Francisco Garfias

“¡Fuera Mario traidor!” se leía en la manta colgada en la puerta principal de la casa-sede nacional de Morena en la Ciudad de México.

La casa, ubicada en la calle de Chihuahua, se encuentra ocupada por dirigentes y militantes de una veintena de estados.

La estampa refleja que las cosas no pintan bien para el partido en el poder en año electoral.

Los ocupantes denuncian “dedazos” –disfrazados de encuestas– de Mario Delgado para imponer a sus candidatos.

El partido oficial está dividido. La sensibilidad no abunda. La candidatura de Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero, acusado de violación, tendrá un muy alto costo en el electorado femenino.

Mal presagio para la 4T. En cinco meses se realizarán elecciones intermedias cruciales para la consolidación de la Cuarta Transformación.

Si no mantienen la mayoría en la Cámara de Diputados perderán el control en el manejo del Presupuesto.

No podrían disponer del libre manejo del dinero, ni desaparecer más programas a gusto del Presidente. Tendrían que negociar con la oposición, a la que han ignorado en los últimos dos años, para fondear sus programas sociales.

Además de la renovación total de la Cámara baja, están en juego 15 gubernaturas, 30 congresos locales y mil 926 ayuntamientos y juntas municipales.

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La oposición tiene claro que es una oportunidad única para frenar el centralismo, las decisiones unilaterales del autócrata de Palacio y el restablecimiento de los equilibrios perdidos hace dos años.

PRI, PAN y PRD hicieron a un lado sus diferencias ideológicas para conformar una coalición que denominaron Sí por México en la que participan organizaciones ciudadanas. Irán juntos en 180 de los 300 distritos electorales.

Hasta allí, todo bien. La bronca vino a la hora de definir las candidaturas. La alianza, la paridad de género, las cuotas y los cuates redujeron los espacios a la meritocracia.

En el PAN tuvieron que pagar con espacios el regreso del hijo pródigo, Felipe Calderón, y su esposa. Margarita Zavala va por dos vías. Está en la lista pluri y va por mayoría en el distrito diez –cuestión de asegurarle una curul.

El número uno en la lista de la quinta circunscripción lo ocupa un personaje controvertido que parece dueño del partido en la CDMX, Jorge Romero.

El buen Santiago Creel es número tres en la pluri. Los exgobernadores Ramírez Acuña, Jalisco; Ignacio Loyola, Querétaro; y Juan Carlos Romero Hicks, Guanajuato; junto con la exdirigente nacional Ceci Romero, parecen tener la curul asegurada.

Hay lastimados. Están en la lista, pero abajo. Es el caso de Juan José Rodríguez Prats, uno de los mejores parlamentarios que ha tenido Acción Nacional.

Está en el lugar 10 de la lista de su circunscripción –en 2018 entraron siete– y va como candidato de mayoría en la 3a circunscripción, que incluye el estado de Tabasco, la tierra de AMLO.

“El PAN olvidó lo más elemental: los perfiles parlamentarios. Requiere gente que sepa deliberar y defender el Poder Legislativo. AMLO odia al Poder Legislativo. A mí me lo dijo”, asegura el panista. Se siente con un pie dentro y otro fuera. De todos modos, va a dar su “última lucha”.

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En el PRI hubo agandalle. Los integrantes de la dirigencia se pusieron en los primeros lugares de la lista pluri. Alejandro Moreno, presidente del CEN; Carolina Viggiano, secretaria general, y su marido, el diputado Rubén Moreira, encabezan las pluris.

Completan varios mexiquenses y gente de José Murat. En buen lugar está el exgobernador de Durango, Ismael Hernández Deras, y de Zacatecas, Miguel Alonso.

Nada para la gente de Manlio. Ildefonso Guajardo, secretario de Economía con Peña, va en el lugar cinco en su circunscripción. Pablo, hijo de Emilio Gamboa, también es quinto en la suya

Algo similar ocurrió en el PRD con los Chuchos. Nadie de la corriente Galileos. Uno que quería y lo dejaron fuera es Fernando Belaunzarán. Quería buscar una diputación de mayoría por el distrito donde está la alcaldía Cuauhtémoc.

Querían mandarlo a Iztapalapa a jugar el papel de “Juan Escutia”. No aceptó. Ese distrito local lo tiene asegurado Morena.

Para no hacerlo candidato en el distrito que incluye Cuauhtémoc le dijeron, primero, que iba a ser Humberto Lozano. Luego, que le tocaba a una mujer. Total, que se quedó sin nada.

No se hace malas pulgas. Va a trabajar por los candidatos de la coalición Sí por México.

En síntesis: nadie aprendió la lección.

Publicado en Excelsior