En un ambiente cargado de simbolismo, identidad y memoria colectiva, la diputada Lety Mejía encabezó la presentación del libro “Bebidas Rituales de los Pueblos Originarios del Estado de México”, una obra que trasciende lo gastronómico para convertirse en un testimonio vivo de la cosmovisión, historia y resistencia cultural de las comunidades indígenas mexiquenses.
Desde el inicio de su intervención, Mejía marcó el tono del evento con un saludo en lengua mazahua, evocando no solo sus raíces, sino también la importancia de preservar las lenguas originarias como vehículos de identidad. Ese gesto no fue casual: fue una declaración de principios. La legisladora dejó claro que este libro no es simplemente una recopilación de recetas, sino un esfuerzo colectivo que reúne voces, saberes y tradiciones que han sobrevivido al paso del tiempo gracias a la transmisión oral y la práctica comunitaria.

La obra, de carácter etnográfico, surge como resultado del trabajo conjunto entre investigadores, cocineras tradicionales, productores y comunidades indígenas. Su objetivo principal es visibilizar la riqueza ritual y culinaria que permanece viva en los pueblos originarios del Estado de México. En palabras de la diputada, “cada bebida es memoria, ofrenda y palabra”, una síntesis que encapsula el profundo significado cultural que estas preparaciones tienen más allá de su valor nutritivo.

Durante la presentación, se destacó la participación de actores clave en la preservación de estos saberes, como cocineras tradicionales y guardianas del conocimiento ancestral, entre ellas Dolores Contreras, Agustina López Pablo y otras mujeres que han mantenido vivas estas prácticas. Su papel resulta fundamental, ya que son ellas quienes, desde los fogones y la vida cotidiana, transmiten técnicas, ingredientes y significados a las nuevas generaciones.
El libro ofrece un recorrido por diversas comunidades indígenas, entre ellas Mazahuas, Otomíes, Nahuas y Matlatzincas, mostrando la diversidad de bebidas rituales y su relación con celebraciones religiosas, ciclos agrícolas y eventos comunitarios. Por ejemplo, el atole agrio Mazahua, elaborado a partir de la fermentación del maíz negro, no solo es una bebida, sino un símbolo de identidad. De igual forma, el pulque, presente en múltiples comunidades, representa un vínculo directo con la tierra y los procesos naturales.
Otro ejemplo destacado es el “sarape”, bebida tradicional de los pueblos Otomíes y Matlatzincas, cuya elaboración requiere paciencia, conocimiento y un profundo respeto por los ingredientes. Este tipo de preparaciones no solo cumplen una función alimentaria, sino que forman parte de rituales donde lo espiritual y lo comunitario se entrelazan.
La diputada Mejía subrayó que la cocina tradicional, incluyendo sus bebidas, es un pilar fundamental de la identidad mexicana. Recordó que durante la legislatura anterior se impulsó la declaratoria del 17 de noviembre como el Día de la Cocina Tradicional Mexiquense, un logro importante para reconocer y promover este patrimonio cultural.

Sin embargo, también enfatizó que legislar no debe quedarse en el papel. En ese sentido, anunció avances en la armonización del artículo segundo constitucional en el Estado de México, con el objetivo de fortalecer los derechos de los pueblos indígenas. Este esfuerzo legislativo busca garantizar que la cultura viva no solo se reconozca, sino que se proteja y se promueva activamente.
Más allá de su valor cultural, el libro también plantea una oportunidad económica y turística. Las bebidas rituales, al igual que la gastronomía tradicional en su conjunto, pueden convertirse en motores de desarrollo local si se impulsan estrategias adecuadas que respeten su origen y significado. La diputada hizo un llamado a consumir estos productos de manera consciente, fortaleciendo así las cadenas productivas comunitarias.
El evento concluyó con una reflexión contundente: preservar las bebidas rituales es preservar la voz, la fe y la dignidad de los pueblos originarios. En un mundo cada vez más globalizado, donde las tradiciones corren el riesgo de diluirse, iniciativas como esta obra editorial representan un acto de resistencia y reafirmación cultural.
Así, “Bebidas Rituales de los Pueblos Originarios del Estado de México” no solo invita a leer, sino a experimentar, a viajar y a reconectar con las raíces. Es, en esencia, una invitación a reconocer que en cada sorbo se encuentra una historia, una comunidad y una forma de entender el mundo que merece ser conocida, respetada y preservada.

