La Organización de las Naciones Unidas (ONU) inició formalmente el proceso para elegir a quien sucederá al portugués António Guterres como secretario general del organismo a partir del 1 de enero de 2027, luego de que el Consejo de Seguridad realizara el pasado 30 de julio la primera votación informal entre los siete candidatos registrados oficialmente para ocupar uno de los cargos diplomáticos más relevantes del mundo.

El proceso, que concluirá en los próximos meses, contempla varias rondas de votaciones confidenciales —conocidas como straw polls— en las que los quince integrantes del Consejo de Seguridad expresan si respaldan, rechazan o permanecen neutrales respecto a cada aspirante. Posteriormente, los cinco miembros permanentes con derecho de veto —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— definirán, mediante votaciones diferenciadas, al candidato que será recomendado a la Asamblea General para su ratificación.

De acuerdo con la práctica no escrita de rotación geográfica, existe un amplio consenso en que el próximo secretario general debería provenir de América Latina y el Caribe, región que no ocupa el cargo desde el mandato del peruano Javier Pérez de Cuéllar, concluido en 1991. Paralelamente, diversos Estados miembros han insistido en que la ONU nunca ha sido encabezada por una mujer, por lo que consideran que esta elección representa una oportunidad histórica para romper esa tendencia.

Entre los aspirantes registrados destacan:

Rafael Grossi (Argentina), diplomático de carrera y actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Ha adquirido reconocimiento internacional por su papel en las negociaciones sobre seguridad nuclear, particularmente durante la guerra entre Rusia y Ucrania, donde encabezó las misiones del organismo en la planta nuclear de Zaporiyia. Su perfil técnico y experiencia en gestión de crisis lo colocan entre los candidatos con mayor proyección internacional.

Rebeca Grynspan (Costa Rica), economista, exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Ha ocupado diversos cargos dentro del sistema de Naciones Unidas y es considerada una de las diplomáticas latinoamericanas con mayor experiencia en desarrollo sostenible y cooperación internacional. En la primera votación informal del Consejo de Seguridad apareció como la aspirante mejor posicionada.

Michelle Bachelet (Chile), médica, expresidenta de Chile en dos periodos y ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Su trayectoria en materia de derechos humanos, igualdad de género y políticas sociales la convierte en una de las figuras más conocidas del proceso, aunque su candidatura ha generado opiniones divididas entre distintos gobiernos.

María Fernanda Espinosa (Ecuador), diplomática y excanciller ecuatoriana, además de expresidenta de la Asamblea General de la ONU. Durante años ha impulsado iniciativas relacionadas con el multilateralismo, la cooperación internacional y la protección del medio ambiente.

Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana), exministra de Relaciones Exteriores y exrepresentante permanente de Guyana ante Naciones Unidas. Su candidatura ha cobrado fuerza por su amplia experiencia diplomática y en la primera votación preliminar obtuvo uno de los niveles de respaldo más altos dentro del Consejo de Seguridad.

Macky Sall (Senegal), expresidente de Senegal y ex titular de la Unión Africana. Su candidatura representa la continuidad de la presencia africana en la conducción de organismos multilaterales, aunque enfrenta el desafío de que, por la rotación regional, varios Estados consideran que corresponde el turno a América Latina.

Olara Otunnu (Uganda), diplomático, exministro de Relaciones Exteriores y exrepresentante especial de la ONU para los niños en conflictos armados. Es reconocido dentro del organismo por haber impulsado el sistema de votaciones preliminares utilizado actualmente para seleccionar al secretario general.

Aunque la primera votación colocó a Rebeca Grynspan como la aspirante con mayor número de respaldos, seguida por Carolyn Rodrigues-Birkett y Rafael Grossi, diplomáticos y analistas coinciden en que el proceso aún está lejos de definirse, ya que un eventual veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad puede modificar completamente el resultado final. Históricamente, las negociaciones políticas de las últimas rondas han sido determinantes para la elección del secretario general.

La designación del próximo titular de la ONU ocurre en un momento particularmente complejo para el sistema internacional, marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas, crisis humanitarias, cambio climático y desafíos económicos globales, por lo que el perfil del nuevo secretario general será clave para conducir los esfuerzos de mediación y cooperación entre los 193 Estados miembros durante los próximos cinco años.