El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, disputará el domingo las elecciones más reñidas desde su llegada al poder, al enfrentarse por primera vez en 20 años a una oposición unida en un país en crisis. A sus 69 años, Erdogan está decidido a permanecer cinco años más al frente de Turquía, un país de 85 millones de habitantes que ha transformado profundamente y que ahora sufre una grave crisis económica.

Se enfrenta a dos contendientes, pero sólo uno de peso: Kemal Kiliçdaroglu, de 74 años, candidato de una alianza de seis partidos de la oposición que van desde la derecha nacionalista a la izquierda democrática, y dominada por el CHP (socialdemócrata), fundado por el padre de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk. Kiliçdaroglu también recibió el apoyo sin precedentes del partido prokurdo HDP, tercera fuerza política del país.

Si gana, el opositor se convertiría en el decimotercer presidente de la república turca —que este año cumple 100 años—, sucediendo al largo mandato de Erdogan, el más longevo desde la caída del Imperio otomano. Un cuarto candidato, Muharrem Ince, que según las últimas encuestas tenía entre 2% y 4% de intención de voto, se retiró a último minuto de la contienda, lo que beneficiaría a Kiliçdaroglu.

Los turcos deberán elegir entre el AKP islamoconservador de Erdogan, con una práctica cada vez más autocrática del poder —16 mil 753 inculpaciones en 2022 por «insultar al presidente», según estadísticas del ministerio de Justicia— y el CHP laico de Kiliçdaroglu. Los 64 millones de electores votarán también para renovar el Parlamento.

Los sondeos pronostican unas presidenciales muy reñidas. Ambos bandos están convencidos de obtener la victoria en una sola vuelta. De lo contrario se celebrará una segunda el 28 de mayo. Kiliçdaroglu abordó rápidamente lo que podría parecer un obstáculo para su campaña en una Turquía predominantemente sunita: su pertenencia al alevismo. En un video que se volvió viral en las redes sociales reconoció públicamente su adhesión a esta rama heterodoxa del islam.

Promete «justicia, derecho y apaciguamiento» en todos los temas, desde la economía al poder adquisitivo (la inflación en Turquía superó el 85% en octubre), pasando por las libertades públicas. En un país sumido en una grave crisis económica y de confianza, donde jóvenes diplomados, ingenieros y médicos buscan irse, el omnipresente Erdogan lucha a brazo partido por salvar su legado y puede contar con un 30% de incondicionales.

El bando del «Reis» —como lo llaman sus partidarios— maneja las promesas de campaña con cifras e invectivas, acusa a sus rivales de connivencia con los «terroristas» del PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, denigra sus vínculos con Occidente y sus «conspiraciones», y los presenta como «pro-LGBT» que quieren «destruir la familia». Poco más de 5 millones de jóvenes votarán por primera vez. 

Estos han vivido siempre en una Turquía dirigida por Erdogan, con su deriva autocrática desde las grandes manifestaciones de 2013 y el fallido golpe de Estado de 2016 que se saldó con decenas de miles de arrestos.

«La primavera llegará gracias a ustedes», les dijo Kiliçdaroglu en un mitin.

Según una encuesta del instituto Metropoll, la mayoría de los jóvenes de entre 18 y 24 lo apoyan. Otro interrogante de los comicios es el impacto del terremoto del 6 de febrero, que dejó más de 50 mil muertos y un número desconocido de desaparecidos en el sur del país. Los sobrevivientes, que denuncian que la ayuda llegó tarde, están hoy diseminados por todo el país o viven bajo carpas.

Esta situación se suma a la preocupación sobre la imparcialidad del proceso electoral y el «estado de la democracia» en Turquía, advirtió el Consejo de Europa, que enviará 350 observadores, además de los designados por los partidos, a los 50 mil colegios electorales. El vicepresidente del CHP encargado de la seguridad electoral, Oguz Kaan Salici, se mostró optimista. «No vivimos en una república bananera», declaró.

Según un diplomático que pidió el anonimato, Turquía está apegada al principio de las elecciones. «Incluso en los tiempos en que los militares daban un golpe de Estado cada diez años, ponían su poder en juego en las urnas», dijo. Pese a esto, Kiliçdaroglu pidió a sus partidarios «quedarse en sus casas» en caso de victoria, por miedo a que estallen enfrentamientos.

Mientras tanto, Erdogan ocupa el terreno: según el Consejo Superior de Radio y Televisión (RTük), entre el 1 de abril y el 1 de mayo, la televisión estatal TRT dio 32 horas de cobertura en directo a los discursos presidenciales y 32 minutos a Kiliçdaroglu.

Con información de AFP