Por: Fernando Moctezuma Ojeda – @FerMoctezumaO
A la memoria de nuestro querido y siempre admirado Pancho Garfias. Descanse en paz.
Descartar públicamente la aspiración política es uno de los rituales más antiguos del poder en México. Al término de su reciente comparecencia ante la Cámara de Diputados, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, se deslindó de cualquier «agenda paralela» o ambición de cara a la contienda presidencial de 2030. Sin embargo, en la arena política mexicana, las aclaraciones prematuras suelen producir el efecto contrario: generan más suspicacias que certezas.
Mientras en la tribuna legislativa y ante los medios se insiste en una entrega absoluta a la contención delictiva, en los pasillos del oficialismo se observa una dinámica distinta. Las conversaciones del funcionario con operadores políticos, encuestadores, mandos empresariales y figuras parlamentarias sugieren una proyección que rebasa las labores operativas de un gabinete. Paradójicamente, la centralidad de su figura parece incomodar a ciertos sectores de Palacio Nacional e influyentes núcleos del obradorismo, donde el alineamiento con agencias de seguridad estadounidenses y el acercamiento con perfiles provenientes de administraciones previas generan incomodidad ideológica.
El despliegue comunicacional contrasta con la gravedad de los expedientes bajo su responsabilidad. Las cifras acumuladas en entidades como Sinaloa —con más de 3,900 homicidios dolosos y más de 12,000 vehículos robados registrados entre septiembre de 2024 y octubre de 2026— confirman que la percepción de inseguridad ciudadana no cede ante la sola presencia de miles de efectivos militares. El anuncio de un nuevo centro penitenciario en Culiacán tras los letales choques en el penal de Mazatlán se presenta como solución de fondo, aunque persisten interrogantes sobre el presupuesto, los plazos de ejecución y los vacíos institucionales que permitieron el ingreso de armamento a los penales.
Frente a este panorama, las lecturas sobre el rol del titular de la SSPC se dividen. Para un sector del Poder Legislativo y de la opinión pública, el funcionario representa el único interlocutor técnico con capacidad operativa dentro del gabinete federal. Para otros, la sobreexposición mediática y la construcción de un perfil propio responden a una cuidada estrategia de posicionamiento rumbo a la siguiente contienda por el poder. La pregunta es si la efectividad de una política de seguridad nacional puede sostenerse cuando los resultados medibles en las regiones más convulsionadas avanzan a un ritmo distinto al de la narrativa política.
Asimismo, los hallazgos recientes que involucran la detención de elementos de la Secretaría de Marina por presunta complicidad en el tráfico ilegítimo de hidrocarburos, o las pesquisas sobre la infiltración delictiva en municipios de Michoacán, colocan en la mesa la extensión del problema. La severidad de las investigaciones pone a prueba la cohesión interna del Gabinete de Seguridad, al tiempo que abre un compás de espera sobre el alcance real de las confesiones e implicaciones políticas.
Lo que no queda claro es si el margen de maniobra del encargado de la seguridad interior será suficiente para balancear las presiones de la gobernabilidad con las fricciones inevitables del fuego amigo. Administrar la seguridad pública de un país exige una neutralidad política rigurosa; sin embargo, en un entorno donde las aspiraciones prematuras y los cálculos de facción comienzan a adelantar los tiempos electorales, la frontera entre el deber institucional y la contienda partidista se vuelve frágil.
El verdadero desafío del secretario no radica en convencer a la opinión pública de la inexistencia de una agenda futura, sino en demostrar que el aparato de seguridad es capaz de pacificar las regiones prioritarias del país antes de que la dinámica del 2030 consuma la agenda de gobierno. Porque cuando la política electoral desplaza a la estrategia policial, el costo no lo pagan las candidaturas, sino las instituciones.
APUNTES CLAVE:
PERIODISMO: El periodista Francisco Garfias, columnista de Excélsior, autor de “Arsenal”, y quien generosamente me abrió espacio en su portal El Arsenal, falleció este domingo 11 de octubre, a los 75 años, tras complicaciones de salud. Con una trayectoria en medios nacionales e internacionales, dedicó gran parte de su carrera a cubrir la política mexicana, el Congreso y los principales acontecimientos del país. Descansa en paz, querido Pancho. ¡Gracias! //IMPUNIDAD: El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, afirmó que su administración busca evitar la impunidad mediante investigaciones sólidas y procesos judiciales bien integrados. Señaló que mantiene operativos coordinados con fuerzas federales y estatales para detener a grupos delictivos, combatir la extorsión y garantizar la seguridad y el libre tránsito. //ENERGÍA: El diputado del PRI, Rubén Moreira, advirtió que México tendría reservas de gas natural para apenas tres días y alertó sobre el riesgo de una crisis eléctrica ante una posible interrupción del suministro de Estados Unidos. Señaló que la dependencia del gas importado podría afectar a hogares, empresas y la producción nacional, por lo que llamó a diversificar las fuentes de energía.
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