FRANCISCO RODRÍGUEZ

AMLO y Claudia Sheinbaum siempre recurren a hablar de complots en contra de ellos Son exageraciones, de las cuales no existen pruebas. Y a exigir ¡pruebas, pruebas, pruebas! cuando los señalamientos o acusaciones afectan a su Movimiento.

Victimizarse así es una estrategia frecuente en liderazgos populistas. Presentan a la política como una lucha entre “el pueblo” y una élite que actúa de manera coordinada, lo que además les funciona para simplificar problemas complejos.

Es más fácil atribuir un mal resultado a “los conservadores”, “los medios” o “intereses extranjeros” que explicar una combinación de errores gubernamentales, restricciones económicas e inercias institucionales.

Un enemigo común fortalece la identidad del grupo y mantiene movilizada a la base, pues desacredita a los críticos. Si periodistas, jueces, empresarios u opositores forman parte de un supuesto complot, sus argumentos pueden descartarse por sus intenciones sin responder a la evidencia. Y así, el gobernante –AMLO, Sheinbaum, incluso Donald Trump— aparece como el único capaz de defender al “pueblo” frente a fuerzas poderosas y ocultas.

Pero ¿han presentado pruebas comprobables, han identificado responsables y mecanismos concretos, y aceptarían una investigación independiente? No, por supuesto, Y sin eso, suele tratarse más de una herramienta de movilización y protección política más que de una explicación sólida.

Este reciente lunes doña Claudia empleó tiempo de la mentiñera correspondiente para difundir, ¡sin pruebas!, señalamientos públicos a partir de declaraciones de Nadia Beller contra Fernando Cerimedo, quien supuestamente quiso o quiere “reventarla”, pero no aportó hasta ahora pruebas independientes, verificables y suficientes para acreditar una operación coordinada contra ella.

Cuando existen diferencias entre versiones —sobre la frase exacta, la elección involucrada y el supuesto uso de redes digitales— lo aconsejable es evitar conclusiones categóricas.

El caso denunciado por Sheinbaum, sin pruebas, amerita una investigación transparente, sustentada en documentos, registros financieros y análisis técnicos, así como la respuesta de las personas señaladas.

Mientras esos elementos no se conozcan, lo responsable es presentar el asunto como una acusación relevante aún pendiente de corroboración, no como un complot demostrado.

Muchas notas, pero una sola fuente sustantiva

Aunque el señalamiento aparece en medios como El País, Aristegui Noticias, La Jornada, Milenio, La Silla Rota y otros, la mayoría no aporta confirmaciones independientes. Todas reproducen, directa o indirectamente, el relato de Nadia Beller, expareja ¿despechada? de Cerimedo.

La primera ocasión en la que se habló del tema fue una entrevista a la señora Beller, en agosto, con Maca Carriedo; otra posterior en Ventana al mundo, programa transmitido en el Canal Catorce, convertido en órgano propagandístico del reinecito de Cuarta… y, finalmente, un fragmento de esta última reproducido por Sheinbaum en su conferencia de hace unos días.

Esto crea una apariencia de corroboración múltiple, pero en realidad existe una fuente testimonial repetida por numerosos medios.

Pero, además, las publicaciones no coinciden en el objeto de la expresión. La Jornada atribuye a Beller: “iba a reventar la elección” o “las elecciones”. El País presenta el supuesto objetivo como “reventar a la presidenta”. En otras versiones aparece “la voy a reventar en las elecciones”.

Las frases pueden transmitir una intención política parecida, pero no significan exactamente lo mismo. Una alude a alterar un proceso electoral; otra, a perjudicar políticamente a una persona. Los titulares tienden a fusionarlas y aumentar su fuerza dramática.

¿De cuál elección parlotean? ¿2027? ¿2030?

Pero ¿cuál elección estaría en riesgo? Hay al menos tres interpretaciones:

La Jornada relaciona el comentario con las elecciones intermedias de 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados y habrá comicios locales.

Proceso coloca la preocupación gubernamental principalmente en las elecciones presidenciales de 2030.

El País también plantea 2030 e incluso especula sobre unas hipotéticas elecciones anticipadas.

Beller no precisa públicamente el año ni el proceso. Por ello, atribuir el plan específicamente a 2027 o 2030 es una inferencia periodística, no un dato establecido por su testimonio.

La hipótesis de elecciones anticipadas es particularmente débil: México no cuenta con un mecanismo ordinario para adelantar una elección presidencial porque un adversario quiera “sacar” a la mandataria. La frase puede referirse simplemente a erosionar su gobierno o derrotar electoralmente a Morena.

Los bots y la “guerra sucia” pueden estar indebidamente unidos al supuesto plan, del cual Sheinbaum carece de pruebas.

Beller por su parte describe prácticas como el empleo de granjas de bots; compra de influenciadores; coordinación de tendencias; distorsión del debate público; y “fraudes cognitivos”.

