En la oscuridad de la noche, cuando la mayoría de las ciudades duerme y los campos descansan, millones de pequeños guardianes alados entran en acción. Silenciosos, incomprendidos y durante mucho tiempo relegados a la categoría de criaturas temidas, los murciélagos cumplen una labor esencial para la vida en el planeta. En el marco del Día de Apreciación de los Murciélagos, especialistas insisten en la urgencia de cambiar la narrativa que los rodea y reconocer su papel clave en la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria.

Desde Toluca, el académico Leopoldo Islas Flores, investigador de la Facultad de Planeación Urbana y Regional de la Universidad Autónoma del Estado de México, advierte que la mala reputación de estos mamíferos voladores tiene raíces profundas en la cultura y el desconocimiento. “El trato que les hemos dado a lo largo del tiempo ha influido mucho en su mala fama. Han sido estigmatizados, al igual que otros animales como serpientes y arañas, y ese rechazo se ha incrementado por la falta de información”, explica.

Sin embargo, la realidad dista mucho de los mitos. Lejos de ser una amenaza, los murciélagos son piezas fundamentales en el funcionamiento de los ecosistemas. Actúan como polinizadores, dispersores de semillas y controladores naturales de plagas, tres funciones que, en conjunto, sostienen tanto la biodiversidad como la producción agrícola.

Uno de los datos más reveladores es su impacto en el control de insectos. De acuerdo con Islas Flores, un millón de murciélagos puede consumir hasta 10 toneladas de insectos en una sola noche. Esta capacidad tiene consecuencias directas en la agricultura: se estima que cerca del 30 por ciento de cultivos como el maíz y el arroz se beneficia de su actividad. Sin ellos, ese porcentaje podría perderse debido al aumento de plagas, lo que implicaría mayores costos en pesticidas y una disminución en la producción de alimentos.

Pero su contribución no termina ahí. En regiones tropicales, los murciélagos superan incluso a las aves en la dispersión de semillas, favoreciendo la regeneración de los bosques. Además, muchas de las frutas que forman parte de la dieta cotidiana dependen, directa o indirectamente, de su labor. Incluso productos emblemáticos de México, como el tequila y el mezcal, tienen una conexión con estos animales, ya que los agaves que los originan son polinizados por ciertas especies de murciélagos.

A pesar de estos beneficios, los prejuicios persisten. Uno de los más extendidos es la creencia de que todos los murciélagos se alimentan de sangre. La realidad es muy distinta: de las aproximadamente mil 500 especies que existen en el mundo, solo tres son hematófagas, y estas no se alimentan de humanos, sino de otros animales. Además, la cantidad de sangre que consumen es mínima.

El problema, señala el especialista, también está ligado al estilo de vida urbano. La creciente desconexión entre las personas y la naturaleza ha generado desconocimiento, y con ello, miedo. Paradójicamente, los murciélagos también habitan en las ciudades, donde cumplen una función crucial al alimentarse de insectos como los mosquitos, contribuyendo al bienestar de la población.

Las consecuencias de ignorar su importancia podrían ser graves. “Sin murciélagos habría un colapso ecológico”, advierte Islas Flores. El aumento de plagas, la pérdida de cultivos y el incremento en el uso de químicos serían solo algunas de las repercusiones de su desaparición.

Ante este panorama, la conservación se vuelve una tarea urgente. El especialista enfatiza que el primer paso es la información. Evitar la destrucción de sus refugios, respetar su presencia y promover iniciativas como la instalación de refugios artificiales son acciones clave para garantizar su supervivencia.

Asimismo, subraya la necesidad de cambiar la forma en que se comunica la naturaleza. Durante años, las imágenes negativas han predominado en películas, medios y cultura popular, reforzando el miedo hacia estos animales. “Es momento de resaltar la riqueza natural y los aspectos positivos de la fauna”, sostiene.

Conocer a los murciélagos también implica descubrir su diversidad. Lejos de ser criaturas uniformes, presentan una amplia variedad de formas, tamaños y adaptaciones. Tienen ojos funcionales —contrario al mito de que son ciegos— y poseen características físicas que varían según su dieta, como orejas largas o estructuras faciales especializadas.