Ciudad de México, 23 de agosto de 2025. Antes de ser desmantelado por el actual gobierno, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dejó una última advertencia: las becas escolares en México son insuficientes para mejorar las condiciones de estudio de los menores y, en muchos casos, se utilizan para paliar el hambre.
La denuncia no solo revela el abandono educativo, sino la estrategia institucional para ocultarlo. Tras la eliminación del Coneval, sus funciones fueron transferidas al INEGI, que ha emitido cifras “alegres y falsificadas”, según especialistas, para maquillar la precariedad del sistema educativo. La desaparición del órgano evaluador no fue técnica: fue política. Se buscó silenciar la realidad.
El reporte final del Coneval es contundente: las becas no alcanzan para libros, transporte ni tecnología. En miles de hogares, se destinan a comida, porque el hambre pesa más que el cuaderno. La política educativa se ha convertido en asistencialismo sin visión, donde el subsidio reemplaza la garantía de derechos.
En zonas rurales y marginadas, los estudiantes enfrentan aulas sin equipamiento, maestros sin recursos y trayectos inseguros. La beca no transforma el entorno escolar: apenas sostiene la sobrevivencia. Y mientras el gobierno presume cobertura, oculta precariedad.
La niñez mexicana no necesita limosnas ni simulaciones estadísticas: necesita condiciones reales para aprender, crecer y transformar su entorno. Cada beca que se gasta en comida es un grito silencioso que denuncia que el aula no está siendo suficiente. Y cada estudiante que abandona la escuela por hambre, es una derrota del sistema que se niega a escuchar.

