Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El Banco de México lanzó las malas noticias y marcó la línea de que, más allá de los discursos y las esperanzas de crecimiento, este será un muy mal año para el país.

El BM nos puso de frente a la realidad y fue un poco más allá. Este año, con suerte, creceremos algo más de un 1%, con el riesgo enorme de que la realidad sea más severa y nos deje por debajo del 1%. Y ese escenario, esta semana se discutirá y aprobará, el presupuesto de egresos para el año entrante.

Más allá de los impresionantes montos de dinero que se manejarán a lo largo del 2014 y de si los niveles de endeudamientos son deseables o no, la parte crítica del presupuesto que tendrá que estar listo por ley a más tardar el día 15 del presente, tendría que ser si puede llevarnos a recobrar la ruta del crecimiento real.

Los anuncios del Banca de México establecen que para el año próximo, con las reformas en la mano, podríamos esperar un crecimiento del PIB de como mínimo, un 3.5%, lo cual en el mejor de los casos, sería insuficiente ante los reclamos nacionales.

Por ello, al debate en torno al presupuesto tiene que estar dirigido a la forma en que se realizará el gasto y, más importante, con qué objetivos. Dicho de otra manera, si lo que se requiere son empleos y combatir la pobreza, ¿cuáles serán los programas que se realizarán para aliviar esa situación?

Para nadie es un secreto que la situación económica dista de ser la mejor.

El país se encuentra muy cerca, dentro dicen muchos, de una recesión que puede ser muy complicada de abandonar.

Para ello, se ha dicho, se realizan las reformas. Y por ello, el presupuesto para el año próximo tendría que verse como parte de los programas contracíclicos.

Y si ello es así, habría que esperar que el gasto del 2014 tenga un desarrollo importante en lo que es la infraestructura en todas sus posibilidades.

Es obvio que es aquí en donde harán su aparición las diferentes formas de interpretar la crisis y las posibles respuestas.

Pero también lo es que, con el anuncio del Banco de México en la mano, hay medidas que se sabe, no funcionan, por lo que lo que urge es saber qué tipo de ajustes se realizarán en el accionar económico el país.

Al inicio de la actual administración, se buscó con todo, el déficit cero como meta final del proyecto económico.

Cuando se entendió que la estrategia no rendía frutos, se determinó para la parte final del año, aceptar la línea del endeudamiento.

Parte por el fracaso del proyecto inicial, parte por la necesidad de evitar que la caída en el PIB fuera tan grande que anulara incluso, muchas de las posibilidades para el año próximo.

Pero esas son medidas de emergencia ante un programa fallido.

Pero también son señales de que habrá que tener mucho cuidado en lo que se programa y en lo que se pretende alcanzar para no cometer nuevos errores.

Al mismo tiempo, no debe olvidarse que en el presupuesto habrá de quedar marcada, de un u otra manera, todo lo que pueda suceder con la reforma energética, por más que mucho de esa reforma, se quiera o no, tendrá aún que debatirse hasta el año próximo.

El Banco de México nos dio ya, las malas noticias, El actual será un año perdido de muchas maneras. En campos como el empleo y pobreza, será poco o nada, lo que podrá presumirse.

Toca ahora al presupuesto para el año próximo, convencer de sus bondades y despertar esperanzas en la ciudadanía sobre el futuro.
En el entendido de que un nuevo fracaso pondría a todo el gobierno contra la pared. Justo en el momento adecuado para las oposiciones que buscarán en las elecciones del 2015 la revancha contra el PRI.