Francisco Garfias

 

Ricardo Monreal culpa al “círculo cercano” de López Obrador de haber metido mano en la amañada encuesta que puso a Claudia Sheinbaum a las puertas de la candidatura de Morena a la Jefatura de Gobierno de la CDMX.

Al delegado en la Cuauhtémoc lo mandaron hasta el tercero o cuarto lugar para impedir que ejerciera el derecho de pataleo. Salió de cabús, a pesar de que 17 de 20 encuestas que se hicieron previamente lo daban ganador.

Ricardo lo quisieron aplacar con una senaduría. Ya la rechazó. Tiene la carta. Dice que ahora se la ofrecieron a Martí Batres. No va solo. Hay una terna que completan Gerardo Fernández Noroña, quien ya volvió al redil obradorista, y el exprocurador capitalino Bernardo Bátiz.

Habrá otra “encuesta” para definirlo.

  •  De entrada, nos dice: “No soy Martí ni Claudia. Yo sí tengo estructura. Subestiman que Monreal es un referente nacional. En todo el país hay amigos que llevé a Morena”, recuerda durante la charla en sus oficinas de jefe delegacional.

Añade: “Creyeron que Monreal se iba a subordinar. No le midieron”. El hombre ve una crisis. La primera de Morena. “Fue ocasionada por la opacidad y la parcialidad. Pero la historia aún no concluye”, advierte.

La gran incógnita es si Monreal se va o se queda en Morena después de conocer los resultados de una encuesta organizada para simular el dedazo de Andrés.

Ricardo nos adelanta que hoy por la tarde, “a las cinco o seis”, irán a la explanada de la delegación Cuauhtémoc consejeros amigos de Morena. “Habrá anuncios”, subraya.

Sabemos que al zacatecano se le han acercado de todos los partidos para pedirle que encabece el Frente Amplio en la Ciudad de México. Ya ha hablado con gente del PRD, MC, PAN, PRI, PRD, PES y PT.

Aquí adelantamos una atrevida hipótesis: la elección del próximo jefe de Gobierno podría ser entre sólo dos candidatos: Claudia Sheinbaum y Ricardo Monreal.

El delegado no esconde su frustración, su enojo, su decepción. No esperaba ese trato después de 20 años de andar con López Obrador, de serle leal. No ha hablado con El Peje desde hace seis semanas.

“Triunfó la intriga palaciega del círculo cercano de AMLO”, asevera.

¿Quién conforma el círculo cercano? ¿Quién es el amor filial?, preguntamos.

Monreal no lo dice. Se cuida de hacerlo. Sabemos, sin embargo, que el operador principal de Claudia es el propio hijo de Andrés Manuel López Obrador.

  •  Está claro que el PRI quiere meter con calzador a Raúl Cervantes en la Fiscalía General. Pero pase automático o no, el actual procurador general de la República no tiene las condiciones para ocupar el cargo.

Y no es falta de capacidad. Es su trayectoria partidista la que lo hace inviable. Ha sido dos veces diputado federal del PRI. Presidió la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores. Fue coordinador de Asuntos Jurídicos y secretario general adjunto del otrora partidazo. El cargo del fiscal es transexenal. Durará nueve años. Con el currículum de Cervantes, nadie creerá en su autonomía. Ni sus correligionarios del tricolor.

Más bien va a prevalecer el sospechosismo: le quieren tapar las espaldas a los corruptos.

  •  Ya es tiempo de que el PRI camine a ritmo de la sociedad. Si lo imponen como fiscal general quedará en entredicho la voluntad para combatir en serio la corrupción.

El esfuerzo que se hizo para construir el Sistema Nacional Anticorrupción habrá sido en vano. El presidente Peña pareció haberlo entendido. Envió al Senado una iniciativa para eliminar el pase automático del titular de la PGR a la Fiscalía.

Quería aplacar las protestas que provocó el transitorio que perfila a Cervantes al cargo.

Inexplicablemente se atoró en comisiones. ¿Quién la detuvo? Francamente no veo a Emilio Gamboa, coordinador de los senadores del otrora partidazo, jugándole las contras al primer mandatario.

Más bien parece que la contraorden, por llamarla de algún modo, viene de Los Pinos.

  •  Al PRI le hacen falta tres votos en el Senado para hacer fiscal a Raúl. En la pasada Legislatura se votó el pase automático con las reformas. El dictamen ya pasó por San Lázaro.

Lo que hay en la Cámara alta es una minuta. Si la aprueba el Senado, pasará lo inadmisible: el fiscal Raúl Cervantes.

¿Cuál autonomía?

Fernando Herrera, coordinador de la bancada del PAN en el Senado, dice que el tricolor va por el voto de los senadores independientes a favor del pase automático.

Pero lo más preocupante es que hay senadores del azul que ven con buenos ojos a Raúl Cervantes.

Uno que ya hizo pública su simpatía por el actual procurador es Javier Lozano. Apenas ayer se reincorporó al Senado. ¿Sería para ayudar a Cervantes? Es pregunta.

“Es una torpeza estarle pegue y pegue al procurador general de la República, cuando lo que necesitamos es un procurador fuerte, sea quien sea”, dijo el poblano.

Roberto Gil lo incluyen en ese paquete. Álvaro Delgado, reportero de Proceso, le preguntó sobre el tema. El senador del PAN evadió: “No es sí Cervantes o no Cervantes. Lo que importa es el modelo de la fiscalía. El modelo debe ser que la PGR muera con el viejo sistema y que la fiscalía nazca de cero”.

Otro panista que apoya a Raúl es el gobernador de Durango, José Rosas Aispuro. El expriista dice que Cervantes tiene criterio y sensibilidad para ocupar el cargo.

No sabemos quién más en el PAN respalde al procurador. No hay muchos más. Lo que sí hay es una resolución de la Comisión Permanente del partido que ordena ir en contra del pase automático. La avaló el mismísimo Felipe Calderón.

No creemos que haya más panistas que se atrevan a completarle los números al PRI. Pero si lo hacen, la historia los juzgará.