La mejora en la perspectiva de la calificación soberana de México refleja que en los próximos 12 a 18 meses no habrá cambios abruptos en las políticas públicas, ni en las tendencias económicas y fiscales del país, gane quien gane la elección presidencial de julio, expuso Moody’s.

El analista soberano para México de Moody’s, Jaime Reusche, destacó que el cambio que hizo este miércoles la agencia en la perspectiva de la nota soberana de México, de negativa a estable, y la afirmación la calificación en A3, también reconoce el manejo fiscal prudente y la resistencia que ha tenido la economía mexicana a los choques que ha enfrentado.

Así, sea cual sea el candidato presidencial o el gobierno que entre a partir del 1 de diciembre de este año, tendrá un punto de partida muy favorable, incluso con cierto margen o espacio fiscal para incrementar el gasto, aunque muy limitado, explicó el directivo en conferencia telefónica desde Nueva York.

No obstante, aclaró, si llegara a haber un giro abrupto en las políticas públicas, o un manejo imprudente o irresponsable de las finanzas públicas o de la economía, sí habría presiones para que Moody’s pudiera cambiar a la baja la calificación soberana de México.

A dos meses y medio de que se lleven a cabo las elecciones federales en México, Reusche consideró que “es muy temprano para vislumbrar quién va a ganar” la carrera presidencial, pero lo que sí es evidente es que la economía ha aguantado los choques.

“El ciudadano de a pie tal vez no se da cuenta de lo resistente que ha sido la economía mexicana por el hecho de que no se ha sentido mucho de la volatilidad y de los golpes con los que se le ha pegado, por el hecho de que es una economía que ha resistido, y el manejo macro-fiscal ha sido muy prudente ante estos choques”, subrayó.

Comparó que en episodios de volatilidad anteriores, como los causados por las crisis de 2001 y 2009, la economía mexicana se contraía, lo que no ha ocurrido en los últimos cuatro años y sigue creciendo, si bien ligeramente por debajo de su promedio histórico de los últimos 10 o 15 años.

Destacó que esto habla de cierto nivel de resistencia de la economía mexicana, la cual estima Moody’s crecerá alrededor de 2.0 por ciento este año, ante la incertidumbre generada por la renegociación del TLCAN y el proceso electoral, pero luego se acelerará a entre 2.5 y 3.0 por ciento, más en línea con su tendencia de largo plazo.

“Esto contribuye a que el candidato o al gobierno que entre y que asuma a partir del 1 de diciembre, encuentre unas cuentas fiscales muy solventes, economía que va a estar en proceso de recuperación, tal vez no creciendo a 3.0 o 4.0 por ciento como se veía antes del choque petrolero, pero igual creciendo a tasas relativamente favorables, si bien modestas”, comentó.

Apuntó que tres los factores que la víspera impulsaron un cambio a estable en la perspectiva de las calificaciones de México por parte de Moody’s son menores riesgos derivados de la actual renegociación del TLCAN.

Asimismo, porque las reforma estructurales adoptadas en 2013 han aumentado la resistencia de la economía mexicana a choques, y la baja probabilidad de que la siguiente administración, a través de un cambio brusco en la política, debilite las tendencias económicas y fiscales.

El analista soberano para México de Moody’s, comentó que es posible que una nueva administración trate de cambiar las políticas públicas o de dar un giro ante el foco de atención de las políticas públicas.

Sin embargo, destacó que en México existe un marco institucional relativamente sólido, un banco central independiente, reglas fiscales, un proceso democrático con un Congreso que tratará de darle un contrapeso a cualquier gobierno para mantener las tendencias favorables en la economía y las cuentas fiscales.

Para Moody’s, precisó, revertir las reformas estructurales en México implicaría la posibilidad de una degradación de la calificación soberana del país, y si no se implementaran, llevaría a que reevaluara su visión sobre la nota soberana y sobre las prioridades del nuevo gobierno.

En cambio, si se continúa con la implementación de los cambios estructurales aprobados en esta administración, implicarían más progreso para el país, pues sería favorables para la inversión extranjera y para la economía, destacó.