La pandemia de COVID-19 ha dejado una huella indeleble en la industria del turismo a nivel mundial. La restricción a sitios de amplio aforo y la necesidad de mantener el distanciamiento social han llevado a un replanteamiento completo de cómo las personas pasan su tiempo libre y sus periodos vacacionales. En este contexto desafiante, dos expertos en turismo y agroindustria de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Jesús Alexander Millán Cen y Humberto Thomé Ortiz, proponen el turismo rural como una alternativa sustentable para disfrutar de la naturaleza y contribuir a la reactivación de economías locales.

En su artículo titulado «Otro mundo es posible: turismo en el campo mexiquense», publicado en la revista Universitaria, Millán Cen y Thomé Ortiz exploran un modelo de turismo rural implementado en Amanalco, Donato Guerra y Temascaltepec, al sur del Estado de México. Este enfoque se basa en la premisa de aprovechar los espacios naturales y la riqueza cultural de estas regiones para brindar a los visitantes experiencias auténticas y enriquecedoras.

Uno de los aspectos más destacados de esta iniciativa es el papel fundamental de la Junta de Pueblos Originarios Coordinados para el Bosque y el Turismo (POCBOTU), una organización que ha logrado unir a las comunidades locales en la promoción y desarrollo del turismo rural. Entre sus logros más notables se encuentran la organización de ferias gastronómicas, artesanales y agropecuarias que han atraído a visitantes ávidos de conocer y apreciar los tesoros culturales y naturales de la región.

La propuesta de Millán Cen y Thomé Ortiz va más allá de simplemente ofrecer un nuevo destino turístico; aborda cuestiones clave como la reducción de las desigualdades económicas y sociales. Al involucrar a las comunidades locales en el diseño y la implementación de las actividades turísticas, se crea una oportunidad genuina para que los habitantes locales participen activamente en la economía turística y mejoren sus condiciones de vida. Esto no solo beneficia a los residentes locales, sino que también promueve la sostenibilidad a largo plazo al garantizar que los beneficios del turismo lleguen a quienes más lo necesitan.

El turismo rural, como lo explican Millán Cen y Thomé Ortiz, se centra en ofrecer experiencias significativas a los visitantes. Estas experiencias pueden variar desde la posibilidad de trabajar en una granja local, aprender sobre la agricultura tradicional y participar en actividades culturales auténticas hasta explorar hermosos paisajes naturales. En tiempos de pandemia, donde la conexión con la naturaleza y las comunidades locales cobra un valor aún mayor, el turismo rural se presenta como una opción atractiva para aquellos que buscan escapar de las aglomeraciones urbanas y abrazar un enfoque más tranquilo y sostenible para sus vacaciones.

Además de los aspectos económicos y sociales, el turismo rural también desempeña un papel fundamental en la conservación de los recursos naturales. Al promover una mayor conciencia ambiental entre los visitantes y alentar prácticas sostenibles, se contribuye a la preservación de los ecosistemas locales. Los turistas pueden aprender sobre la importancia de la biodiversidad, la protección de los bosques y la gestión sostenible de los recursos naturales, lo que a su vez puede generar un mayor apoyo a la conservación.

El artículo de Millán Cen y Thomé Ortiz destaca cómo el turismo rural en el Estado de México no solo es una respuesta a los desafíos de la pandemia, sino también una oportunidad para repensar la forma en que experimentamos nuestras vacaciones y tiempo libre. Invita a los lectores a considerar la belleza y la riqueza cultural que se encuentra en las áreas rurales, a la vez que promueve una mayor conciencia sobre la importancia de apoyar a las comunidades locales y proteger nuestro entorno natural.

Lee Universitaria (https://hemeroteca.uaemex.mx/index.php/universitaria) y entérate (https://revistauniversitaria.uaemex.mx/article/view/21666).