En ese mundo donde la violencia se ha metido hasta en los huesos, fue acribillada María del Sol  junto con la candidata a segunda concejala de ese municipio de Juchitán,  Pamela Itzamaray Terán Pineda y el conductor del vehículo Adelfo Guerra.
Sara Lovera
SemMéxico. Cd. de México. 27 de junio de 2018.- Aquí, hoy, no caben los golpes de pecho, ni las lágrimas. Lo que se requieren son respuestas y acciones, claras y directas. Para María del Sol Cruz Jarquín, lo que queremos es justicia y congruencia. ¿Por qué no contesta el PRI y deja que su candidato en Juchitán siga adelante; por qué hay un silencio total del ejecutivo de Oaxaca, cuando ha quedado claro que su ex secretario de Asuntos Indígenas usó recursos públicos para la campaña de su hermano?
 
¿Por qué? las autoridades electorales no han abierto la boca frente a un delito claramente electoral. ¿Por qué? Si se habla de feminicidio, no se coloca el nombre en este artero crimen en que una joven llegó a un destino indeseado y maldito, simplemente porque quería conservar su trabajo. ¿No es esta situación, por sí misma, una evidencia de la exclusión y abuso que sufrimos las mujeres en una sociedad patriarcal y autoritaria?
 
Yo misma, ante el impacto, me quedé largos días callada, sin poder estructurar una línea en la Antígona. Porque el dolor, ese que se quedará en la conciencia, a unas las fortalece y a otras las tira y las paraliza. Cómo y en qué momento nos hemos vuelto refractarias a la indignación y al coraje para poner nombre a las cosas.
 
La maraña la explica correctamente la madre de María del Sol. Atrás de cada homicidio que no se resuelve, tras cada vida cegada por esa maraña, bien calificada, de verdadera corrupción, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, ha invadido la conciencia, aún de aquellas personas dedicadas profesionalmente a la tarea periodística y/o de  defensa de otras y otros. ¿Por qué  no hemos levantado la voz con suficiencia y efectividad?
 
Ahí está ese señor paseándose frente al mundo, se llama  Francisco Montero López quién favoreció con recursos públicos, materiales y humanos, de la Secretaría de Asuntos Indígenas a su hermano Hageo Montero López, quien este domingo sin  vergüenza, contendrá a la  presidencia  municipal de Juchitán de Zaragoza, en  Oaxaca. ¿No es esto la clara evidencia de las miserables y arteras prácticas políticas, que las autoridades no ven, no les importa, no resuelven, no hacen nada?
 
Díganme de qué sirven los discursos vacíos. La madre de María del Sol escribió ya dos cartas públicas, una a la dirigencia nacional del PRI  para que le retirara la candidatura a Montero López, por su evidente delito electoral, como se dice, “agarrado con la masa entre las manos”,  uno de tantos, de cualquier partido que por corrupto e inepto es premiado con una posibilidad de tener un puesto y usar, como el hermano, los recursos públicos a su favor.
 
Y qué decir del momento. Sin números ni estadísticas. ¿Cómo calificar nuestra situación? Una en que mexicanas y mexicanos estamos sobreviviendo en un ambiente desgarrador. La vulnerabilidad nos ha copado; la inseguridad, el temor, el dolor, se han situado en nuestro espíritu. Nuestra racionalidad está maltrecha, navegamos como zombis dentro de una maraña de angustia e inseguridad que sólo, pensábamos, sucedía en las guerras declaradas.
 
En ese mundo donde la violencia se ha metido hasta en los huesos, fue acribillada María del Sol  junto con la candidata a segunda concejala de ese municipio Pamela Itzamaray Terán Pineda y el conductor del vehículo Adelfo Guerra, la madrugada del 2 de junio. Me dirán que está en la estadística, 134 políticos y políticas, candidatos y candidatas, perdieron la vida violentamente. Lo que sucede es que María del Sol  fue víctima, como dicen, víctima indirecta que ha revelado toda la inmundicia que nos rodea.
 
