Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Algo en el accionar del PRI no se corresponde con la realidad. Los discursos de la dirigencia del partido en el poder se han dedicado casi exclusivamente, a elogiar las acciones y decisiones del gobierno federal. Y al hacerlo, la responsabilidad política se ha puesto de lado, con todo lo que ello implica con respecto a la comunicación con la sociedad.

El PRI adolece un problema de liderazgo. César Camacho no es ni con mucho, un hombre capaz de encender un auditorio a base de arengas políticas. Pero tampoco es un político que pueda encabezar una acción de gran envergadura. Su accionar como líder del Revolucionario Institucional se reduce a un triste papel de convidado de piedra en los acuerdos nacionales y, cuando se puede, a lanzar porras al presidente en lo particular y a su gobierno en lo general.

Y claro está que el partido en poder tiene la obligación de responder en apoyo al gobierno emanado de sus filas. Y por supuesto, se entiende que el rol de partido mayoritario siempre será mucho más difícil que el de partido de oposición.

Pero el PRI de César Camacho da la impresión de no ser mas que una molestia en las costillas del gobierno.

Sin embargo, no todo en el partido tricolor carece de importancia. Por mas que de alguna manera, lo que llame la atención no sea precisamente, algo positivo.

César Camacho puso en marcha hace apenas unos días, una política de fortalecimiento a las medidas de seguridad en la sede del Revolucionario Institucional.

Se demanda a todo visitante, identificación, que explique razón y objetivo de su visita. Que señale a la persona que pretende visitar y algunas cosas más. Un interrogatorio con toda la barba para poder acceder a las instalaciones del partido en el poder.

Y ello no tendría por que llamar la atención si no fuera, precisamente, el partido en el poder de quien se habla. Esto es, ¿no el objetivo del PRI es el mantener el mayor contacto con la población? ¿No se

quiere escuchar demandas, quejas y recibir apoyos y aclarar dudas?

Un partido político, supuestamente, y con mayor razón uno como el PRI, tendría que tener las puertas prácticamente abiertas para los visitantes. Es más, tendría que casi suplicar por visitas para demostrar su fuerza política.

Pero en el PRI lo que se busca es control y seguridad. Y entonces, la pregunta es obligada: ¿qué es lo que temen en el PRI?

Los priístas comandados por César Camacho ¿tienen miedo de los ciudadanos? ¿Simplemente no los quieren tener cerca como no sea a la hora de pedirles el voto?

Si ello no es así, entonces ¿qué es lo que saben en el PRI que les lleva a implementar semejantes medidas de seguridad? ¿Los grupos violentos que existen en el país han amenazado a los priístas? ¿Están ya en el Distrito Federal y los priístas simplemente buscan tener la mayor protección posible?

Si un partido político se “encierra” en su sede y todo lo que quiere es hacer discursos, ¿cómo puede ello empatarse con la realidad? ¿Cómo se le pide al cuerpo diplomático que hable de la nueva realidad nacional en el extranjero, cuando el partido en el poder simplemente fortalece su “bunker” y se aleja de la sociedad?

El mensaje ha pasado mayormente desapercibido. Pero es obvio que en la sede del PRI algo no está bien.

César Camacho nunca ha sido un líder político. Difícilmente podría ser considerado como un político de grandes alcances en el terreno ideológico. Por ello, sus acciones son las que llaman la atención.

Y si no responde políticamente ante las problemas creados por la naturaleza, y no es tomado en cuenta para el debate frente a las oposiciones, lo que queda a la vista es el temor que demuestra al elevar las medidas de seguridad en la sede partidista.

Por ello la pregunta queda en el aire: ¿por qué?