Francisco Garfias

 

No es que Andrés Manuel López Obrador se parezca a La chimoltrufia (como dice una cosa, dice otra), sino que cayó en la cuenta de que ir abiertamente contra del NAICM; oponerse a la Ley de Seguridad Interior; hablar de amnistía a los criminales, o enfrentar a los hombres del dinero, ya no suma.

El tono moderado que ha adoptado en temas torales de la campaña, es reflejo de lo que se discute en su equipo. Las posiciones radicales retroceden. Nada de expropiaciones a empresarios que se le opongan al tabasqueño ni de agravios a los fifis.

Ese discurso de buenos y malos que le funcionó en la precampaña, la intercampaña, y en el primer tercio de la campaña, ya se agotó.

El propio Andrés anunció ayer en Veracruz que el próximo 17 de mayo se reunirá con los integrantes de la Coparmex. Planteó, igualmente, que los constructores del NAICM se vuelvan inversionistas.

El tres veces candidato presidencial tampoco quiere broncas con las Fuerzas Armadas. Su respuesta ante la pregunta sobre si derogaría la Ley de Seguridad Interior, reclamada por el Ejército y la Marina como paraguas jurídico, pero, cuestionada por activistas de derechos humanos, ya es “ni sí, ni no…”.

En sus recorridos se dio cuenta de que en las zonas azotadas por el narco, los pobladores no quieren que se vayan soldados o marinos. “Se sentirían indefensos”, reconoce.

“Así es Andrés. Primero pega y luego soba”, sintetizó Dante Delgado, exaliado de AMLO, quien lo conoce bastante bien.

  • La encuesta que dio a conocer ayer GEA-ISA, realizada después del debate, es la primera llamada de atención al puntero en las preferencias electorales.

Le da al candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia sólo cinco puntos de ventaja sobre Ricardo Anaya y nueve sobre José Antonio Meade.

AMLO captura el 29 por ciento en la intención de voto; Anaya, el 24 por ciento; Meade, el 20 por ciento; Margarita, el cuatro; y El Bronco, el 2 por ciento.

“Hay incertidumbre sobre el ganador. La contienda aún no está definida”, concluye la medición. La encuesta de GEA-ISA puso los pelos de punta a los pejistas más radicales.

Llovieron las descalificaciones, las acusaciones de “cuchareo”. No faltó quien recordara que hace seis años, esa empresa le dio a Enrique Peña 17 puntos de ventaja. Ganó por siete.

Faltan 51 días para la cita en las urnas. No hay nada para nadie.

  • El resumen sobre escenarios electorales y legislativos que distribuyó ayer Luis Carlos Ugalde, mero mero de Integralia Consultores, establece tres escenarios posibles para el primero de julio próximo:

1.- Victoria abrumadora de AMLO: Margen superior a los 8 o 10 puntos.

2.- Victoria ajustada de AMLO: margen entre 3 y 5 puntos.

3.- Derrota estrecha de AMLO: por 1-3 puntos.

En el escenario uno tendríamos un gobierno con amplia legitimidad política, pero con escasos contrapesos. “colapsa el PRD”, vaticina.

En el dos, un gobierno legítimo con mandato de cambio, pero sujeto a contrapesos legislativos. El PRI se convierte en “partido bisagra” en el Congreso, para aprobar reformas del PAN o Morena.

El escenario tres es el más preocupante:

“Nuevo gobierno con débil legitimidad, resultado de un proceso de calificación conflictivo. Protesta social y frustración en segmentos de la sociedad. Ejecutivo acotado, sujeto a negociaciones con el Congreso. Se mantiene el sistema de partidos, sin el PRD”.

  • Nos asomamos ayer al Palacio La Rochelle, en avenida Revolución, casi esquina con Ciudad Universitaria.

Teníamos curiosidad de presenciar un acto conjunto de los candidatos del Frente, el panista Ricardo Anaya, a la Presidencia; y la perredista Alejandra Barrales, a la Jefatura de Gobierno.

Era 10 de mayo. Festejaban a las madres. Salón repleto. Entusiasmo desbordante.

¡Pre-si-dente! ¡Pre-si-dente! Corearon los asistentes, cuando hizo su entrada el candidato presidencial del Frente acompañado de su esposa Carolina.

Día perfecto para reiterar anuncios.

Vimos al más joven de los candidatos presidenciales, 39 años, adaptado a los actos del amarillo. Buen manejo de escena. Aprende rápido el joven panista.

Conquistó a las festejadas que morían por acercarse, abrazarlo, sacarse la selfie. Él se dejaba querer. Repartió abrazos en uno de los costados del templete.

“¡Faltamos muchas!”, gritó otra desde su silla ubicada lejos del candidato.

Habló de igualar salarios entre hombres y mujeres cuando llegue a Los Pinos.

— ¿Les ayudan sus maridos? — preguntó.

— ¡Nooooo! —respondieron a coro, como si se hubiesen puesto de acuerdo.

  • Prometer no empobrece. Alejandra Barrales reiteró que cuando sea jefa de Gobierno, va a transferir mensualmente 2 mil 500 pesos mensuales a las “jefas” de familia. Cada una tendrá su tarjeta para que le depositen.

La locura cuando lo mencionó. “Las chilangas somos rifadas”, subrayó sonrisa en boca.

Y preguntó: ¿Saben lo que es rifadas?

La cosa no paro allí. A los estudiantes de prepa y universidades les va a dar otra tarjeta para que no les cueste el transporte.  Promesas que jalan votos.

Conquistar el voto femenino es conveniente. “El 62 por ciento del padrón en la Ciudad de México son mujeres”, nos dijo al oído Raúl Flores, presidente del PRD en la capital de la República.

  • En el PRD capitalino vieron con buenos ojos el compromiso que asumió Anaya en el programa Tercer Grado de Televisa, de no buscar al presidente Peña o a José Antonio Meade para hacer causa común frente a AMLO.

“Esa posición nos ayuda. Hay corrientes en el PRD que quieren el acuerdo con el Gobierno (Los Chuchos, otra vez.), pero la Ciudad de México es absolutamente antipriista”, nos dijo el mencionado Raúl Flores.