los medios. De modo que ya no hace falta que estemos todas las mañanas aquí informando”, dijo AMLO.

Parecía una extraordinaria noticia, una especie de reconciliación con los medios de comunicación y los periodistas a quienes no se cansa de desacreditar o burlarse de ellos. De hecho, los ha llamado “chayoteros”, “neoliberales”, “conservadores” y hasta “adversarios”.

Sin embargo, como parte del guión matinal, llegó una de las tantas preguntas sembradas, para lucirse y acusar como todos los días a sus rivales y revelar que en realidad, la cancelación de las conferencias era una muy mala broma para los periodistas, por ser día de los Santos Inocentes.

En México, en los días 28 de diciembre se acostumbra hacer ese tipo de bromas, contar alguna noticia falsa y después de que alguien se la haya creído, decir: “inocente palomita que te dejaste engañar”. Pero difícilmente pudo haber engañado a los periodistas o a quienes escuchaban su conferencia. Era imposible que suspendiera sus apariciones públicas en tiempo electorales.

El Tribunal Electoral sin autonomía

No, señor. Eso no es para un presidente que sigue en campaña luego de dos años de estar en el cargo. El eterno candidato no podía perder los reflectores.

A finales de agosto pasado, el Instituto Nacional Electoral ordenó que del 5 de septiembre al 18 de octubre se suspendiera la trasmisión de las conferencias mañaneras de López Obrador en Coahuila e Hidalgo por considerarlas propaganda gubernamental.

De inmediato, Morena, el partido de AMLO, interpuso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) un recurso de apelación contra la medida. Así fue como el 2 de septiembre el Tribunal dejó sin efecto el acuerdo del INE. La trasmisión de las conferencias jamás se suspendió y nuevamente, la autonomía del TEPJF quedó vulnerada.

Una vez más, el órgano encargado de validar las elecciones en México fallaba a favor del presidente y su partido.

Las elecciones más grandes en la historia de México

El próximo 6 de junio se renovarán 15 gobiernos estatales, 500 diputaciones federales, 30 congresos locales, 1900 ayuntamientos y juntas municipales.

Son elecciones muy importantes para López Obrador. Es fundamental ganar la mayor cantidad de posiciones en la Cámara de Diputados para que él pueda continuar con su proyecto político y hacer lo que le venga en gana, tal como lo ha hecho durante estos dos primeros años de su administración.

AMLO no ha dejado nunca de hacer campaña. Lo ha hecho desde 2006, cuando fue candidato a la presidencia de México por primera vez. Ahora, 14 años después, ya como presidente, continua en campaña.

Mantiene la narrativa de austeridad, que le atrajo muchas simpatías. Pero esa sobriedad la ha llevado a tal extremo que ha perjudicado a diversos sectores. No hay dinero para comprar medicamentos para niños con cáncer. Desaparecieron fideicomisos que, según él, constituyen ahorros. Se acabaron las guarderías. La ciencia y la investigación se quedaron sin apoyo. No hay recursos para atender desastres naturales. Ni financiamiento para pequeños productores.

Sin embargo, lo que nunca falta en un gobierno populista es presupuesto para programas sociales que consiguen votos. El chantaje populista que da dividendos.

Es probable que, ante las elecciones, el Instituto Nacional Electoral ordene la suspensión de las conferencias mañaneras del presidente. Aunque, por otro lado, también es previsible que el Tribunal Electoral del Poder Judicial nuevamente rechace la iniciativa y continúe el “descarado” acto de propaganda gubernamental de todos los días.

“Va por México”: la alianza que enfureció a AMLO

Tres partidos antagónicos, los principales opositores, se unieron para enfrentar al mandatario mexicano. El Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) acordaron una alianza para recuperar el equilibrio de poderes en la Cámara de Diputados. Se trata de un frente común contra Andrés Manuel López Obrador con el objetivo de arrebatarle a Morena la mayoría que hoy ostenta en el Congreso.

