FRANCISCO RODRÍGUEZ

En la imagen patética y calamitosa del “caudillo” se refleja el drama de un país demolido. Si eso fue lo que los estrategas de la publicidad quisieron enseñar, lo lograron. Ni quién planchara la chaquetita de abandonado que se cargaba en el video. No hay quien lo atienda, ni en lo político imposible, ni en su aspecto personal, por miedo a perder sus puestos. Nadie lo cuida, vale subrayar.

En el video difundido la tarde del viernes 29 de enero se revela en toda su tragedia el problema de haber llegado al poder nada más porque sí, por una obstinación pueril, por un capricho, por querer mandar y encaramarse sobre los demás, un laberinto sin salida posible.

Llegar al poder sin objetivo republicano, sin razón, sin programa, sin planes alternativos, sin rutas de emergencia, sin equipo humano preparado para gobernar en la ausencia temporal o definitiva, sin saber con qué se come eso de la leyes, de la administración, del aparato burocrático, sin respetos mínimos al pueblo… es para causar lástima e indignación.

Llegar al poder sólo para servirle de escalón y de tapadera a los aprovechados, para encubrir delincuentes de toda estofa, desde los de cuello blanco hasta los de pistola sucia… es desgarrador.

Es desgarrador y demasiado chabacano

Llegar al poder sólo para ser el enano del tapanco, amenazador e incapaz, el Tartufo o el Tancredo de la historia patria, es no sólo una insensatez, un atrevimiento mayor, sino un delito grave de traición a quienes votaron por hastío, y a cualquier principio elemental de mando y de sistema.

Llegar al poder sólo para ser el ejemplo mundial del ridículo, el que cuando todo va realmente mal busca el pretexto para esconderse, antes en las giras a provincia, hoy para victimizarse y provocar la compasión popular ante las próximas elecciones… es demasiado chabacano.

Llegar al poder para que un lambiscón como Pimeño Ibarra lo convenza de aparecer en un video diciendo vacuna “espuni” y que lo mostró al país como un desechable sin el desparpajo y los arrebatos de irresponsabilidad que lo caracterizaban cuando estaba más o menos estable su precario estado de salud… es desgarrador.

Es lamentable, más de lo que se puede aguantar

Llegar al poder sólo para reconocer que todo ha sido un desastre y una simulación –incluida la vida familiar– la corrupción desatada e irrefrenable en su círculo íntimo, más solo que la una. Para tener agorzomada a su gente de confianza, para que nadie se mueva por miedo al despido y a las intrigas de los favoritos más cercanos, plantea una crisis irresoluble.

Llegar al poder sólo para inodar a los hijos en las negociaciones con los grandes delincuentes y con los líderes charros petroleros y establecer los montos y los moches para concederles la impunidad, para poner el candado de que su sucesora sea la florero de Gobernación, incapacitada para casi todo… es demasiado lamentable.

Llegar al poder sólo para destruir la economía, la política y el Estado, las bases esenciales del poder, es un producto de la ignorancia y de la perversidad, un eructo del complejo profundo nacido del maltrato infantil y de la falta de importancia personal en su trayecto de vida.

Llegar al poder sólo para tener treinta o cuarenta sicarios de la prensa “alternativa” en las “mañaneras” y someterlos por la vía del chanchullo y la maleta a apechugar las consignas, las preguntas a modo y los maltratos a su condición de paniaguados, es más de lo que se puede aguantar.

No le alcanza para salir de Palacio como Benito Juárez

La bala perdida que buscaba entre la multitud para pasar derechito a la inmortalidad llegó en forma de accidente vascular cerebral agudo. No sé si le alcance para poder salir del Palacio Nacional igual que Benito Juárez. Porque lo demás, definitivamente no.

De nada sirvió rendir cuentas sólo ante el populacho. Buscar el aplauso de los olvidados, ser el rey de los tuertos en el mundo de los ciegos. Hasta esa falsa popularidad se diluyó como el agua entre las manos, cada vez que la franja de engañados comprobó que no hay respuesta ante los reclamos más urgentes del sistema, como ése de las vacunas contra el coronavirus, que hoy usa para hacerse la víctima de su cerebro.

Insistir en las eternas transferencias de todos los recursos, estén donde estén, para engordar las bolsas repartidoras de los operadores de los padrones electorales que no han sabido manejar los recursos, insistir en fortalecer al quebrado Pemex, a la Guardia Nacional impreparada para disuadir a los matones de a deveras, engordar los caldos de los inoportunos de siempre, ya no debe ser el sursum corda de las zarandajas.

Un mundo de ignorancia y de soberbia sin parangón

Nunca hubo idea para afrontar al México real. Ni idea de gobierno, ni idea de Estado. Ni programas, ni operadores, ni objetivos, ni rutas para llegar a ellos. Infiltrados hasta la médula por los fruncionarios de siempre en las posiciones estratégicas. Los que decían que ordenaba, sólo obedecían a inverecundos que se cansaron de fallar, y de asaltar en despoblado.

El esfuerzo inútil y la falta de idea y decisiones para impedir la debacle provocada desde hace dos años, hoy está frente a su propio espejo, el que retrata el enigmático y archi conocido límite de los desprotegidos, el real círculo cuadrado.

No hay para dónde hacerse, no hay a quién preguntarle cómo se hace, porque todos están paralizados ante el despido, todos se enfrentan, igual que nosotros, el pueblo, a un mundo de ignorancia y soberbia que no tiene parangón en las historias sexenales. Llegamos al lugar sin límites.

No hubo una sola obra que hable más o menos bien, un solo empleo formal remunerado, una sola inversión, un solo pronunciamiento esperanzador, un presupuesto que tuviera sustento, algo que salvara al país del precipicio. Sólo un ratón sin cabeza. Porque la cabeza huyó despavorida del ratón.

Tras estarlo invocando, ahora parece que ya llegó el lobo

La ambición se convierte en un imposible cuando ya no hay nadie sobre quién mandar. Así se vuelva a reunir mil veces con los emprendedores de empleos, éstos salvarán el pellejo aparentando que oyen las promesas de apoyo, pero la desconfianza y la incertidumbre prevalecerán, las sospechas permanentes del régimen y la falta de garantías a las inversiones, ésas, no volverán.

Y ahora parece que sí llegó el lobo, a base de tanto estarlo invocando. La cabeza del gobierno y del Estado, el jefe de las Fuerzas Armadas, del presupuesto y de las carreras políticas, está tocado. No importa ya que se victimice. Todo mundo sabe que sí es real.

Y que, aunque quiso resucitar al tercer día, ya no es posible.

Más le vale cuidarse, si quiere que quede algo.

Sic transit gloria mundi.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Ricardo Cortés, director de Promoción de la Salud de la SSA, informó la noche del sábado que el Presidente de la República va a la mitad de su periodo de aislamiento tras su contagio de Covid-19.

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