Los viajeros arrastran sus maletas, son cientos, más de un millar de personas que hacen fila, abarrotan el pasillo de la Terminal 1 del aeropuerto de la Ciudad de México, ansiosamente aguardan su turno, hay entusiasmo pero no para abordar su vuelo y llegar a la playa, sino para ejercer su derecho al voto.

Ahí está Cenia, en su rostro se ve la huella del desvelo y en la espalda una mochila que será su compañera en su viaje a Canadá, pero ríe, después de más de tres horas formada ha cruzado su papeleta y la ha metido en la urna, siente alegría por poder participar y antes de abordar “ayudar” a la democracia en el país.

Su pulgar se ha teñido con la mancha marrón, sabe que ha valido la pena la espera, es una de las 750 afortunadas que votarán para elegir al nuevo presidente en la casilla especial del aeropuerto, dice estar impactada por las ganas de la gente, esa multitud deseosa por votar.

“Vamos a un viaje de estudios en Toronto, llegamos al aeropuerto de la Ciudad de México desde las seis de la mañana y nos formamos a las siete, aprovechamos, como vengo con varias personas nos turnarnos en la fila para poder alcanzar a votar y dar un voto para ayudar a la democracia en el país”.

Cada vez son más lo que se suman a la fila, avanza despacio, lo mismo se juntan azafatas, pilotos y turistas, con sus maletas invaden el pasillo central que alberga los restaurantes de comida rápida, las casas de cambio y las tiendas de souvenirs que venden pequeñas partes de México a los extranjeros.

Entre la multitud, Samantha espera alcanzar una boleta, vive en Mérida y mientras hace escala en la terminal capitalina para tomar su avión rumbo a Guadalajara, confía en poder votar y que la espera habrá de valer la pena.

Asegura que lo hace porque le importa el país, que como maestra debe dar el ejemplo y votar “es básico en el lugar que estés, en las condiciones que estés, investigar y afortunadamente se nos presentó la oportunidad que la casilla estuviera aquí, decidimos ejercer nuestro voto”.

Su acompañante, Lorena, quien también es docente, entre sorbos de café y un croissant para combatir el hambre, tiene la certeza de que ejercer su derecho es fundamental, ella fue quien desde el sábado llamó al Instituto Nacional Electoral (INE) para saber dónde estaría la casilla especial, y convenció a sus amigos para que fueran.

“Creemos que es una responsabilidad y no queremos perdernos la oportunidad de tomar decisiones, aun cuando vamos a viajar, nuestro vuelo sale hasta las tres, pero sabíamos que se iban acabar las boletas y por eso venimos temprano”.

Decenas de metros atrás también se encuentra Edgar Esquetín, él va de vacaciones a Playa del Carmen con su esposa, y después de documentar su equipaje decidió votar, “es la vez que he hecho más filas en el aeropuerto”, bromea, después habrá de enfilarse para pasar los filtros de seguridad para subir al avión, pero sabe que vale la pena.

“Aprovechando que estamos aquí y que hay oportunidad, aunque esté un poco larga la fila, tenemos tiempo y vamos a ejercer nuestro derecho y cumplir con nuestra obligación”, asegura.

Cada vez la cadena humana es más grande, se empieza a correr el rumor que solo hay 750 boletas para la elección de presidente, muchos se forman con la esperanza de alcanzar una, otros se ven desilusionados, preguntan a los encargados si habrá más papeletas y ante la negativa se van lentamente arrastrando sus maletas.