Los tres partidos registraron oficialmente su coalición “Va por México” ante el Instituto Nacional Electoral (INE), “para evitar que México sea devorado por el proyecto político totalitario del presidente López Obrador”. Se trata de una coalición parcial en por lo menos 171 de los 300 distritos electorales del país, para vencer a Morena. Según las últimas encuestas, si las elecciones fueran hoy, dicho partido tendría la mayoría de los votos.

El gobierno de AMLO es destructivo y el propósito de la coalición es generar contrapesos y corregir el rumbo del país en materia económica, sanitaria y de seguridad, aseguran sus impulsores.

A López Obrador le irritó que sus adversarios se unieran y aprovechó el escenario mañanero de todos los días para atacarlos. Despotricó contra ellos y calificó a la alianza como un engaño a la población:

“Los partidos que dominaron el país durante mucho tiempo tenían dueño, un grupo “oligarca” que utilizaba a un partido de acuerdo con lo que le convenía, y que si se desgastaba recurría otro para que se aparentara que había cambios. Era lo que se llamaba gatopardismo, consiste en que las cosas en apariencia cambian para seguir igual”, dijo AMLO.

Critica la alianza, pero calla su propio pasado. Cuando ocupó el cargo de la presidencia del PRD entre 1996 y 1999, apoyó una alianza con el PAN para ganarle al PRI una gubernatura. También omite que en sus intentos por llegar a la Presidencia de la República siempre compitió apoyado en coaliciones partidistas. En 2006, con el PRD, Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC). En 2012, con PRD, PT y MC. Y en 2018, ya con su partido, Morena junto con el PT y el Partido Encuentro Social (PES).

¿Acaso la coalición saca de quicio al presidente AMLO? ¿Lo inquieta? ¿Le da miedo? Tal vez las tres, porque en su inmenso deseo de poder no acepta la posibilidad de que Morena pierda la mayoría en el Congreso de la Unión, allí donde se toman las decisiones relativas al dinero.

El “duro” editorial de The Financial Times contra AMLO

Al comienzo de la pandemia, el diario británico The Financial Times publicó un editorial titulado “La tragedia presidencial que se desarrolla en México”. Señaló que, debido al comportamiento errático de AMLO en el manejo del nuevo coronavirus, el país tendría una crisis mucho más grave que otros países. Incluso comparó al mandatario con otros “compañeros populistas” de América Latina que han enfrentado la pandemia de la peor manera.

El artículo planteó la urgencia de que la oposición y los empresarios formaran un frente común para no terminar como Venezuela. Antes podía creerse que López Obrador no era un líder populista como Hugo Chávez pero el artículo indica que dicha percepción ha cambiado. Concretamente, llamó a “lanzar desafíos legales contra las políticas más cuestionables de AMLO», concluyendo que «la terrible catástrofe humanitaria de Venezuela es una clara advertencia de lo que otros cuatro años de López Obrador podrían hacerle a México».

El balance anual

El 2020 ha sido un año difícil para México. Todos los mexicanos, unos más que otros, han padecido los estragos, tanto en lo económico, en la inseguridad y de la equivocada estrategia frente a la pandemia. He allí los tres temas que la oposición, sin duda, enarbolará, ante el «todo está muy bien» de los discursos presidenciales.

Por su parte, AMLO tendrá el control de sus programas clientelares y de las vacunas contra el COVID-19. No estará presente en las boletas, pero no por ello dejará de influir en las elecciones. Lo que tanto cuestionaba antes, ahora no lo podrá evitar.

El eterno candidato seguirá en campaña con su trillado discurso de cercanía al pueblo, de no mentir, no robar, no traicionar. Pero, por otro lado, está su desmedida obsesión de controlar los poderes legislativo y judicial. Al ejército ya lo tiene en los bolsillos.

Un buen populista desconfía de todos, menos de él.

Fuente: Panampost