FRANCISCO RODRÍGUEZ

Indudablemente, el desprestigio popular de los hijos de Andrés Manuel López Obrador es mucho mayor que el de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán.

José Ramón, Andy y El Bobby López Beltrán solo han movido a su favor las influencias que su papi aún mantiene sobre los presupuestos públicos para enriquecerse a costillas de los más pobres –pérdida de los servicios de salud, deterioro de los sistemas de transporte público, carestía de productos básicos por falta de inversión en el campo, etc.– a quienes AMLO decía tener como prioridad. ¡Gozan de impunidad!

En cambio, hay amplios sectores populares que encomian a Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, quienes continúan libres en calidad de prófugos de la justicia, junto con otros de sus hermanos ya aprehendidos por la justicia estadounidense, porque se han dedicado a ampliar y consolidar el imperio criminal de su padre, eliminando contrincantes con métodos violentos y condenables, incrementando el tráfico de sus tóxicos hacia muchos más países, y han evidenciado las ligas que su cartel aún mantiene con el Movimiento de López Obrador.

Ambos casos son facetas de un mismo problema que en México y en el extranjero son presentados como consecuencia de la corrupción que dio pie a la “intolerable alianza” de Morena con el crimen organizado y que ya empieza a tener repercusiones de uno y otro lado.

Mientras Morena se está desmoronando, a causa de la evidente corrupción de la élite empoderada, sus propios pleitos y contradicciones y, por si fuera poco, por la pésima gestión de la señora Claudia Sheinbaum en el cargo en el que solo cuida los intereses de su progenitor político y la permanencia de su Movimiento en el poder…

… los capos de los cárteles ya no quieren ser el objetivo del gobierno de Donald Trump, dado que saben que su “negocio” –de alto interés económico y de consumo entre los estadounidenses– ha sido vulnerado desde el momento mismo en que, cambio de recibir protección y gozar de impunidad mediante los “abrazos y no balazos”, se volvieron cómplices de la transa electoral y de los enormes fraudes, desfalcos y asaltos al erario de los morenistas.

Y Trump los tiene en la mira… para luego ir por sus aliados guindas.

Se desmorona el Movimiento, repito.

Y los cárteles ya no quieren ser evidenciados como aliados de Morena, porque les acarrea desprestigio y a los capos les coloca la testa en la diana. Terminan sus días en prisiones del Tío Sam.

Corrupción mata discurso

En 2018, Enrique Peña Nieto había rebasado con creces el récord de Miguel Alemán Valdés y de Carlos Salinas de Gortari de haber presidido cada cual los gobiernos más corruptos de la historia reciente del país.

Por tal fue que la sociedad se volcó a las urnas y depositó su confianza en AMLO, creyendo que, como se había comprometido en tres sucesivas campañas electorales, de verdad combatiría a la corrupción.

Fue un en engaño. Hoy, igual que sucedía en los sexenios anteriores, en los sótanos y andurriales de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial los imprescindibles coyotes de ese otro peligroso Cartel Tabasco Nueva Generación –hijos, sobrinos y ayudantes de AMLO– relatan satisfechos que la mejor manera de hacer cualquier “bisne” es gracias a que su pariente y jefe fue Presidente de la República y lo sigue siendo, como bien lo acepta la señora Sheinbaum.

Trátese de lograr un permiso, el cocinado de una Ley, el sentido de una averiguación, el contenido de cualquier sentencia, ahí están los morenistas más cercanos al formalmente extitular del Ejecutivo Federal metiendo las manos… y no pocas veces las patas.

Aplicar o no la Constitución –antes de ser deformada— las  leyes y los códigos es irrelevante. A ellos no hay que salirles “con el cuento ese de que la ley es la ley”. Lo que se juega en la competencia del soborno es la rapidez y la facilidad precisa con la que se actúa, antes de que acontezca lo irremediable: que alguien deba cruzar los separos, comparecer ante los reflectores del ridículo o quedarse como el chinito, sin hacer “el brinco”, esperado por no saber repartir la dádiva o el chantaje. Hay que “salpicar”. “Hay que bañarse en regadera y no en tina”, dicen.

‎El contenido de las disposiciones estrictamente en blanco y negro, la inutilidad de los expedientes, antes, ahora de las carpetas de investigación, la risa loca sobre cualquier circular de los gerifaltes y los mandos, el desprecio a la ley, la burla al debido proceso, el demostrar la superioridad de la “mordida” sobre cualquier autoridad humana que ya pide más que antes es el corolario efectivo ante las ansias de que el Movimiento perviva en el poder per secula seculorum.

Y es que ya no se ocupa la antigua fórmula, humilde y emboscada, de los patrulleros y los oficiales de la barandilla cuando no querían llamar por su nombre al chantaje en lo oscurito: “coopere con lo que sea su voluntad”. Hoy el robo es descarado, tasado por la autoridad sin remilgos, sin límites de piso y techo de cuantía.

Por ello los morenistas han superado en ocho años la cantidad de negocios ilícitos y actos de enorme corrupción que en los tres sexenios más corruptos de los priístas.

Y ahí siguen. Tan campantes.

Morena contaminó al narco

Ante la obstinación de Claudia Sheinbaum para ignorar lo evidente y rechazar de manera categórica las propuestas del gobierno de Donald Trump, que incluían la entrega de los narcopolíticos de Morena, el presidente estadounidense se vio forzado a tomar medidas. Su Departamento de Justicia lanzó una acusación que sacude al partido Morena y pone en riesgo su continuidad.

México es, en la práctica, un narcoestado, ya que las principales funciones del gobierno están actualmente bajo el control de las Fuerzas Armadas, sometidas a los intereses del narcotráfico. No hay alternativas viables más allá de seguir la consigna de “plata o plomo”.

La economía nacional y el flujo monetario en diversas actividades comerciales provienen del mismo origen: la depredación, la colusión, los asesinatos y el tráfico de drogas y sustancias químicas. La élite del poder actúa por las mismas razones y demandas.

El narcotráfico, el narcoestado, la narcopolicía, el sistema judicial corrupto, la política relacionada con el narcotráfico y el ejército involucrado son como una serpiente que se muerde la cola. Se trata de un ciclo interminable de corrupción y deshonor que protege los intereses de poderosos aliados circunstanciales.

Claudia Sheinbaum no parece interesada en enfrentar problemas poco atractivos desde un punto de vista electoral, como lo son la delincuencia organizada y los ajustes violentos que han dejado más de un millón de muertos desde Felipe Calderón.

Su enfoque está en programas sociales cuya procedencia no ha sido verificada; carecen de reglas claras, registros confiables o requisitos establecidos. Hasta ahora no se sabe dónde se encuentra el dinero destinado al Banco del Bienestar, que está en crisis. Pero eso es lo que ella prefiere.

Su prioridad es extender y mantener el poder que López Obrador no le permite ejercer plenamente.

Sin embargo, esta situación podría cambiar si Trump se decide por lo más evidente: que AMLO llegue a ser indiciado, debido a su innegable conexión con los cárteles del narcotráfico, los huachicoleros y todos aquellos que siembran miedo en el país.

Entonces sí, se desmorona Morena y el país puede empezar su recuperación.

Indicios

“Nosotros cuidamos a los integrantes del crimen organizado. También son seres humanos. Ya no es como antes”: AMLO, mayo de 2022. * * * Por hoy es todo. Le agradezco la lectura de este Índice Político y el permiso que me dio para ausentarme la semana anterior. Le deseo, como siempre, ¡buenas gracias y muchos, muchos días!