norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Mañana arrancará en Suiza, el foro económico de Davos. El famoso Club de los Ricos reunirá a representantes del mundo para debatir la nada sencilla situación económica mundial. Y en esta ocasión, México decidió participar como gobierno y no como el país cuyo presidente todo lo sabe y todo lo puede.

México no tendrá al presidente Enrique Peña Nieto como eje de todo lo que sucede en el foro con relación a nuestro país. Y ello puede entender bajo las condiciones simples, pero muy serias, de los escándalos y violencia que en estos momentos, sacuden al gobierno federal.

Tampoco estará presente el titular de Hacienda y aún cuando ello llama la atención, podría encontrarse en el caso de la casa de Malinalco el argumento, o uno de ellos, para la ausencia.

De esta manera, la delegación mexicana quedará encabeza por Ildefonso Guajardo, titular de Economía, por más que para buena parte de los conocedores, el eje del equipo nacional quedará en manos de Pedro Joaquín Coldwell, titular de Energía, y de Emilio Lozoya, director de PEMEX. Y como gran soporte del grupo estará presente Agustín Carstens, gobernador del Banco de México.

En este marco, es evidente que el gobierno mexicano intenta llevar a Davos una nueva estrategia en la que dejar de lado los escándalos y la violencia es fundamental, al tiempo que se trabaja en todo lo que será el debate en torno a la energía.

México enfrenta en estos momentos, como todos los demás, la crisis de los precios del petróleo, lo que obliga a un debate en el que se encuentre una respuesta al nuevo contexto económico, en el que la situación petrolera resulta vital.

Para México el problema no es sencillo.

Además de la caída en el precio del crudo, hay una creciente línea de inversiones, fuertes y decididas, en todo lo que es en el sector de la energía renovable. Dicho de otra manera, al gobierno

mexicano le preocupa que ante la caída en el mercado petrolero, que afecta a países e inversionistas, se sume la pérdida de interés en las reformas realizadas y que las inversiones no sean todo lo cuantiosas que se calcularon.

Así, queda a la vista que el interés mexicano es enfrentar esa posibilidad con los encargados de las instituciones del sector. Hablar del petróleo y despertar el interés en la reforma energética son el objetivo central de la estrategia mexicana.

No es necesario un gran estudio para entender que el gobierno mexicano quiere reencontrarse con las inversiones y que para ello intentará restaurar la confianza y estabilidad que se habían conquistado en la primera parte del sexenio y que se han visto seriamente dañadas por el resurgimiento de la violencia y los escándalos como el de las “Casas Higa”.

El gobierno mexicano parece haber entendido que el llamado “Momento Mexicano” no ha logrado mantener el paso y que después de la aprobación de la primera parte de las reformas, lo que urge es llevar a la realidad el marco legal secundario.

Y a eso parecen encaminarse los esfuerzos de la delegación nacional en Davos.

Por supuesto, el resultado no dependerá de los discursos y las presentaciones y explicaciones que se registren. En el mundo esperarán mucho más.

La reforma energética requiere del soporte para despegar. Y la situación internacional no es la mejor. Pero el escenario interno tampoco ayuda.

Y la primera parte de lo que parece ser la nueva estrategia del gobierno, se pondrá en marcha en Davos.

Y no pasará mucho tiempo antes de que se conozca si los objetivos planteados fueron alcanzados.