Francisco Garfias

 

El caso Anaya deja al descubierto los riesgos de hacer política y  negocios simultáneamente. La vigencia de la frase “un político pobre es un pobre político” —atribuida a Carlos Hank González— quedó en el siglo pasado.

En los tiempos de lo que Carlos Marín llama “priato” —en el siglo pasado—, se veía natural el enriquecimiento de los políticos.

Cada seis años había nuevos millonarios. El sexto era el de Hidalgo: “que chingue a su madre el que deje algo…”

Pero hoy la cosa es diferente. El hartazgo de la sociedad con la corrupción tiene al PRI en una coyuntura tan difícil como la del año 2000. Cualquier cosa que huela a transa es repudiada.

La presión ciudadana —y no la voluntad de tal o cual partido— ha obligado a meter exgobernadores a la cárcel: DuarteBorgeYarringtonEugenio HernándezPadrésGranier y Mario Villanueva.

No son todos los que están. Allí está el caso de César Duarte. Un pendiente…

En ese sentido, más allá de los alegatos de que el gobierno de Peña Nieto lo ataca para desacreditarlo y evitar que llegue a la Presidencia, hay oscuros en el caso Anaya, que Ricardo no ha explicado con claridad:

El papel del chofer de Barreiro en la firma de los documentos para  constituir Manhattan Master Plan  Development.

Esa empresa compró la nave industrial en Querétaro a la familia de Anaya en 54 millones de pesos. El chofer firmó su constitución por hacerle un favor a su jefe, según confeso.

¿No sabía Anaya que el testaferro era el chofer de Manuel Barreiro?

Ricardo no ha precisado cuáles son sus verdaderas relaciones con el empresario queretano. Tampoco ha hablado de la ruta que siguió ese dinero por distintos paraísos fiscales. ¿Lo sabía?

Ayer dijo contundente que no conoce a Juan, hermano de Manuel, al que vimos en un video mientras hablaba con una mujer argentina sobre el supuesto financiamiento ilegal de la campaña del abanderado del Frente.

El argumento central de su defensa es que se trata de una estrategia del gobierno de Peña pactada con AMLO.

López Obrador ya les contestó. Dice que no hace pactos en lo oscurito. Y más:

“El que no quiera ver visiones, que no salga de noche, si están en malos pasos, sobre todo, si se metieron a hacer negocios, si están manchados de corrupción pues, en campaña sale todo, todo…”

  • El abanderado del Frente reaccionó con enojo a la publicación del último video sobre el presunto financiamiento ilegal de su campaña. El mensaje que subió a redes se produjo poco después de que comenzó a circular el video de Juan Barreiro.

A juicio nuestro, le faltó sangre fría. Sobraron los calificativos, las amenazas, el hígado.

Otra vez repitió que, cuando sea Presidente —lo que, honestamente, se ve muy difícil—, se encargará de que Peña Nieto enfrente la justicia y, de resultar culpable, vaya a la cárcel.

Segundos antes, ya lo había condenado al recordar que en la Ibero dijo que Peña“es un corrupto”.

El abanderado del Frente afirma que lo atacan porque “denunció” el pacto EPN-AMLO y porque es el único que le puede ganar al tabasqueño.

Ese pacto tendría dos vertientes: el apoyo del Presidente que se va a el candidato de Morena, a cambio de impunidad para él en el sexenio que viene.

¿Usted ve a López Obrador en esas componendas?

  • Las reacciones están divididas. Una de ellas me llamó la atención poderosamente: la de Jorge Castañeda, coordinador de estrategia de la campaña de Anaya.

En un artículo publicado en nacion321.com bajo el título de Pacto de ArdidosEl Güero escribe:

“No existe ninguna señal de que Peña Nieto recorra el camino de Calderón, y de Fox: No se propone cerrarle el paso a AMLO, como lo sugirieron empresarios, políticos, intelectuales, inversionistas, de manera directa o indirecta”.

Me pregunto: ¿y eso está mal?

El panista Ernesto Cordero, presidente de la Mesa Directiva del Senado, escribió un tuit en el que apunta:

“En Acción Nacional hay panistas honestos y deshonestos, @RicardoAnayaC es un candidato deshonesto y habemos militantes que no podemos apoyarlo”.

El legendario Jefe Diego, asesor jurídico de la coalición Por México al Frente, por el contrario, asegura que todo es un ardid para pegarle a Ricardo Anaya, y punto.

La reacción que más me sorprendió es la de mi respetado amigo Fernando Belaunzarán. Se fue contra la prensa que no se ha casado con la versión de Anaya. En otras palabras, generalizó:

“No pocos medios bailan al son de la #LeyChayote y le darán un juego que no merece. Así es el periodismo cuando depende del dinero del gobierno”.

¿Belaunzarán sugiere censurar el contenido del video porque Anaya dice que es falso? Es pregunta.

  • Luis Costa Bonino es un exasesor de López Obrador. Doctor en Ciencias Política, trabajó para François MitterrandPepe Mujica y Emmanuel Macron.

Hoy trabaja para Biram Dah Abeid, líder mundial antiesclavista, en su campaña hacia la Presidencia de Mauritania.

Este experto dice sobre las encuestas en México:

“Cuando dejen de lado el truco engañoso del ‘voto efectivo’, y muestren a casi la mitad de los mexicanos que aún no ha decidido, que rechaza la encuesta o no responde, va a quedar muy claro que la elección presidencial está muy lejos de haberse definido”.

¡Órale!, diría Brozo.