Por Norberto DE AQUINO
En el seno del PAN la felicidad se nota en todos los rincones. El horizonte es prometedor y la oportunidad para recuperar mucho del poder perdido parece estar al alcance de la mano. Después de todo, los panistas han recibido del gobierno cuanto han pedido y ahora, sólo tienen que esperar que la expectativa económica se mantenga a la baja, para que los votantes castiguen al partido en el poder. Esto es, al PRI.
Una vez asegurado el poder dentro del partido, el grupo de Gustavo Madero ha iniciado el análisis sobre las posibilidades del PAN en las elecciones federales del año próximo. Y los resultados de este primer acercamiento a los llamados “comicios intermedios” son altamente promisorios para el partido blanquiazul.
Y no es que el panismo haya trabajado mucho o que haya logrado imponer proyectos desde el Congreso que le permitan contar con la simpatía de los votantes.
La realidad dice que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha tropezado, y muy feo, con el escollo económico y que todas las expectativas creadas por aquel “nosotros sí sabemos como hacerlo”, se han venido por tierra.
Los panistas han entendido, a la perfección, que el tema económico, incluso por sobre el de la seguridad, se ha convertido en la pieza fundamental del panorama político. Y saben que los resultados en el campo del dinero simplemente no existen.
Así, desde ahora se dedican a dejar ver, en todos los foros posibles y de todas las maneras existentes, que el gobierno ha fracasado seriamente en el campo económico,
No se deja pasar oportunidad para resaltar el malestar de los hombres del dinero para con el gobierno y, por supuesto, es la reforma fiscal la clave de esta estrategia.
El gobierno ha dejado saber, en todos los tonos posibles, que no dará marcha atrás en la citada reforma. Y si bien el compromiso es no cambiar en el campo de los impuestos, también lo es que el no
se modificará la estrategia aplicada.
Y esto es lo que provoca la felicidad de los panistas. Después de todo, el que el gobierno decida mantener su confrontación con los empresarios no es más que una muy buena noticia para los partidos políticos de oposición. Especialmente el PAN.
Los panistas se encuentran tan felices que hablan ya, de un importante aumento en el número de sus diputados en San Lázaro.
Hoy en día, el PAN tiene poco más de 110 diputados federales. Y quieren tener un mínimo de 170 para la próxima Legislatura. Esto es, elevar en poco más del 50% los números existentes. Pero ese es el caso considerado como “mínimo”.
Para los números más optimistas, el PAN pretende llegar alrededor de los 200 legisladores. De lograrse esta meta, el PAN sería la primera fuerza en San Lázaro, colocando a los priístas en una posición por demás incómoda. Cualquier negociación entre la izquierda y el panismo, colocaría al gobierno contra la pared.
Y es fácil entender el significado de esto, con el simple análisis de lo que sería el debate en torno al presupuesto federal. El gobierno quedaría en las manos de las oposiciones, como ya sucedió alguna vez no hace muchas Legislaturas.
Y por supuesto, ello sin tocar el tema de la reforma fiscal. ¿Alguien podría dudar de lo que buscaría el PAN con los números suficientes en este caso? ¿El empresariado estaría dispuesto a negociar con el panismo cambios en una reforma que no ha dado los resultados que se prometieron?
La felicidad embarga a los panistas. Y todo el escándalo en torno a la reforma energética no es más que parte de una estrategia que ha colocado al problema fiscal como eje de la campaña federal del año próximo.

