FRANCISCO RODRÍGUEZ

 No. No me refiero a quienes viven en las entidades de la República.

Llamar provincia a los estados que componen nuestra Federación siempre me ha parecido un desacierto y hasta un agravio, toda vez que la raíz etimológica de la palabreja es pro vincitore, esto es: “tierras dadas a los vencedores de guerras extranjeras”.

El provincianismo, en realidad, es una actitud mental de quienes solamente puede leer la realidad desde su particular estrechez de miras.

Se trata de una mentalidad típica de estos tiempos paradójicos.

Puedes, por ejemplo, pertenecer a esa élite político-cultural que conforman los hipsters y comportarte como un provinciano de libro.

Quizá esa sea la auténtica marca de identidad de este tipo de intelectualidad global.

Pero el provincianismo, aunque se vista de universalidad, sigue siendo un planteamiento rústico e insulso.

Y esta semana vimos a un Andrés Manuel López Obrador –quien nos cobra a los pagaimpuestos por ser Presidente de la República– muy, pero muy provinciano.

Tosco y hosco en un ambiente donde su lenguaje corporal expresaba sentirse fuera de lugar. Leyendo más lento que de costumbre. Siguiendo las líneas escritas con su dedo, como escolapio recién alfabetizado.

Y lo peor: todo ese “oso” para prácticamente nada.

No le dieron las 300 mil visas de trabajo que su paisano Adán Augusto López había adelantado que obtendría, pues no las otorga el Ejecutivo sino el Congreso.

No consiguió la libertad de Julian Assange.

Y obvio: tampoco empezó a demoler la estatua de La Libertad.

Antes que recibir, AMLO fue a dar.

Como la proyección de su imagen, una posición lastimosa.

Porque fue a darles el doble de la dotación de gasolina en la frontera norte para que más estadounidenses compren gasolina que subsidiamos los pagaimpuestos y, entre otras cosas, continuará utilizando a las Fuerzas Armadas como feroces e inhumanos agentes migratorios en la frontera sur, amén de que se van a reforzar las garitas fronterizas con Estados Unidos para brindarles mayor seguridad a los gabachos y en lo cual se gastarán 31 mil millones de pesos…

Bien dicen que, en lugar de ir a Washington, AMLO fue a Dallas…

Teasers y primeras planas

Pero no sólo López Obrador se vio provinciano en estos días. También nuestros medios de comunicación. Los formales, al menos.

Fotografías en primera plana.

Salvo excepciones, un gran despliegue de notas informativas sobre lo que no sucedió en la Casa Blanca.

Lo mismo en la radio y en la televisión.

Sus notas principales, bien ilustradas con imágenes muuuy seleccionadas, dedicadas a narrar la “gesta heroica” de quien cruzó el Potomac sin siquiera mojarse.

¡No’mbre! ¡Qué bárbaro! ¡Dejó pasmados a los políticos de allá del otro lado!

Provincianismo puro contrastante con el silencio generalizado de los mass media grigous.

Una actitud que se entendía durante el pripanato –por los subsidios, por la publicidad, por los chayos–, pero que resulta incongruente en una prensa que se asume independiente.

A ver cuando lo consigue.

Indicios

Primero fue la prensa regiomontana. Llegó a lo que ahora es CDMX y refrescó el acartonado estilo de hacer periodismo, aunque muy pronto fue absorbida por la inercia. Ahora es la prensa extranjera, particularmente el diario hispano El País el que llega a dar lecciones de investigación y publicación de reportajes que aquí tienen tiempo que no se llevan a cabo. La divulgación de los audios en los que se escucha a Emilio Lozoya Thalmann negociar con personeros de la Fiscalía General de la República la gran farsa de la lucha contra la corrupción de este sexenio y el anuncio de la venta del departamento de lujo que en Madrid todavía tiene el expresidente Enrique Peña Nieto son apenas dos ejemplos recientes. * * * Acá, en cambio, la gran nota es la persecución a Raymundo Collins Flores en Washington para intentar arrancarle ¡una declaración! De eso están hechos los diarios y los noticieros: de boletines y de declaraciones. Nada más. * * * Y ahora es Layda Sansores, mandataria de Campeche, quien fue exhibida con la filtración de sendos audios –también obtenidos ilegalmente– de uno de sus sobrinos pidiendo un moche del 10% a constructores de un complejo de departamentos en lo que hoy es la alcaldía Álvaro Obregón, y otro en el que ella misma llama “mentecato… sin escrúpulos… arrogante… y una tragedia” para el país al Presidente López Obrador. Para tener la boca larga, hay que tener la cola corta, gobernadora. * * * Hace poco usted leyó aquí, sobre la exigencia de que AMLO cambie su estrategia de “abrazos y no balazos” frente a la delincuencia que “lo que se le demanda es la aprehensión de los delincuentes, como en su momento también se les exigió a sus antecesores. Y que, ya aprehendidos, se les someta a juicio. Y que si el juzgador los condena, que paguen en prisión por sus delitos. Eso es respetar y hacer respetar la ley.” Pues bien. Eso fue lo que, con inteligencia –de ambas– llevó a cabo hace unos días el secretario de Seguridad del gobierno de CDMX Omar García Harfuch, en la alcaldía Tlalpan que, paradójicamente, Claudia Sheinbaum dejó en manos de las bandas criminales hasta que llegaron elementos del Cartel de Sinaloa a querer desbancarlos. De raza le viene al galgo, don Omar. Da gusto contar también lo bueno. * * * Y por hoy es todo. Le agradezco la lectura de este texto y le deseo, como siempre, un feliz fin de semana, ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

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