FRANCISCO RODRÍGUEZ

Las funciones prioritarias de la próxima nueva mayoría en la Cámara de Diputados son muy claras: legislar para controlar y sustituir el poder presidencial omnímodo, establecer los exámenes médicos y psicológicos a quien ostente el mando, supervisar la honradez de la familia presidencial y sujetar el presupuesto a controles con penas severas. Entre otras, éstas son las urgentes e importantes.‎ Son las que reclama la Nación.

Durante muchas décadas, bajo el dominio el PRIAN, la sociedad mexicana se dejó llevar montada y amordazada sobre una ola de algunos indicadores que reflejaban cierta movilidad de las llamadas clases medias, así como por falsas filantropías gubernamentales que regían y orientaban el ritmo y el rumbo de la opinión pública.

Esto fue posible debido al manejo presidencial de sentimentalismos patrioteros, símbolos nacionales y religiosos, proclamas, banderas y promesas que tenían el objetivo de doblegar la memoria histórica y disfrazar intenciones realmente monárquicas. El boato y el esplendor no estuvieron ausentes.

Las instituciones eran inapelables, no estaban sujetas al escrutinio popular y se regían por una especie de fatalismo determinista. Y aun así, debían ser asumidas, respetadas y obedecidas, como principio de lo que después se convirtió en despotismo no ilustrado, que tardaremos mucho tiempo lamentando.

Con el PRIAN, ignorábamos lo que se fraguaba detrás del telón

Un poco de estabilidad económica de los gobiernos prianistas paralizaba las críticas y transformaba la conciencia colectiva en pasiva defensora del orden autoritario. Sabíamos todo lo que nos recetaban desde el extranjero para acrecentar la desinformación y la despolitización, los absurdos pilares sobre los que se edificaron actividades corruptas, represión incalificable, intolerancia supina y pobreza rampante y generalizada. No sabíamos en realidad quiénes éramos. No habíamos tomado conciencia del ser.

Los mexicanos, según el régimen presidencialista de turno, no teníamos por qué saber lo que se fraguaba detrás del telón en ese teatro democrático. Lejos estábamos de imaginar cómo se pactaban los acuerdos en los sectores supuestamente modernizadores de sexenios sin pena ni gloria. Cuáles eran los dividendos de los actores políticos, cómo se repartía el resultado del poder entre muy pocos privilegiados del sistema.

Era el resultado lógico de la acumulación indiscriminada y sin sentido de los recursos de todos. La economía de los propietarios había sido encubierta por las políticas oficiales proteccionistas, productoras de utilidades ubérrimas, relegando la inversión a tapar los fundamentos de la estabilidad disfrazada de progreso.

Apoyado por el poder financiero local y exterior, el presidencialismo autocrático creó mitos extravagantes: todos los habitantes daban por hecho que los sistemas políticos, las cuestiones electorales, las votaciones en las Cámaras, los fallos de las judicaturas, los procederes gubernamentales, operaban con escrúpulos democráticos.

Ya no es funcional el sistema surgido de la Constitución de Filadelfia

A base de tanto estirar la liga, ha llegado la hora del retorno al nacionalismo democrático moderno que, tomando en cuenta a todos los sectores y regiones en juego, recupere el tiempo perdido en la protección de los recursos naturales, la generación de energías sustentables y la aplicación puntual de las leyes laborales, urbanas, agrarias, electorales, entre muchas otras, en un plano de equidad, competitividad internacional, acceso a la civilización y la cultura.

El cambio del modito presidencialista de Tepetitán es un asunto de la mayor envergadura. No podemos soslayar lo que acontece en Estados Unidos y alrededor nuestro en todos los ámbitos, para también presentar un nuevo rostro al mundo. Un perfil de profesionalismo y seriedad.

No puede ser ejemplo nuestro la defensa a ultranza que hicieron los teóricos norteamericanos sobre la funcionalidad del sistema presidencialista surgido de la Constitución de Filadelfia, pues ésta se asentó sobre la necesidad ‎de contar con un Ejecutivo fuerte que hiciera contrapeso al poder omnímodo del rey de Inglaterra.

