En un mundo universitario marcado por la constante renovación tecnológica y académica, hay historias que recuerdan que la esencia de la educación también se construye con constancia, compromiso y amor por el conocimiento. Una de ellas es la de Mario Arturo Torres Díaz, quien suma 38 años de dedicación ininterrumpida a la formación del estudiantado y al fortalecimiento del acervo bibliográfico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), como el primer universitario adscrito a la Biblioteca “Wenceslao Labra” del Centro Universitario UAEM Zumpango.

La trayectoria de Torres Díaz se remonta al 19 de octubre de 1987, fecha en la que abrió sus puertas este espacio bibliográfico, entonces modesto pero lleno de aspiraciones. En sus inicios, la biblioteca contaba con apenas 35 volúmenes destinados a atender a cinco licenciaturas en las áreas de ciencias sociales y de la salud que se ofrecían en el municipio de Zumpango. Era un tiempo en el que el crecimiento del Centro Universitario exigía creatividad, esfuerzo colectivo y una profunda convicción institucional.

“El Centro Universitario se estaba consolidando y era indispensable contar con una biblioteca que respondiera a las necesidades de la comunidad estudiantil”, recordó Torres Díaz. Ante un acervo limitado, la solución fue recurrir al respaldo de la biblioteca municipal, así como al apoyo del gobierno local y de la propia universidad. Las condiciones materiales distaban mucho de las actuales: estanterías improvisadas con huacales, escritorios armados con tablas utilizadas para cimbra y mobiliario prestado o reutilizado de otras escuelas.

“Nuestras estanterías eran huacales donde colocábamos los libros. Todo fue prestado, hasta cierto punto, por el municipio y lo que sobraba de otras escuelas. Con mucho apoyo gubernamental y, por supuesto, institucional, este espacio se fue consolidando”, relató con la serenidad de quien ha visto transformarse un sueño en realidad.

Con apenas 23 años de edad, Mario Arturo Torres Díaz asumió el reto de hacer crecer el patrimonio bibliográfico del Centro Universitario. Más allá de cumplir con sus funciones administrativas, impulsó iniciativas propias que hoy forman parte de la identidad del recinto, como la donación de libros durante los procesos de titulación, una práctica que buscaba retribuir a la institución la formación académica brindada y, al mismo tiempo, fortalecer el acceso al conocimiento para las nuevas generaciones.

El resultado de casi cuatro décadas de trabajo es palpable. Actualmente, la Biblioteca “Wenceslao Labra” resguarda más de 46 mil 300 volúmenes y 43 mil 230 títulos, suficientes para cubrir las necesidades académicas de las 11 licenciaturas que hoy se imparten en el Centro Universitario UAEM Zumpango. A ello se suma una infraestructura moderna que incluye biblioteca digital, hemeroteca, mapoteca, servicio de audio y un salón electrónico con bases de datos actualizadas, abierto tanto a la comunidad universitaria como al público en general.

Más allá de las cifras, la huella de Torres Díaz se mide en generaciones de estudiantes atendidos con calidad, respeto y vocación de servicio. Su labor ha sido constante, silenciosa y fundamental para el desarrollo académico de la región. “La UAEMéx me ha permitido crecer como persona y fortalecerme intelectualmente. Me siento feliz y agradecido de trabajar aquí, porque me ha dado la oportunidad de apoyar a mi familia y, sobre todo, a nuestra comunidad”, expresó.

Con la misma sencillez con la que inició su camino entre libros y estanterías improvisadas, Mario Arturo Torres Díaz extiende hoy una invitación abierta a estudiantes y público en general para conocer los servicios de la Biblioteca “Wenceslao Labra”, un espacio que es reflejo de su historia personal y del compromiso permanente de la UAEMéx con la educación, la cultura y el conocimiento verde y oro.