Texcoco, Estado de México.- En un contexto donde miles de familias mexicanas han levantado sus hogares mediante procesos de autoconstrucción, la Universidad Autónoma del Estado de México abrió un espacio de reflexión sobre el papel de los cuidados y las redes comunitarias en la construcción cotidiana de la habitabilidad en zonas populares del norte de Toluca.
La conferencia titulada “Cuidados y sostenimiento cotidiano para la habitabilidad de la vivienda autoconstruida en el Cono Norte de Toluca” fue impartida por la Maestra en Estudios de la Ciudad, Ilse Ibeth Díaz Ramírez, como parte del seminario “La vida en el centro. Cuidados, trabajos y bien común desde los territorios”, desarrollado en el Centro Universitario UAEM Texcoco.
El encuentro académico fue organizado por la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Cuidados y la Secretaría de Ciencia de la UAEMéx, y reunió a integrantes de la comunidad universitaria interesados en analizar las dinámicas sociales y urbanas que acompañan el crecimiento de las periferias urbanas en el Estado de México.
Durante su exposición, Díaz Ramírez explicó que una parte importante de las viviendas en México surge de procesos de autoconstrucción impulsados por la necesidad urgente de contar con un espacio habitable. Sin embargo, destacó que estos procesos suelen desarrollarse en zonas que originalmente no estaban destinadas para uso habitacional y que, con el tiempo, se transforman gracias a la organización colectiva y al trabajo comunitario.
“La habitabilidad se construye día a día; no es un estado fijo, sino un proceso continuo”, señaló la especialista al explicar que las familias adaptan constantemente sus viviendas y entornos para responder a necesidades cambiantes.
La investigadora presentó hallazgos derivados de su trabajo en comunidades del norte de Toluca, particularmente en San Cristóbal Huichochitlán y San Pablo Autopan, territorios que describió como “espacios negociados”, donde el acceso a servicios básicos, infraestructura y equipamiento urbano ha sido resultado de procesos graduales de autogestión vecinal.
De acuerdo con Díaz Ramírez, el concepto de habitar no puede reducirse únicamente a la dimensión física de una vivienda, ya que también implica elementos simbólicos, culturales y sociales relacionados con la apropiación del territorio. Cada familia, explicó, construye su entorno desde experiencias particulares, formas de organización comunitaria y prácticas cotidianas de cuidado.
Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue el análisis de las redes de apoyo que permiten sostener estos procesos de construcción y mantenimiento habitacional. La académica destacó que los vínculos familiares, vecinales y de parentesco son fundamentales para avanzar en la edificación progresiva de las viviendas, especialmente en contextos donde existen limitaciones económicas.
Asimismo, señaló que muchas de estas zonas urbanas han crecido a partir de la fragmentación de parcelas ejidales que originalmente estaban destinadas a actividades agrícolas, lo que ha derivado en patrones de poblamiento disperso y en asentamientos con infraestructura insuficiente.
La construcción progresiva, explicó, es una característica común en este tipo de viviendas. Las familias edifican por etapas, conforme obtienen recursos económicos, utilizando en muchos casos materiales precarios o temporales. A pesar de ello, las comunidades desarrollan mecanismos de cooperación que permiten mejorar paulatinamente las condiciones de habitabilidad.
En este proceso, subrayó la especialista, el papel de las mujeres resulta esencial. “Son quienes identifican y priorizan las necesidades de la vivienda”, afirmó al referirse al trabajo cotidiano de sostenimiento del hogar, frecuentemente invisibilizado dentro de los análisis urbanos tradicionales.
La conferencia también puso sobre la mesa la necesidad de repensar la autoconstrucción desde una perspectiva distinta a la visión que históricamente la ha considerado únicamente un problema de planeación urbana. Para Díaz Ramírez, este fenómeno constituye una característica estructural de las ciudades latinoamericanas y representa una forma legítima de producción social del espacio urbano.
“La autoconstrucción es una forma de hacer ciudad; es un proceso sociocultural que permite a las familias adaptarse y resolver sus necesidades habitacionales”, concluyó.

