Para Daira Naomi Bautista Sánchez, ser mazahua no es únicamente una condición heredada de sus antepasados. Es una identidad que se lleva con orgullo, una responsabilidad con su comunidad y, sobre todo, una oportunidad para que los conocimientos y tradiciones de su pueblo continúen vivos entre las nuevas generaciones.
Originaria de San José del Rincón, la joven de 17 años combina su formación como estudiante de la Licenciatura en Negocios Internacionales Bilingüe de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) con una labor comunitaria enfocada en la preservación de la cultura mazahua.
“Para mí representa un orgullo ser mazahua y seguir preservando las costumbres y las tradiciones del pueblo, pero también compartirlas con más gente”, expresa.
Desde su infancia, Daira encontró en sus raíces una parte fundamental de quién es. Lo que comenzó como un vínculo natural con su familia y sus tradiciones se convirtió, con el paso de los años, en un compromiso activo para evitar que los saberes heredados de generación en generación desaparezcan.
Junto con su hermana, tías y primas, participa en diversas actividades encaminadas a fortalecer la identidad de su comunidad. Entre ellas se encuentran la enseñanza de la lengua mazahua, la danza, el bordado artesanal y la medicina tradicional, prácticas que no sólo representan expresiones culturales, sino también formas de conocimiento construidas y conservadas por las generaciones que la precedieron.
Su labor obtuvo un reconocimiento significativo con el Premio Estatal de la Juventud 2026, otorgado por el Gobierno del Estado de México en la modalidad “Raíces que inspiran”. Para la joven universitaria, el galardón representa tanto una distinción personal como una ventana para mostrar la riqueza cultural de su comunidad.
Más allá del reconocimiento, Daira considera que este tipo de espacios pueden ayudar a acercar a las nuevas generaciones a sus propios orígenes. Su propósito es contribuir a que niñas, niños y jóvenes conozcan el valor de las tradiciones y comprendan que conservarlas no significa permanecer anclados en el pasado, sino reconocer una herencia que puede acompañarlos en la construcción de su futuro.
Frente a la discriminación, identidad y orgullo
El camino de Daira tampoco ha estado exento de dificultades. Como integrante de un pueblo originario, desde niña se encontró con expresiones de discriminación y racismo relacionadas con su identidad cultural.
Sin embargo, esas experiencias no consiguieron hacerla renunciar a sus raíces. Por el contrario, fortalecieron su determinación para continuar trabajando por la cultura mazahua.
“Creo que la discriminación y el racismo tienen que ver con el desconocimiento de las personas hacia mi cultura. Aunque viví esto desde niña, la verdad es que a mí no me afectaba en absoluto y seguí adelante con los proyectos y con todo lo que significa pertenecer a un pueblo originario”, relata.
Su postura adquiere especial relevancia en un contexto en el que algunos jóvenes de comunidades originarias pueden sentirse presionados para ocultar o minimizar elementos de su identidad. Frente a ello, Daira plantea una idea distinta: las raíces culturales pueden convertirse en una fuente de fortaleza, orgullo y oportunidades.
Su mensaje también está dirigido a quienes no pertenecen a un pueblo originario. Los invita a conocer la diversidad cultural de México y a acercarse, desde el respeto, a las lenguas, tradiciones y conocimientos que forman parte de la historia colectiva del país.
“Es importante que se interesen en saber sobre nuestra cultura, ya que estos son nuestros orígenes, y que sigan preservando nuestras costumbres y tradiciones para que nuestros pueblos sigan tomando fuerza y no se olviden”, sostiene.
Una identidad que busca cruzar fronteras
Daira tiene claro que su formación profesional y su identidad cultural no son caminos opuestos. Mientras se prepara para desarrollarse en el ámbito de los Negocios Internacionales, también imagina un futuro en el que pueda llevar consigo las enseñanzas de su comunidad.
Su aspiración es convertirse en una profesionista capaz de desenvolverse en otros espacios sin desprenderse de aquello que la identifica. Por el contrario, busca utilizar las herramientas que le brinda su preparación universitaria para ampliar el alcance de las expresiones y conocimientos de su pueblo.
En ese sentido, su proyecto personal trasciende las fronteras de San José del Rincón. La joven quiere compartir su cultura en otros estados de México y, eventualmente, en otros países, demostrando que las raíces indígenas también tienen un lugar en escenarios académicos, profesionales e internacionales.
A sus 17 años, Daira Naomi Bautista Sánchez representa a una generación que comienza a asumir un papel activo en la defensa de la diversidad cultural. Su historia muestra que preservar una lengua, bailar una danza tradicional, bordar una pieza artesanal o transmitir conocimientos de medicina tradicional puede ser también una forma de construir comunidad.

