Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, fijó una posición firme frente al clima de señalamientos de Estados Unidos contra México y defendió la soberanía nacional, la cooperación internacional y la responsabilidad compartida como principios para enfrentar los problemas de seguridad. Aunque en su intervención no mencionó por nombre al presidente Donald Trump, el mensaje respondió al contexto generado por las declaraciones del mandatario estadounidense en la ONU, donde volvió a presentar a México como un país afectado por la violencia de los cárteles y planteó una política de mayor presión contra estas organizaciones criminales.
Velasco sostuvo que México no acepta una relación internacional basada en la subordinación y dejó claro que la cooperación con otros países debe desarrollarse bajo principios de respeto mutuo. En ese sentido, estableció cuatro pilares para la política mexicana de seguridad y cooperación: respeto a la soberanía y la integridad territorial; responsabilidad compartida pero diferenciada; respeto mutuo y confianza; y cooperación sin subordinación.
El representante mexicano defendió ante el foro mundial la estrategia de seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y afirmó que los resultados deben ser valorados a partir de datos y acciones, no mediante acusaciones generales. Señaló que, en los primeros 22 meses de la actual administración, la reducción de homicidios dolosos rondó el 51 por ciento hasta julio de 2026, de acuerdo con las cifras presentadas durante su intervención.
Frente a la narrativa de que la violencia sólo puede enfrentarse mediante la fuerza, Velasco sostuvo que México ha optado por una estrategia que combina inteligencia, investigación, fortalecimiento institucional y presencia del Estado con políticas de educación y empleo para los jóvenes. Recalcó que combatir al crimen no significa renunciar a los derechos humanos ni convertir la acción militar en la única respuesta.
Su mensaje fue particularmente contundente al establecer que la seguridad no puede construirse mediante imposiciones entre países. “La paz no puede ser decretada o imputada, sino construida con justicia social”, sostuvo ante la Asamblea General, en una formulación que coloca la responsabilidad de la seguridad en un marco de cooperación y no de acusaciones unilaterales.
Velasco también defendió la transformación interna de México y presentó ante la comunidad internacional una serie de resultados que, dijo, forman parte de una política orientada a reducir desigualdades y ampliar derechos. Destacó que entre 2018 y 2024 más de 13 millones de personas salieron de la pobreza, que los programas de bienestar alcanzaron en 2026 a 42.8 millones de personas y que el salario mínimo acumula desde 2018 un incremento real de 154 por ciento.
En materia de seguridad, el canciller sostuvo que México está dispuesto a profundizar la cooperación internacional frente a los desafíos compartidos, pero dejó establecido que ésta debe darse bajo reglas de igualdad entre las naciones. La postura adquiere especial relevancia en un momento en que el gobierno de Trump ha endurecido su discurso contra los cárteles latinoamericanos y ha defendido una mayor participación estadounidense en operaciones contra estas organizaciones.
El funcionario mexicano trasladó además el debate al terreno del derecho internacional. Recordó que la política exterior de México está sustentada en principios constitucionales como la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la igualdad jurídica de los Estados y la cooperación internacional para el desarrollo.
Con ello, Velasco dejó una definición política central: la soberanía no se mide por la cantidad de armas o por el poder económico de un país. Todas las naciones, sostuvo, tienen el mismo valor ante la ley internacional. Bajo ese principio, México puede cooperar estrechamente con sus socios, particularmente con Estados Unidos, pero sin aceptar relaciones basadas en amenazas, imposiciones o subordinación.
El secretario también defendió la protección de los mexicanos que viven fuera del territorio nacional y afirmó que México continuará respaldando a su diáspora y defendiendo sus derechos humanos dondequiera que se encuentren, siempre dentro del marco del derecho internacional. Esta posición adquiere relevancia frente a las políticas estadounidenses que han endurecido las medidas migratorias y frente al debate bilateral sobre seguridad, migración y cooperación.
En su intervención, Velasco presentó además a México como un país que busca fortalecer el multilateralismo en un momento de creciente polarización internacional. Destacó la participación mexicana en iniciativas para fortalecer las capacidades de mediación de Naciones Unidas y recordó que México y Noruega impulsan esfuerzos de reforma de la organización para hacerla más eficaz y transparente. La ONU ha señalado precisamente que el actual escenario internacional está marcado por conflictos prolongados, desigualdad, tensiones geopolíticas y un debilitamiento de la confianza en las instituciones multilaterales.
El mensaje mexicano también incluyó una defensa de la solución pacífica de los conflictos internacionales, la protección de la población civil y el respeto a la integridad territorial de los Estados. Velasco reafirmó la posición de México a favor de la solución de dos Estados para el conflicto entre Israel y Palestina y del derecho de ambos pueblos a vivir en paz y dentro de fronteras seguras y reconocidas.
En el ámbito regional, defendió la cooperación latinoamericana y caribeña y reiteró la oposición de México a medidas unilaterales contra Cuba, además de señalar que el país continuará proporcionando ayuda humanitaria a su población. Con ello, la intervención buscó colocar la política exterior mexicana dentro de una visión regional que privilegia el diálogo, la cooperación y la solución diplomática de las diferencias.
El discurso cerró con una defensa clara de la independencia de la política exterior mexicana. Velasco afirmó que México no necesita adaptar su política exterior a la Carta de Naciones Unidas porque sus principios fundamentales están incorporados en la propia Constitución. Citó como referentes de esta tradición a Benito Juárez, Venustiano Carranza y Genaro Estrada, y sostuvo que para México la ley debe ser la fuerza legítima que rija las relaciones entre las naciones.
Así, desde la principal tribuna multilateral del mundo, la respuesta mexicana planteó una diferencia de fondo frente al discurso de presión estadounidense: México reconoce que existen problemas compartidos de seguridad y crimen organizado, pero sostiene que su solución requiere cooperación, inteligencia y corresponsabilidad, no subordinación ni señalamientos unilaterales. El mensaje de Velasco colocó la soberanía, el derecho internacional y la cooperación entre iguales como las líneas rojas de la relación de México con cualquier potencia, incluido Estados Unidos.

