El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, destacó los acuerdos alcanzados entre ambos gobiernos para reforzar la seguridad en Michoacán y permitir la reanudación gradual de las actividades del Gobierno estadounidense relacionadas con la exportación de aguacate, luego de la reciente suspensión provocada por preocupaciones de seguridad.
A través de su cuenta de X, el diplomático afirmó que “el negocio del aguacate es mutuamente beneficioso para Estados Unidos y México”, y reconoció el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, así como los compromisos asumidos por las autoridades mexicanas para fortalecer rápidamente las condiciones de seguridad en las zonas productoras del estado.
Johnson señaló particularmente la coordinación con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch; la Secretaría de la Defensa Nacional y otras autoridades mexicanas, cuyos esfuerzos, dijo, permitieron establecer las condiciones para que las actividades estadounidenses pudieran comenzar a reanudarse por fases.
El mensaje del embajador ocurre después de que Estados Unidos suspendiera temporalmente actividades de inspección vinculadas con el aguacate producido en Michoacán, debido a una nueva alerta de seguridad. La medida afectó directamente el proceso de exportación hacia el mercado estadounidense y obligó a ambos gobiernos a intensificar las conversaciones para establecer condiciones que permitieran el regreso seguro del personal estadounidense.
El antecedente resulta especialmente relevante porque no es la primera ocasión en que la seguridad de los inspectores estadounidenses condiciona las operaciones del sector aguacatero michoacano. En febrero de 2022, Estados Unidos también suspendió las inspecciones después de que personal del Departamento de Agricultura recibiera amenazas. En aquella ocasión, Washington condicionó la reanudación de las actividades a la existencia de garantías para la integridad de sus trabajadores.
El esquema de cooperación construido desde entonces contempla la participación de autoridades mexicanas y estadounidenses, así como de productores y empacadores, para garantizar tanto la seguridad del personal como el cumplimiento de las condiciones sanitarias y de certificación necesarias para mantener abierto el mercado estadounidense.
De hecho, desde 2024 México y Estados Unidos acordaron que personal de la Secretaría de Agricultura mexicana asumiera determinadas tareas de supervisión de los huertos participantes en el programa de exportación, mientras que la autoridad sanitaria estadounidense mantiene facultades de supervisión y continúa participando directamente en la inspección de los empaques exportadores.
La importancia económica del acuerdo es considerable. Estados Unidos constituye el principal mercado para el aguacate michoacano, mientras que Michoacán concentra buena parte de la producción nacional destinada a ese país. En las principales regiones aguacateras existe actualmente un despliegue de seguridad para proteger a productores, empacadores, transportistas y empresas exportadoras. La Guardia Nacional, por ejemplo, reforzó desde julio su presencia en municipios como Uruapan, Tancítaro, Ario de Rosales, Salvador Escalante, Tacámbaro y Peribán, donde se concentra una parte sustancial de la producción.
Para México, el aguacate representa además una actividad estratégica por los empleos, inversiones y divisas que genera. En junio pasado, el gobierno federal otorgó protección como Indicación Geográfica “Aguacate Franja Michoacán” a la producción de aguacate Hass de 31 municipios, con el objetivo de fortalecer su identidad, trazabilidad y posicionamiento nacional e internacional.
Johnson subrayó que, bajo el liderazgo del presidente estadounidense Donald Trump y de la presidenta Sheinbaum, la cooperación bilateral está generando resultados, y resumió el mensaje con la etiqueta #JuntosLogramosMás.
La declaración representa una señal de distensión después de la preocupación generada por la suspensión temporal de las actividades estadounidenses. Más allá del comercio del aguacate, el episodio vuelve a evidenciar que seguridad y comercio están estrechamente vinculados en la relación México-Estados Unidos, y que cualquier interrupción en las condiciones de seguridad puede tener consecuencias inmediatas para una de las cadenas agroalimentarias más importantes entre ambos países.
El reto ahora será consolidar los mecanismos de seguridad para evitar nuevas interrupciones y garantizar que productores y exportadores michoacanos puedan mantener el acceso al mercado estadounidense, mientras ambos gobiernos profundizan una cooperación que, al menos en este episodio, permitió encontrar una salida negociada sin romper el flujo comercial.