Pero en el fragmento difundido no queda demostrado que Cerimedo le haya dicho a Beller: “usaré estas herramientas concretamente contra Sheinbaum”. Parte del relato parece describir de manera general cómo operarían determinadas redes políticas.

Pero la inquilina de AMLO en Palacio Nacional enlaza esa descripción con el supuesto interés electoral de Cerimedo, y varios medios convierten la asociación en un plan operativo concreto. La diferencia es importante:

En su mentiñera no mostró contratos, cuentas identificadas, instrucciones, pagos ni análisis forenses que unan esas técnicas con una operación mexicana específica.

Milenio, de plano, se vuela la barda. Comete un error temporal en su cobertura de este supuesto complot: Sostiene que la intención era utilizar bots “para que Sheinbaum no llegara a la Presidencia”. Es más, no existe evidencia de que Cerimedo hubiera realizado una campaña contra su candidatura en 2024. Es tal la confusión del redactor de este diario que escribe que el supuesto complotista es español, ¡cuando en realidad es argentino!

Sheinbaum creó un “complot” de inexactitudes

Para referirse a Beller, las fuentes en las que Sheinbaum basó su señalamiento son contradictorias. Usan indistintamente “esposa”, “exesposa” y “expareja” para describir a la denunciante original. Ovaciones la presenta como esposa; El País, Aristegui y otras fuentes, como expareja. Esa diferencia no invalida sus declaraciones, pero revela imprecisión en la reproducción de datos básicos.

Estos errores deberían haber aconsejado cautela frente a otros detalles que los medios repiten sin verificación y que los asesores de doña Claudia tampoco comprobaron.

Tampoco queda clara la relación empresarial de Cerimedo con La Derecha Diario. ¿Sigue siendo socio? ¿Vendió sus acciones? ¿Fue cofundador, pero ya no está vinculado? ¿Conserva influencia informal?

Beller afirma que vendió su participación; Sheinbaum ha cuestionado el deslinde, y algunos medios siguen llamándolo socio en presente. Para resolverlo harían falta registros corporativos y fechas de transmisión de acciones, no declaraciones contrapuestas.

En cuanto al contexto judicial de Cerimedo, varias notas dicen que fue detenido “por intento de feminicidio” o que contrató sicarios. La formulación jurídicamente más cuidadosa sería que fue detenido o investigado por su presunta participación, salvo que ya exista sentencia firme.

El contexto judicial es relevante para valorar el conflicto entre Cerimedo y Beller, pero no demuestra por sí mismo la acusación electoral. Tampoco debe utilizarse para concluir que todo lo afirmado por Beller es verdadero o falso.

Pero, todavía peor, Canal Catorce y Palacio Nacional no son fuentes independientes entre sí. La entrevista más difundida procede de este medio oficial, integrante del sistema público de radiodifusión, y luego fue seleccionada y exhibida por la propia Presidencia. Esto no vuelve falso el contenido, pero sí exige distinguir entre el testimonio original de Beller; la selección editorial del canal público; la interpretación política que Sheinbaum hace del fragmento, y la reproducción posterior en medios.

La frase de doña Claudia “no lo digo yo” puede inducir a pensar que se trata de una corroboración externa completamente independiente, cuando en realidad el gobiernito es el que elige, presenta y encuadra un testimonio coincidente con una narrativa que ya sostenía.

Falta la versión de la contraparte central

En las fuentes revisadas no aparece una respuesta detallada de Cerimedo sobre estas afirmaciones concretas: ¿habló de un candidato mexicano?; ¿a qué elección se habría referido?; ¿tiene clientes, contratos o financiamiento en México?; ¿planea campañas automatizadas?; ¿qué vínculo conserva con La Derecha Diario?

La ausencia de respuesta no refuta el testimonio, pero impide considerar el contraste periodístico completo y, todavía más, el señalamiento que Sheinbaum hiciera en su mentiñera.

Las fuentes, pues, corroboran la existencia de una acusación reiterada, no la existencia de un complot comprobado.

Además, algunas coberturas mezclan citas distintas, trasladan afirmaciones generales sobre bots a un supuesto plan específico, confunden la elección de 2027 con la sucesión de 2030 y, en al menos un caso, alteran la cronología al hablar de impedir que Sheinbaum llegara al poder.

Pero aun así, Claudia empleó todas estas confusiones para victimizarse, sin la existencia de –como ella exige– ¡pruebas, pruebas, pruebas!

También citándola habrá que decirle ¡que presente su denuncia!

Indicios

Las declaraciones de Beller se produjeron mientras Cerimedo permanece detenido en Bolivia, donde enfrenta una investigación por el ataque a tiros que ella sufrió el pasado 17 de agosto en Santa Cruz de la Sierra. La abogada sobrevivió a la agresión y ha señalado públicamente a su expareja como responsable. Las autoridades bolivianas investigan el caso y Cerimedo ha negado haber participado en el ataque. * * * Por hoy es todo. Para usted, como siempre, mi reconocimiento por la atención que se haya servido prestar a este Índice Político y, como siempre, mis sinceros deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!