Alejandro Lelo de Larrea

Aunque al presidente nacional del PAN, Jorge Romero, se le fue la lengua hace un año, cuando le cerró la puerta a aliarse con el PRI, la realidad y las presiones de los dirigentes y militantes de su partido en las entidades federativas lo obligaron a abrirse, no sólo en las 17 gubernaturas que se disputarán, también en los otros estados en que se disputan los Congresos, que son la llave para las reformas constitucionales.

El caso de la Ciudad de México no es ajeno a esta dinámica que le impuso la realidad al panismo, y que venía desde hace varias semanas ya impulsando el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno (a) Alito. Hoy ya tienen instaladas mesas de trabajo para construir las alianzas en las 32 entidades.

En la Ciudad de México pronto empezarán a conocerse los avances, porque el plan es que a más tardar en octubre se definan qué Alcaldías y Distritos los va a siglar cada partido, porque también de eso depende garantizar la paridad de género. En noviembre deberían tener definidos a sus virtuales candidatos, que para el caso del PAN se llaman los “defensores de la Patria, la familia y la libertad”, un espejo de como les ponen en Morena: “comités de defensa de la transformación y la soberanía nacional”. La alianza tendrá que poner su propio eufemismo.

En la CDMX, en diciembre el PAN y el PRI tendrían que registrar su intención de alianza, que para este caso prevén la figura jurídica de “candidaturas comunes”, cuya principal diferencia con las coaliciones como la de 2024, es que se establece en el convenio qué porcentaje de votos le va a tocar a cada partido.

Con Movimiento Ciudadano no se vislumbra alianza alguna, porque como la realidad lo ha demostrado, son el partido esquirol de Morena. Ese es el verdadero negocio del propietario del partido, Dante Delgado. En el caso de la CDMX no representan nada, no ganaron un solo distrito en 2024, ni una sola Alcaldía, pero sus votos fueron definitorios para dividir a la oposición y permitir triunfos de Morena en varias demarcaciones: Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Tlalpan, Milpa Alta, Tláhuac, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, entre otras. Desde Morena me han asegurado que ellos ayudaron a “inflar” en las urnas al movimiento naranja.

En el caso de la CDMX ya hubo una primera reunión en que van plasmando la intención de las alianzas. La semana pasada se encontraron el coordinador de los diputados del PAN, Andrés Atayde; el vicecoordinador del PRI, Omar García Loria –muy cercano a Alito–, con los alcaldes de Coyoacán, Giovani Gutiérrez, y de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, ambos postulados por PAN y PRI en 2024. En esas dos demarcaciones apunta que si el PAN fuera a una elección solos frente a la coalición de Morena, su triunfo podría ser apretado.

En cambio, si van con el PRI, ganarían con una ventaja indiscutible. En Cuajimalpa el PAN también puede ganar sin alianza la reelección de Carlos Orvañanos, pero con el PRI abre su ventaja para que el triunfo sea indiscutible. En Benito Juárez van solos. En estas negociaciones el papel crucial lo van a jugar la presidenta del PAN en CDMX, Luisa Gutiérrez, y el del PRI, Israel Betanzos, aunque al final la última palabra será de Romero y de Alito.

El caso más complicado va a ser en Cuauhtémoc, donde la ventaja que tendrá para su reelección Alessandra Rojo de la Vega es la profunda división que hay en Morena, donde hasta hoy son 11 los aspirantes a la candidatura, más los que se acumulen la próxima semana.

Del otro lado, Morena puede perfilarse a construir una alianza de izquierdas en la que incluya al PT y al PRD, y depender menos del PVEM, con el que se ha ido complicando la relación. Sin embargo, en el caso del sol azteca todo depende de que al final de cuentas se respete la legalidad, la legitimidad y la moralidad, con Nora Arias como presidenta del partido.

Por ahora, están construyendo las alianzas en privado, en bajo perfil, pero en las próximas semanas irán haciendo públicas las que vayan cuajando. Lo veremos.