El tema de la educación en México ha sido siempre, bandera de todos los gobiernos y ambición de la sociedad toda. Programas para mejorarla han existido desde que la Revolución se convirtió en gobierno. Y ahora, con la gran reforma educativa, las promesas de avance se han renovado. Pero la realidad, llegada desde la OCDE nos deja ver que todo lo anterior, cierto o medianamente cierto, no será nunca, suficiente.
Y la razón que esgrime la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico es sencilla. México es un país que no paga la capacidad.
Por supuesto, la OCDE lo dice de otra manera. Hay mayor empleo para quienes no tiene la capacidad, que para quienes alcanzan la meta del estudio total y la capacitación debida.
Así, el primer resultado de este comentario es que, a querer o no, la reforma realizada por el actual gobierno en materia de educación no es suficiente. Y no lo es por la simple y sencilla razón de que es incompleta.
Si no hay empleo para quienes se educan ahora, no lo habrá en el futuro. Y cuando exista, será a base de ingresos insuficiente, debida al aumento de la oferta de mano de obra.
Después, queda claro que el problema radica en buena medida, en la estructura económica. Esto es, en el hecho de que en México los patrones prefieren tener empleados que aprenderán al paso del tiempo en el desempeño de sus funciones, que elementos capacitados adecuadamente. Y ello por que es la forma de pagar menor. Esto es, el sector privado prefiere no invertir en todo lo que es desarrollo.
Y como gran casualidad, el anuncio de la OCDE aparece justo en el momento en el que el gobierno de Enrique Peña se lanza en una nueva cruzada contra la informalidad. Y a querer o no, entra en una confrontación con todos aquellos que, dentro de la formalidad, pagan impuestos, respetan horarios y sufren el bajo ingreso.
Los dichos de la OCDE ponen en la mesa de las discusiones una realidad a la que el gobierno actual
y todos los anteriores, le han dado la vuelta.
La reforma educativa llena discursos y brinda popularidad. Pero no resuelve de fondo el problema que no es otro que el de la estructura económica que rige en el país.
La realidad, lo diga la OCDE o lo calle el gobierno, es que el modelo económico no resuelve el problema. Lo agudiza. Y ese es el debate que no se quiere enfrentar.
El gobierno quiere acabar con la informalidad. Ofrece estímulos fiscales y servicios sociales para todos los que decidan dar un paso hacia adelante y sumarse a la informalidad. Pero se olvida que todos los informales salieron de la formalidad por las malas condiciones laborales o por el hecho de que nunca encontraron un empleo adecuado.
Así, la pregunta es ¿en dónde están todos los empleos que se requieren para que los informales decidan abandonar sus actuales trincheras? ¿Alcanza la promesa de la seguridad social para que se abandone una posición que se ha convertido en algo más que una forma de vida?
La OCDE le ha puesto el cascabel al gato. La realidad es que nuestro país no puede enfrentar el arribo de los jóvenes capacitados al mercado laboral. La verdad es que el país ha perdido el talento de una enorme cantidad de jóvenes que terminaron sus estudios y que se convirtieron en “ninis” debido a la incapacidad del mercado para darles ocupación.
La realidad es que los empleadores prefieren tener gente con menos preparación ante que tener que pagar bien. Lo que importa es el nivel de las ganancias, no otra cosa.
Y en ese terreno no se hace nada. Vamos, ni siquiera como broma, se ha pensado en una reforma que realmente modernice al mercado laboral mexicano.
Seguiremos siendo ejemplo en la OCDE. Ejemplo de lo que no se debe hacer.