Modernizar las herramientas de control constitucional al abuso del poder

Por el contrario, en México urge acotar en la práctica aunque sea, la omnipotencia del poder unipersonal, fijando las reglas precisas a que deba someterse en el futuro inmediato. Llegó la hora de la fuga hacia atrás del presidencialismo monocorde. Aunque tengan que usarse procedimientos parlamentarios, un régimen yuxtapuesto en la práctica, para la supervivencia.

Si se busca la independencia y la soberanía como prima ratio y se trata de conformar la construcción de un frente nacionalista, hace falta modernizar nuestras herramientas de control constitucional al abuso del poder como lo hemos vivido estos dos años, con la suficiente sensibilidad para entender que ahora es el estado y su régimen político los que deben adecuarse a lo que quiere la Nación.

Tomar lo mejor de otras experiencias constitucionales evitando la tentación de la copia en seco, vinculando al modelo político con el resurgimiento de los programas de desarrollo del mercado interno. Asumir con sensatez y sentido común que el pacto federal implica también un gran acuerdo de transición, dentro del respeto a los equilibrios productivos y fiscales. Adecuar las leyes laborales y energéticas a los requerida del nuevo tratado comercial.

La presidencia omnímoda no puede quedar en manos de un autócrata

Lo anterior quiere decir que la Federación tendrá que recomponerse con los pesos específicos y los perfiles distintivos que corresponden a cada porción de su organización territorial, de su composición demográfica, de sus aportes a las grandes cuentas nacionales. Tendrá que hacerse con el sentido común de por medio.

La base tendrá que ser aquélla que ofrezca mejores equilibrios y garantías de seguridad para arribar finalmente a una democracia fuerte, generosa y gobernable, mejor equipada para resolver sin trifulcas inventadas las ancestrales carencias, y mejor constituida para hacer frente a las asechanzas del exterior.

Después de la amarga experiencia que vivimos los últimos dos años, la presidencia omnímoda no puede quedar en manos de un autócrata descocado, sin rienda posible. Tendremos que crear los mecanismos de control y de sustitución del personaje, antes de que ya no tengamos hacia donde ir. fue un tortuoso camino, pero algo habremos aprendido.

‎Si no lo hacemos ahora, sería condenar al país entero al suicidio, a la desaparición del Estado, a la extinción de la Nación.

El gran desafío: amor a la patria, valor y lealtad al pueblo de México

En todas las medidas que se tomen, deberá prevalecer, antes que nada, el sentido común, la sensatez, la proporción y la lógica, atributos que separan al ser humano de sus antecesores primates.‎ Para regresar al Ejército a los cuarteles, deberá recordarse que no es tan difícil, toda vez que el pacto de complicidad se concretó con un puñado de generales en realidad prescindibles, esencialmente corruptos.

Exigir legalmente al presidente que se someta rigurosamente a exámenes físicos, orgánicos y sustancialmente mentales, para que el Congreso constate que se encuentra en condiciones de un ser humano normal. Rasurarle las uñas a los familiares de Palacio para evitar que dispongan del patrimonio nacional para extender impunidad a quienes se les antoje.

El gran desafío que enfrenta la coalición ganadora de la mayoría cameral el próximo seis de junio requiere amor a la patria, valor y lealtad al pueblo de México. Se dice fácil, pero no lo es. Cualquier charlatán ha pasado por patriota, y ya lo vimos: ha resultado ser un tirano, un mendaz demagogo y populista. Eso no puede volver a pasarnos.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: De los 448 que buscan la reelección, 444 están en funciones; 3 tienen licencia; y un suplente que no ha tomado posesión. De esta manera, se dio cumplimiento a la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que marcó la medianoche del 4 de enero como fecha límite para la recepción de solicitudes. Actualmente, Morena cuenta con 252 diputados federales, 232 de los cuales van por la elección consecutiva, lo que equivale a 92% de los actuales legisladores. El PAN, por su parte, busca que 64 de sus 77 diputados (83%) sean reelegidos. En tanto, el grupo parlamentario del PRI optaría por volver a candidatear a 43 de sus 48 diputados, equivalente al 89% de su actual bancada. El PT lanzaría al 93% de sus actuales diputados, incluido Gerardo Fernández Noroña, pues 46 de sus 43 legisladores buscan la elección consecutiva; 22 de los 27 diputados de Movimiento Ciudadano también buscan la reelección; también 22 de los 24 del PES; y 7 de los 12 del PRD. Los 11 diputados del Partido Verde y los tres independientes también harían lo propio.

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