El Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) es el segundo más grande en construcción a nivel mundial, es la mayor obra de infraestructura de comunicaciones y transportes en nuestro país y será, como lo empieza a demostrar desde su fase de construcción, un potente motor de crecimiento económico de México y de bienestar de las y los mexicanos. Son múltiples los beneficios de esta obra de gran calado, entre los cuales destacan por su impacto económico, social y ambiental los siguientes:

Primero es un poderoso generador de empleos, capacitación y adiestramiento, así como un multiplicador de oportunidades en la zona del Oriente del Valle de México, región que por décadas se había mantenido con baja inversión y en condiciones de desigualdad social. Actualmente trabajan en la obra 292 empresas nacionales e internacionales, y se han generado más de 45 mil empleos directos e indirectos en la zona; este año llegarán a 70 mil. Se calcula que en toda la etapa de construcción se generaran un total de 160 mil empleos y se prevé que en su máximo desarrollo de operación alcance los 450 mil empleos. Próximamente se iniciará en la región la construcción de la Universidad del Aire.

Además, durante su construcción se han implementado acciones del Programa de Empleo Temporal dirigidas a promover la inserción laboral de la población que vive cerca del nuevo aeropuerto. El PET ha beneficiado a casi 17 mil personas de la región.

La generación de mejores condiciones de vida para las personas que habitan en la zona de influencia del NAIM, alrededor de 4 millones, implica la acción coordinada de los Gobiernos Federal y del Estado de México y las empresas constructoras, con el fin de potenciar los efectos de las políticas sociales y económicas que están en marcha. Al respecto, se han realizado 60 obras por un monto de 465 millones de pesos que favorecen mejores niveles de bienestar de las familias que habitan en los municipios aledaños, entre las que destacan obras de infraestructura como drenaje, pavimentación, edificación de espacios comunitarios, pinta de fachadas y rehabilitación de pozos. Si se habla de justicia social y de abrir oportunidades para las y los mexicanos, entonces hay que hablar de cómo concluir bien y a tiempo el Nuevo Aeropuerto.

Segundo, el NAIM es un extraordinario motor de crecimiento económico en sectores clave como el turismo, la aeronáutica, los servicios y el comercio exterior. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) el impacto total de un aeropuerto puede variar entre 1.4% y 2.5% del PIB nacional, sin tomar en cuenta el turismo, mientras que restringir la capacidad de un aeropuerto al nivel de no satisfacer la demanda puede reducir el PIB nacional entre 2.5% y 3%.

Tercero, el NAIM cuenta con un robusto esquema de financiamiento que garantiza su viabilidad a largo plazo. Lejos de ser una carga para las finanzas públicas, el plan financiero se concibió como un esquema mixto de recursos públicos y privados. Esto significa que sólo una parte menor de los recursos proviene del presupuesto gubernamental y no sólo eso: el gobierno recuperará su inversión con una tasa de retorno competitiva. El esquema de financiamiento está diseñado para que el aeropuerto sea autofinanciable. A la fecha, el financiamiento privado suma 6 mil millones de dólares colocados en dos bonos verdes que han recibido reconocimientos internacionales, a los que se suman 30 mil millones de pesos de la Fibra E, un esquema innovador que permite a los fondos de pensiones invertir en proyectos de infraestructura de largo plazo, en línea con las mejores prácticas internacionales.

Cuarto, el NAIM es un proyecto sustentable. Su Edificio Terminal, la obra más emblemática, buscará certificarse en LEED platino V4, la distinción más alta para edificios sustentables. Además, será uno de los pocos aeropuertos en el mundo en lograr una huella de carbono neutra, esto es que los contaminantes emitidos por el funcionamiento del aeropuerto se compensarán con los contaminantes que evite con su tecnología ambiental esta obra. Utilizará energías limpias para su funcionamiento, como fotoceldas para captar luz solar y transformarla en energía, captará el agua pluvial para su uso dentro de sus instalaciones y el tratamiento de aguas negras permitirá reducir hasta en 70% el consumo de agua en sus instalaciones.

La construcción del NAIM permitirá rescatar una zona que por muchos años ha vivido en condiciones de rezago social y ahora, gracias al Nuevo Aeropuerto, se va a rescatar con acciones integrales de reforestación, manejo sustentable de flora y fauna, así como recuperación y saneamiento de cuerpos de agua. En estas acciones participan, además de autoridades gubernamentales, el IPN, el Colegio de Biólogos, las universidades autónomas del Estado de México y de Chapingo, así como organizaciones de la sociedad civil y reconocidos especialistas.

Es de mencionar que las obras hidráulicas que se desarrollan junto con la construcción del NAIM evitarán inundaciones y daños materiales que en temporadas de lluvia suelen afectar a más de un millón de habitantes en la zona. Entre estas obras están 23 plantas de tratamiento de agua, canales y colectores, plantas de bombeo y nuevas lagunas de regulación. Asimismo, se reforestarán mil hectáreas en la zona aledaña al aeropuerto, actualmente 500 de éstas cuentan ya con más de 600 mil árboles.

Es momento de impulsar el progreso y el desarrollo con equidad de nuestro país. No tengo duda de que el NAIM es un instrumento privilegiado para alcanzar ese alto propósito. Cuando hablemos de un proyecto de nación, debemos hablar de obras que generen bienestar y prosperidad; obras que detonen el crecimiento económico y el empleo; obras que reflejen la visión del país que todos queremos. Y esta visión debe plantearse pensando en las próximas generaciones.

El Financiero – Opinión – Secretario de Comunicaciones y Transportes