Por Daniel Lee
Las elecciones para renovar la gubernatura de Zacatecas todavía parecen lejanas en el calendario electoral, pero políticamente la sucesión ya está en marcha. Las piezas comenzaron a moverse, los mensajes dejaron de ser casuales y los grupos de poder empiezan a revelar hacia dónde apuntan sus apuestas. En este escenario, más allá de la popularidad o de las encuestas del momento, la verdadera disputa ocurre dentro de Morena, donde dos proyectos buscan convertirse en la continuidad de la Cuarta Transformación en el estado.
Uno de esos proyectos se construye desde la narrativa de que «es tiempo de mujeres». El otro ha comenzado a consolidarse alrededor de un perfil que ha encontrado en la agenda migratoria, la cercanía con las comunidades zacatecanas en Estados Unidos y la operación política territorial un activo difícil de igualar: Ulises Mejía Haro.
La solicitud de licencia de @UlisesMejiaH_ como diputado federal de Morena no fue un simple trámite administrativo. Representa el inicio formal de una etapa distinta. Quien deja un cargo de representación para recorrer el estado, escuchar a la militancia y construir acuerdos envía un mensaje inequívoco: la contienda interna ya comenzó y la competencia será de tiempo completo.
Del otro lado, el gobernador David Monreal ha modificado el tono de su discurso al sostener públicamente que Zacatecas está preparado para ser gobernado por una mujer. La declaración no puede analizarse de manera aislada. Llega después de que Morena endureciera sus reglas contra el nepotismo y cuando la posibilidad de una sucesión familiar perdió fuerza dentro del partido. En ese contexto, el mensaje parece responder a una estrategia para reposicionar al grupo gobernante dentro de las nuevas condiciones políticas, alineándose con la narrativa nacional de impulsar liderazgos femeninos. Sin embargo, hasta ahora no existe un respaldo público de la presidenta a una aspirante específica en Zacatecas.
Mientras unos buscan apropiarse del discurso nacional, otros han decidido construir una agenda propia. Ahí es donde Ulises Mejía Haro ha encontrado un espacio político particularmente relevante: la migración.
Pocos estados tienen una identidad migrante tan profunda como Zacatecas. Durante décadas, cientos de miles de familias han construido su historia entre los municipios zacatecanos y ciudades como Los Ángeles, Chicago, Dallas o Denver. Las remesas sostienen economías locales, financian viviendas, educación y pequeños negocios, mientras miles de paisanos enfrentan un entorno cada vez más complejo en Estados Unidos, marcado por políticas migratorias más estrictas, incertidumbre laboral y riesgos constantes para sus derechos.
En ese contexto, la #AgendaMigratoria dejó de ser un asunto simbólico para convertirse en una prioridad estratégica. Quien aspire a gobernar Zacatecas necesita entender que la relación con la comunidad migrante ya no puede reducirse a los discursos de temporada ni a las visitas protocolarias durante las vacaciones de diciembre.
Ulises Mejía Haro ha buscado posicionarse precisamente en ese terreno. Su participación en temas relacionados con la defensa de los derechos de los migrantes, el fortalecimiento del vínculo con las federaciones zacatecanas en Estados Unidos y el reconocimiento del peso económico y social de las remesas le ha permitido construir una identidad política distinta dentro de Morena. En lugar de centrar su discurso exclusivamente en la confrontación interna, ha procurado incorporar un tema que forma parte de la vida cotidiana de miles de familias del estado.
Esa diferencia puede resultar decisiva. Mientras algunos actores concentran sus esfuerzos en la disputa por el control del aparato político, la migración ofrece un punto de encuentro con una ciudadanía que exige respuestas concretas frente a las deportaciones, la protección consular, el acceso a programas de inversión para migrantes y el aprovechamiento productivo de las remesas.
La sucesión de Zacatecas no se definirá únicamente por la fuerza de los grupos internos. También dependerá de quién logre conectar con las preocupaciones reales de la población. Y en un estado donde prácticamente cada municipio tiene familiares al otro lado de la frontera, ignorar la agenda migratoria sería un error estratégico.
Por ello, la contienda que comienza no enfrenta únicamente nombres o corrientes políticas. Enfrenta dos maneras de entender el futuro del estado. Una apuesta por mantener el control mediante los equilibrios internos del poder; la otra intenta construir una plataforma con temas que trascienden la política local y dialogan con la realidad de millones de zacatecanos dentro y fuera del país.
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