A sus 19 años, Angélica María Estrada Hernández no solo mira al cielo con asombro: lo estudia, lo cuestiona y trabaja todos los días para alcanzarlo. Estudiante de cuarto semestre de Ingeniería Electrónica en la Universidad Autónoma del Estado de México, esta joven originaria de Zinacantepec ha sido seleccionada para participar en el International Air and Space Program (IASP), una experiencia internacional de alto nivel que simula el entrenamiento de astronautas en colaboración con la NASA.

La historia de Angélica no comenzó en un laboratorio, sino en la infancia, cuando las preguntas sobre el universo se volvieron constantes. “Si hay más cosas allá arriba, ¿por qué quedarme aquí?”, recuerda haber pensado durante su adolescencia. Aquella inquietud inicial evolucionó hacia un interés profundo por la física y las matemáticas, disciplinas que hoy sustentan su formación académica y su proyecto de vida.

Su camino hacia el sector aeroespacial ha estado marcado por la iniciativa propia. Desde la preparatoria, buscó espacios que le permitieran acercarse a este ámbito, como un campamento impulsado por la astronauta Katya Echazarreta, referente para nuevas generaciones de científicas en México. Más adelante, ya como universitaria, encontró en la Sociedad Aeroespacial de la Facultad de Ingeniería (SAFI) un punto de encuentro con otros jóvenes que comparten su pasión. Ahí ha participado en el desarrollo de cohetes experimentales, fortaleciendo habilidades técnicas y trabajo en equipo.

El reconocimiento a su esfuerzo llegó recientemente con su aceptación en el IASP, un programa internacional que reúne a estudiantes destacados para someterlos a una semana intensiva de entrenamiento similar al que reciben los astronautas. El proceso de selección no fue sencillo: incluyó entrevistas exigentes en las que Angélica demostró tanto su conocimiento técnico como su compromiso con la exploración científica.

La noticia, que llegó en un momento cotidiano, marcó un antes y un después en su vida. “No quería abrir el correo… cuando lo hice, lloré de emoción”, relata. Para ella, esta oportunidad no es solo un logro personal, sino un paso concreto hacia su meta de integrarse, en el futuro, a organizaciones como NASA, Blue Origin o SpaceX.

Sin embargo, el camino hacia las estrellas también enfrenta obstáculos terrenales. El costo del programa supera los 4 mil dólares, una cifra considerable para una estudiante universitaria. Ante este desafío, Angélica ha optado por recurrir a la solidaridad: actualmente busca apoyos, patrocinios y donaciones que le permitan financiar su participación. Para ello, ha abierto una campaña en GoFundMe, con la esperanza de que la comunidad universitaria y la sociedad en general respalden su proyecto.

Más allá de su perfil académico, Angélica se describe como una joven curiosa y creativa. En su tiempo libre disfruta leer, hacer manualidades y diseñar su propia ropa, actividades que le permiten equilibrar la exigencia de su carrera con espacios de expresión personal. Esta combinación de disciplina y sensibilidad refleja una visión integral de la ciencia, donde la creatividad también juega un papel fundamental.

Consciente de su posición como mujer en un campo históricamente dominado por hombres, Angélica envía un mensaje directo a otras jóvenes: la perseverancia es clave. “Nunca dejen de perseguir sus sueños. No basta con desearlo, hay que luchar por ello, aprender de los errores y seguir adelante”, afirma.

Representar a la Universidad Autónoma del Estado de México en un programa internacional de esta magnitud es, para ella, motivo de orgullo. “Poder decir que la universidad está en la NASA es un gran logro”, señala con entusiasmo.