norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Experto como es en el arte de no hacer nada y tratar de pagar costos por debajo de su actuación, Miguel Angel Mancera enfrenta ahora la necesidad no sólo se mantener el control político de la ciudad de México, sino de recuperar algo del mucho terreno que ha perdido en los primeros dos años de su gestión.

Para el titular del gobierno del Distrito Federal el escenario no se muestra alentador. Carente de un programa que atraiga a los capitalinos y arrinconado por la lucha de los muchos grupos que le dieron su apoyo para alcanzar, el señor Mancera hace frente una severa caída en las encuestas. Y ello no es sólo una alerta política normal en cualquier equipo político. Es un aviso de que su dependencia para con las tribus dentro del PRD podría simplemente, convertirse en algo muy peligroso para su futuro.

Mancera quiere apostar al futuro. Ha buscado “flotar” ante los muchos problemas de la capital y no ha intentado resolver ninguno de los conflictos realmente serios.

Ha dejado que las cosas caminen sin control, con la esperanza de que la “normalidad” de la ciudad no se altere demasiado.

Así, nada se hace en materia de transporte, por ejemplo. Se deja a los capitalinos solucionar el conflicto del diario acontecer y se intenta dar la apariencia de que las cosas marchan mejor que en el pasado.

Pero la realidad es otra. Los temas de la inseguridad y la corrupción llegaron ya a los puntos más importantes del gobierno capitalino Y a ello tendrá que añadirse la batalla que por el poder se libra dentro del Partido de la Revolución Democrática.

Mancera no puede aceptar que MORENA, de López Obrador, avance en el DF. Pero para impedir que ello suceda, tendría que respaldar con todo, al grupo perredista que con el caso Iguala ha quedado señalado como corrupto y ligado al narcotráfico.

La tercera opción para Mancera sería entonces, entregar al PRI las posiciones que no puedan

mantener bajo su control. La alianza con el gobierno federal es sencilla y ha funcionado en diversos momentos y niveles.

Pero esta situación convertiría a Mancera en un “entreguista” y “colaboracionista”. Y a final de cuentas, ello podría simplemente, dejarlo fuera de la lucha por la candidatura presidencial de la izquierda.

Mancera así, tiene que resolver el futuro de las decisiones políticas. Pero además, tendrá que hacer frente a la evidente ola de corrupción que existe en su gobierno y que está a punto de hacer estallar muchas cosas en la ciudad de México.

Mancera ha sido “discreto” en los primeros dos años de su gestión. No ha dado paso para hacer frente a la corrupción en ningún momento. Y ha dejado que la inseguridad aumente, siempre con la idea de que los problemas en el EDOMEX, Morelos y Michoacán, le ayuden con aquello de que el combate federal a la inseguridad, ha provocado efectos negativos en el DF.

Pero el tiempo se ha vencido.

Hoy viernes, Mancera arribará al inicio de su tercer año. Y lo hará con una dramática caída en los niveles de aceptación ciudadana y con todos los expedientes abiertos y las promesas incumplidas.

El Metro es aún un verdadero desastre, y las promesas para mejorar el servicio se han olvidado. La vialidad es peor cada día.

Pero es la seguridad la que ahoga la imagen de Mancera. Y la corrupción de sus aliados es la que le ata las manos.

Los problemas federales y las constantes luchas del gobierno de Enrique Peña Nieto han servido como escudo protector para que el fracaso de Mancera se note menos. Pero a partir de esta semana, las cosas cambiarán drásticamente.

El efecto de los problemas nacionales que distrae la atención sobre lo que sucede en el DF puede no acabarse pronto. Pero es incuestionablemente que si la imagen del señor Mancera se ha venido por tierra de una manera impresionante, sin que se le ponga atención, al momento en que los problemas de la capital se discutan abiertamente, el panorama serpa más complicado. Y ello sucederá en las elecciones del año próximo. Por ello mancera tiene que decidir con quiénes viajará en el proceso.

Y de su elección dependerán muchas cosas. Y no sólo el futuro político del titular del gobierno del Distrito Federal.