Pero igualmente, como apunta la periodista, su madre, Soledad Jarquín Edgar, Premio Nacional de Periodismo, probada profesional, cuyo trabajo sobre la violencia contra las mujeres la distingue, ella en una segunda carta dirigida a las buenas conciencias, estos hechos sacaron a la luz esa otra barbaridad antihumana que nos está comiendo: el cinismo y la falta de la más elemental humanidad. No fueron capaces los responsables de avisar, no fueron capaces  de cuidar el cuerpo de María del Sol, encima le robaron sus cámaras y su computadora; la llevaron como desconocida a un sitio a la entrada de Juchitán, ni siquiera la limpiaron.
 
Es ahí donde hemos llegado. Se ha perdido lo elemental. Lo que se ha considerado como el motor de la civilización. Ante el dolor y la desgracia, la indiferencia. Sólo mueve  a la clase política el poder, uno para disponer de la vida de quienes piensan en estado de subordinación. No le temen a nada.
 
Tras cada homicidio hay seres humanos que no pueden explicarse cómo fue y por qué.  Decenas rezan o lloran; otras y otros como las madres y padres que buscan  a sus seres queridos en las fosas clandestinas; ellos y ellas que se organizan para pedir justicia y otras y otros, como una historia que conté aquí, se ocultan y no se mueven, sólo sufren y piensan en su dios y no tienen más sentimiento que el que les configura su desgracia.
 
Pero no es eso lo mejor, ni lo es esperar de ese poder, algún milagro. ¿Nunca han ido a una agencia del ministerio público?  Es tenebroso. La indiferencia es brutal, el cinismo es tremendo. Cosas atribuidas al mal gobierno, pero que han invadido el  espíritu de quienes ahí trabajan. Están francamente derrotados. No pueden ofrecer ninguna solución. Habrá que decir que hay algunas o algunos que lo intentan, pero la maraña lo impide.
 
Justicia para María del Sol Cruz Jarquín, es que sí se investigue, pero no sólo a los criminales materiales, que se pueden localizar; sino a los otros, los abusadores de este sistema. Es en su muerte respetar su historia, su trabajo, por tanto su cámara y su computadora;  su recuerdo. Nada nos devolverá su alegría y su sangre, pero sí nos pueden devolver algo de dignidad.
 
Hay algo peor, ninguno de los probables 9 ejecutivos elegidos el próximo domingo, ni uno de los presidenciables, dice la organización Por un México Seguro, atinan a enfrentar la maraña. Ninguno expresó en toda su campaña cómo atender la justicia, pero tampoco el dolor. Ninguno habló de la violencia, esa concreta, la que ha llevado a miles de madres de Ciudad Juárez a Ixtapalapa, a vivir como parias y vulnerables; ni idea tienen del contenido de  los archivos con carpetas de investigación, mal construidas, sin conmoverse por las pérdidas, sin sentido.
 
Tampoco ninguna política de género ha lanzado una cruzada de apoyo, ayuda, conmiseración al dolor. Y entre las y los defensores, de mil causas, no se  les ha ocurrido abrazar el dolor, con ese abrazo reparador, afable, cariñoso. Son como esos católicos que van a misa el domingo, dan una limosna y minutos después vuelven a su vida, como explotadores de sus trabajadores y trabajadoras o vuelven a su doble moral. Ahora firmo una petición y me regreso tranquila a dormir; voy a una reunión y protesto, o consigo firmas para una causa  y regreso a mi vida cotidiana, a armar estudios y estadísticas, a dar una conferencia.
 
Sólo unos cuantos, los hay, están haciendo verdadera compañía, dando abrazos, asistiendo a las  audiencias, buscando en la maraña, resarcir el alma herida, unas y unos cuantos son capaces de dar el siguiente paso, ahí donde se necesita. Y claro, debo contar esto también, las dolientes, esas personas que viven con inmenso dolor la pérdida, como es el caso se acompañan de ese remanente de humanidad que son  amigas y amigos sinceros, gente que también siente el dolor por el amor que le tienen. La periodista madre de Ma. del Sol Cruz Jarquín,  hasta ahora cuenta con esa riqueza. No sé por cuánto tiempo. Ya dije , aquí, hoy, no caben los golpes de pecho, ni las lágrimas. Se necesitan respuestas y acciones,  claras y directas. Justicia para María del Sol Cruz Jarquín. Sin dilación.