Francisco Garfias

 

Es una vergüenza el silencio cómplice de la izquierda con Nicolás Maduro. ¿Dónde quedó la vocación antirepresiva que otrora la caracterizaba? Es la pregunta.

Van 120 muertos —y contando— en las protestas callejeras en distintas poblaciones de Venezuela. La brutalidad de los militares y la policía “bolivariana” la vemos cotidianamente en las violentas escenas que se transmiten por televisión.

López Obrador, líder de la izquierda mexicana, favorito en las preferencias electorales para el 18, no ha tocado a Maduro “ni con el pétalo de una palabra”, como dice Marco Adame, secretario de Relaciones Exteriores del PAN.

No es sólo él. El tenaz y respetado Cuauhtémoc Cárdenas, apóstol de la lucha contra la dictablanda en México —el copyright es de Mario Vargas Llosa— adhirió su firma a un desplegado que critica la activa postura de la SRE en contra de Maduro por decisiones que rayan en lo dictatorial, como la imposición del Constituyente.

No recuerdo, tampoco, una condena contundente en el PRD. Apenas por allí algún comentario de Jesús Zambrano.

Es falso que México no haya intervenido en conflictos provocados por dictadores, como lo recordó Jorge Castañeda en una espléndida columna publicada en El Financiero.  Lo hizo en Chile, contra Pinochet; en El Salvador, con la declaración franco-mexicana que reconoció a la guerrilla como fuerza representativa; lo hizo en Sudáfrica, con el Apartheid; lo hizo al abrir las puertas a los republicanos españoles que huían de Franco.

Siempre he sentido gran respeto por el trabajo de La Jornada. Es un periódico donde he tenido y tengo amigos. Pero ayer me quedé impactado. Nomás no me entra en la cabeza que su nota principal haya avalado las cifras de Maduro sobre la elección de la Asamblea espuria que pretende reemplazar a la Asamblea Nacional: “Ocho millones de Venezolanos avalan la Constituyente…”.

Sin hacer a un lado ese respeto por el periódico que ha sido referente de la izquierda, confieso que no entiendo esa decisión editorial. ¿Se les habrá olvidado que cuando empezaron a circular no había espacio en los medios para críticas al Presidente, la Iglesia y el Ejército, salvo excepciones?

No lo entiendo, me cae.

No hay crónica respetable que no hable de la escasa convocatoria que tuvo la elección del Constituyente, una de cuyas cabezas es la esposa de MaduroCilia Flores, o de la violencia de las fuerzas del orden.

Tampoco, entiendo que haya destacado las declaraciones de don Nicolás en las que afirma que la Constituyente llega con “gran legitimidad popular”: los 8 millones representan, el 41.5 por ciento de un padrón de 19 millones.

Le dedica, eso sí, un “balazo” en la primera plana a los diez muertos que trajeron unos comicios en los que “campeó la violencia”.

Les voy a contar mi viacrucis con AT&T. Ratifica la indefensión a la que estamos sometidos los consumidores en México y la impunidad con la que opera esa compañía de telefonía celular en la que nadie se hace responsable de los errores —o transas disfrazadas—que cometen.

Llevo cinco días con llamadas y visitas a las tiendas de esa empresa por dos motivos. Un triple cargo —dos en una tarjeta de débito de IXE por mil 130 pesos y uno con American Express por mil 131 pesos—.

La historia comienza después de seis días en Cartagena, Colombia. Después de regresar a México apareció en mi dispositivo, antes de cada llamada, un mensaje de advertencia, duplicado, en el que avisan que mi crédito ha llegado a su límite por un “excedente” que nunca me supieron explicar de qué era.

En Colombia traje mi teléfono en modo avión —Ya tuve una desagradable experiencia en República Dominicana que fue resuelta, es cierto, a satisfacción—.

El mensaje de AT&T sugiere que marque *611 (atención a clientes.) Lo hice una, dos, diez veces, sin éxito. “Número no válido” escuchaba. Tenía la esperanza de arreglar el tema por teléfono. Tuve que ir a la tienda AT&T, que está en Insurgentes, cerca del Parque Hundido. Fue allí donde me hundieron con los pagos.

Quise saldar el “excedente” con AMEX. “No pasó”, me dijeron. El chavo que me recibió, de nombre Michel, llamó a un número interno. Me pasó la bocina, una voz masculina atendió. Alcance a captar su apellido: Gutiérrez. Con voz de fastidio repitió que la tarjeta fue declinada. Saque entonces la de IXE. Michel la pasó un par de veces por la terminal. “También fue declinada”, dijo.

Extrañado llamé a AMEX. Pregunté el motivo por el que mi tarjeta no pasaba. Cuál fue mi sorpresa al escuchar: “No tenemos ningún intento de AT&T. Debe ser el sistema de ellos”. Michel escuchó en el altavoz esa conversación. Pidió lo acompañara a otra terminal. La operación fue exitosa.

Al día siguiente revisé por internet mis estados de cuenta. Allí estaban los dos cargos en IXE y el de AMEX. Un total de tres mil 391 pesos por un supuesto “excedente” de  mil 131 pesos, generado una semana después de pagar dos mil 328 pesos, cargados a la tarjeta de American el 20 de julio.

Ese día llamé a un teléfono que me proporcionaron en la tienda de AT&T. Me atendió Denise Álvarez. Le expliqué la historia. Me dio un correo np581s@att.comy colgó con la promesa de que me llamaría en 30 minutos. No lo hizo. Volví a marcar. Me pasaron a un tal Félix Gaxiola. Me dio el avión y todo siguió igual. El domingo repetí la historia en la tienda de Patriotismo. Mejor trato, pero cero resultados.

Al día de hoy ni me han reembolsado los cargos, ni han retirado la advertencia.

AT&T es la empresa que acumula mayores quejas, según el titular de la Profeco, Ernesto Nemer. Lo que el funcionario debería de explicarnos es qué medidas se han tomado para que no se repitan los abusos.