Toluca, Estado de México.— Las migraciones no pueden entenderse únicamente como procesos de movilidad entre territorios. Detrás de cada desplazamiento existen historias, identidades y condiciones sociales que determinan de manera desigual el acceso a la protección, el reconocimiento y la pertenencia. Esta perspectiva fue planteada por la investigadora de la Universidad de Chile, María Emilia Tijoux, durante la conferencia “Migraciones, corporalidades, justicia social y paz ¿para quién?”, realizada en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).

En la Sala “Benito Juárez García” del Edificio de Rectoría, ante integrantes de la comunidad universitaria, la especialista abordó la movilidad humana desde una mirada crítica que permitió colocar en el centro las desigualdades relacionadas con el género, la clase social, la nacionalidad y la raza.

Tijoux explicó que las migraciones se producen dentro de sociedades que ya cuentan con estructuras y jerarquías previamente establecidas. Por ello, el desplazamiento hacia otro territorio no significa partir de condiciones iguales para todas las personas, sino incorporarse a espacios donde existen determinadas relaciones de poder que pueden favorecer o limitar las posibilidades de quienes migran.

Uno de los ejes de su exposición fue el concepto de corporalidad. La investigadora destacó que las personas migrantes llegan a los nuevos territorios portando consigo mucho más que pertenencias materiales: llevan historias, lenguas, acentos, apariencias, experiencias y distintas maneras de habitar el mundo.

Sin embargo, esas características pueden convertirse en elementos a partir de los cuales son clasificadas socialmente. La apariencia física, el origen nacional o la manera de hablar pueden generar expectativas, estigmas y formas de exclusión, reproduciendo prácticas racistas y desigualdades que afectan la vida cotidiana de las personas migrantes.

Desde esta perspectiva, la migración permite observar con mayor claridad cómo interactúan factores como la racialización, el género, el trabajo, las fronteras y las propias instituciones del Estado en la construcción de distintas formas de protección y reconocimiento.

La pregunta central planteada por Tijoux —quiénes pueden acceder a la justicia y a la paz, bajo qué condiciones y a costa de qué cuerpos— abrió una reflexión sobre el carácter desigual de estos conceptos. La especialista sostuvo que cuestionar las condiciones en las que se distribuyen la justicia, la seguridad y la pertenencia resulta fundamental para comprender las experiencias de quienes atraviesan procesos migratorios.

La conferencia fue moderada por Norma Baca Tavira, secretaria de Igualdad Sustantiva y Cuidados de la UAEMéx, y contó con la presencia de la rectora Martha Patricia Zarza Delgado, quien destacó la responsabilidad de la institución frente a un fenómeno que impacta tanto la identidad como el desarrollo social.

Zarza Delgado señaló que la migración es un fenómeno multicausal y consideró que visibilizar las desigualdades que la originan y agudizan constituye una tarea inaplazable para la universidad. En este sentido, afirmó que la UAEMéx busca consolidarse como una institución cercana, incluyente y progresista, capaz de reconocer las distintas realidades que atraviesan a su comunidad.

La rectora subrayó que uno de los objetivos de la actual administración universitaria es colocar la dignidad humana en el centro de las decisiones institucionales y fortalecer una agenda de cuidados orientada al bienestar. Bajo esta visión, agregó, conocer las condiciones específicas de las personas y atender sus necesidades representa una parte fundamental de la responsabilidad universitaria.

En ese marco, recordó que la Administración Universitaria 2025-2029 creó la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Cuidados, dependencia que recientemente presentó la Política Institucional para la Universidad Cuidadora. La iniciativa busca colocar los cuidados como un elemento central de la conciencia colectiva y reconoce, entre otras realidades, la condición migratoria como una situación que requiere visibilización, comprensión y atención institucional.

Para Zarza Delgado, las aportaciones de María Emilia Tijoux representan un ejercicio de justicia social porque permiten abordar la migración desde una perspectiva humanista y, al mismo tiempo, ampliar el debate académico y público sobre la movilidad humana.

La rectora consideró que migrar debe entenderse como una condición inherente a las sociedades contemporáneas y no únicamente como un asunto asociado a las fronteras. Desde esta óptica, analizar las experiencias migratorias implica también estudiar las estructuras sociales que determinan quién es reconocido, quién recibe protección y quién enfrenta mayores obstáculos para ejercer sus derechos.

Por su parte, Luz Alejandra Barranco Vera, directora de la Facultad de Antropología, destacó que la presencia de Tijoux fortalece los espacios universitarios destinados al análisis crítico de fenómenos como la migración, el racismo sistémico y la construcción de la paz como una vía hacia la justicia social.

La académica agregó que encuentros de esta naturaleza contribuyen a ampliar el conocimiento y a fortalecer el diálogo dentro de la comunidad universitaria, particularmente a partir de los principios que sustentan la Universidad Cuidadora.